La adicción y la soberanía negativa

Casi siempre la adicción es imaginada como un síntoma de debilidad: como una falta de fuerza de voluntad. El adicto es visto como un ser vulnerable, que se deja influenciar, víctima de los falsos amigos o de algún apego romántico malsano. Así, cuando el hijo de la señora “Ángeles” salió del anexo, “duró como dos semanas y luego empezó a salirse otra vez, y otra vez pues con los mismos dizque amigos. Empezó a consumir otra vez […]”. Los malos amigos son una constante en esta historia de adicción; desde la secundaria, esos “dizque amigos” lo habían metido al consumo de cristal y lo arrastraban a fumar de nuevo cada que salía de la clínica de rehabilitación. Consumir cristal le era indispensable para ser parte la banda.

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