En “Posdata”, Octavio Paz retrataba la democracia como la república del presente. No puede ser la carga de la tradición ni un paraíso que siempre se pospone. El régimen del hoy. Un gobierno de los vivos, como se ha dicho. “El valor supremo no es el futuro sino el presente; el futuro es un tiempo falaz que siempre nos dice ‘todavía no es hora’ y que así nos niega”. Y luego remataba con una advertencia memorable: “Aquel que construye la casa de la felicidad futura edifica la cárcel del presente”. Pero no hay democracia sin una idea de futuro. Un régimen democrático se oxigena en el futuro. Lo que vendrá puede ser distinto a lo que existe; quienes perdieron hoy podrían ganar después; lo que hoy resolvemos, podría ser corregido el día de mañana.
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