El liberalismo es el totalitarismo perfecto. Un totalitarismo tan astuto que no hay quien lo reconozca como tal. Ése es el argumento del filósofo polaco Ryszard Legutko en un libro que publicó hace diez años. Se trata de una de las formulaciones más provocadoras del antiliberalismo contemporáneo. Detrás de las formas de la democracia liberal, de sus principios, de sus reglas y de sus prácticas, se esconde la aplanadora totalitaria. Si habíamos pensado que las elecciones, los derechos humanos, los tribunales constitucionales, el multipartidismo, la tolerancia eran el polo opuesto a la dictadura comunista, debemos volver a pensarlo. El viejo disidente del comunismo y militante del partido de ultraderecha Ley y Justicia encuentra semejanzas entre el modelo soviético y la democracia liberal. Dos líneas paralelas que surgen del mismo agujero espiritual y que desembocan en una opresión similar.
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