Casi siempre la adicción es imaginada como un síntoma de debilidad: como una falta de fuerza de voluntad. El adicto es visto como un ser vulnerable, que se deja influenciar, víctima de los falsos amigos o de algún apego romántico malsano. Así, cuando el hijo de la señora “Ángeles” salió del anexo, “duró como dos semanas y luego empezó a salirse otra vez, y otra vez pues con los mismos dizque amigos. Empezó a consumir otra vez […]”. Los malos amigos son una constante en esta historia de adicción; desde la secundaria, esos “dizque amigos” lo habían metido al consumo de cristal y lo arrastraban a fumar de nuevo cada que salía de la clínica de rehabilitación. Consumir cristal le era indispensable para ser parte la banda.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.