Para seguir este debate, aquí los cuatro textos previos: “Salud: Focos rojos”, “Salud: Visiones desenfocadas”, “Respuesta a ‘Salud: Visiones desenfocadas’” y “Salud: ¿Hechos alternativos o visiones superficiales?”.

Ilustración: Víctor Solís

El doctor Samuel Ponce de León, en respuesta a nuestro comentario a su texto “Salud: Visiones Desenfocadas”, cae de nuevo en falsas dicotomías y confusiones conceptuales.

Empieza señalando que nosotros fabricamos un dilema de manera gratuita, cuando él ha insistido en presentar a la salud pública y a la medicina clínica como campos en conflicto. En su nuevo escrito vuelve a sugerir que existe el cosmos fantástico de las estadísticas de salud y el universo verdadero del enfermo. El hecho es que el mundo de las poblaciones es tan real como el mundo de los individuos, y necesitamos tanto de la salud pública como de la medicina clínica para entender los fenómenos de salud-enfermedad en su enorme complejidad.

Ponce de León también vuelve a señalar que la salud pública es una disciplina y que forma parte de la medicina. Tales afirmaciones revelan una confusión conceptual. La salud pública no es una disciplina, sino un campo multidisciplinario, y no forma parte de la medicina ni de su “esqueleto”, según la extraña analogía anatómica empleada por Ponce de León.

Nos acusa otra vez de querer presentar una imagen idílica de nuestro sistema de salud. Infiere que al afirmar que el sistema de salud de México está mejor que hace 36 años estamos concluyendo que se encuentra en condiciones “adecuadas”. Esto es un abuso de la lógica. Los principales indicadores de salud (de recursos, servicios y condiciones) señalan de manera contundente que el sistema mexicano de salud no se ha deteriorado en los últimos 36 años, como lo declaran las autoridades sanitarias de la actual administración. Aceptar esto no significa afirmar que estamos en una situación óptima o que no haya un enorme espacio para mejorar. Hay problemas que no hemos podido resolver y retos emergentes que han puesto en evidencia la insuficiencia de nuestra inversión en salud.

En su más reciente entrega, Ponce de León se vuelca también contra la información sanitaria del país y llega al extremo de sugerir que las estadísticas de salud no son sino invenciones de nuestros agobiados pasantes de medicina y que son los gobernadores quienes decretan, a su conveniencia, el control de brotes y epidemias. Deslumbrado por las anécdotas, no le asigna ningún mérito ni a las validaciones externas de estos datos ni a nuestro sistema de encuestas de salud, que ha mejorado de manera notable la calidad y oportunidad de la información.

Por último, Ponce de León parece creer que la calidad en el cuidado de la salud “por ahora es exclusivo (sic) del pequeño porcentaje de la población con acceso a la medicina privada”. Es una pena que declare esto quien trabajó durante años en uno de los mejores hospitales de América Latina, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, un hospital público. No hay duda de que nuestras instituciones gubernamentales deben fortalecerse para ofrecer una mejor atención, pero es una desproporción pensar que sólo en el sector privado se ofrecen servicios de alta calidad. Y al afirmar que sólo un “pequeño porcentaje” de la población se atiende en el excelso sector privado, Ponce de León vuelve a mostrar su confusión: De hecho, es altísimo el porcentaje de la población que usa los servicios privados, cuya calidad es heterogénea. Algunos de los problemas más serios de calidad de la atención se presentan en consultorios y clínicas privadas que no cuentan con la debida regulación y que además le generan gastos catastróficos a la población de menores recursos.

Ponce de León termina agradeciendo la oportunidad que se le dio de expresar sus emociones. Curioso final. Él sabe que al establecer un diagnóstico y definir un tratamiento, el médico clínico no debe dejarse llevar por sus emociones. La misma obligación tiene quien aborda los problemas de salud de las poblaciones: estudiarlos de manera rigurosa, libre de prejuicios y fobias.

Nosotros agradecemos también la oportunidad que nos ha ofrecido nexos y ratificamos nuestra disposición a seguir abordando estos temas, regresando ahora a las páginas centrales de la revista, en cuyo número de mayo publicaremos un nuevo artículo sobre el rumbo de nuestro sistema de salud.

 

Julio Frenk
Rector de la Universidad de Miami y ex secretario de Salud de México (2000-2006).

Octavio Gómez-Dantés
Investigador del Centro de Investigaciones en Sistemas de Salud, Instituto Nacional de Salud Pública, México.