Amarás la piedra

Así como tu amor a la piedra, de aquel navegante
Que cuenta con los dedos cansados
Así el retrato del alba última
En este abrazo temprano que aplasta erizos y moscas en verano
Me estiro casi, así como esa lámpara roja al encender un bosque de papel
Mi corazón
Esperé
Esperé
Y dormida me dice un mensajero
El mar
Aun no lo traerá a tus brazos
Tu esposa acaricia a los niños. Ella observa nuestros corazones heridos.
Yo cuento mis muertos como postales viejas

Tu voz me dice que en mayo
Los rostros de piedra sonríen
Yo abrazo las balsas inundadas de miedo
Les pido que me cuenten historias del mar
Y arrullo a mi hija
Tan lejana
Tan incomprendida
Su mirada perdida en la arquitectura moderna de los chismes misales
Cortés, Hernán, me dicen que el gran Cortés: él tiene la respuesta
Los cientos de números ilegibles para la mitad de la humanidad
En tu pupila de piedra, se distinguía una moneda con un águila enferma
Reanudo el viaje a ese momento en que nuestra
Sangre empezó a mezclarse con las perlas
De oriente
Y el oro americano
Así nacieron estas caderas anchas
Estas enormes jarras de vino y estas miradas capicúas
Esa rabia de mi hija, que no es de cocotero
Ni manglar, sino de idioma que destila veneno porvenir
De letra que no se escribe.

Alertas a la sal que empaña las murallas
Hemos protegido la ciudad de nuevos navegantes
Pero no de nuestra parálisis
De nuestra propia aversión a la ternura
Ah, inmenso ocaso que encubre la luz del faro
Disueltos en los voltios que asemejan un mamífero amamantando
Esa enorme luz me dice que tu barco no ha llegado
Yo soy la madre de las islas
La tejedora de olas, de palabras que ni tú, ni yo comprendemos.

Ilustraciones: Ricardo Figueroa

 

Caja

Hay una caja llena de dagas
En la caja dice en letras grandes y azules: Macao
Ellos comentan que ser chino es igual que en todas partes
Todos los que tenemos ojos arrugados por la sal
aturdidos aquí / chinos allá
la boca subsume, como un parásito hambriento
el seno angelical de la cristiandad
Un pantalón abierto
Unas monedas o una ilusión descamisada
A cualquiera se le llama chino
Callo el pensar
Soy del medio
Del reino de la mitad
Como hormigas hemos salido de un baúl o de una caja que dice Macao o Amaga.
Tienen hijos que no pueden pararse sobre sus flacas pantorrillas
Se multiplican como luciérnagas o grillos
Nosotros no. No nos reproduciremos
Mi padre está muerto
Mi madre pronto dejará esta tierra
Han partido los brotes de caña y los gusanos
Y no quedará
Más que la caja que dice Macau
Vacía.Vaciada.

 

Orfeo chino

[A Enrique Verástegui… el día después]

En las puntas de su cabello ensortijado
Han crecido lagartijas
Y sus ojos almendrados
Lloran ríos de ternura
En las barcas de algodón
La marea se sustrae
Y en los limbos de alquitrán
Sutra y mudra perfeccionan a la madre
Madre de agua
Voz de unicornio/grito cuadrado
En su contemplación del hambre
el planeta en guerra se hace rojo
la luna se complace
en su espera mortecina/
Para su olfato de estudiante
El semen se ha secado
Los albores de los reyes
Se convierten en migajas
Y las sílabas elocuentes se disparan.
Hoy oriente se ha caído
Como arnés de porcelana
Los amantes enronquecen
Con el dedo hurgando la llaga
En medio de ese espasmo campesino
Vuela luz hacia un Fiat pretencioso
Ay, este gris de araña
Ay este gris Cañete
este gris que cubre la maniobra
arre, arre pentagrama
máscara negra para un hombre transparente
llora el dátil pintado de carbón
de cañaveral/raíz amarilla de navegante
canturreando el susurro del destierro

¿Cómo nombrar el amor después de tantas equis?
Desentonados, no sabemos solfear la muerte del verano.

 

Julia Wong
Escritora. Entre sus libros: La desmineralización de los árboles, Un salmón ciego y Ladrón de codornices.

 

Un comentario en “Tres poemas