Diarios, cartas, memorias

18 julio 1942. Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con semejante intensidad.

—José Lezama Lima, Diarios

 

De películas y poesía

Toritos y trivia

En la pantalla televisiva se lee:

Canal STULMHD 915. Película “Te sigue”. HD. C.2014. Jay, una joven de 18 años, tiene una experiencia sexual con su novio en la parte trasera del auto, y después pierde el conocimiento. Desde que despierta un espíritu que adopta múltiples formas comienza a acosarla, sufriendo pesadillas y visiones.

En una escena la mencionada joven Jay está en un salón de clases y el profesor lee un pasaje de un poeta del siglo XX. ¿De qué poema y poeta se trata? Busquen la respuesta en nuestra próxima Mesa de noche.

 

La patria de Martí

Deportes

Menos mal que el equipo de futbol Real Madrid quedó eliminado por el Ajax en la pasada Champions League, puesto que el defensa madridista Sergio Ramos habría aumentado un récord del que ya se perdió la cuenta pero que sin duda sigue en marcha. Hasta el mes de febrero de 2018 Ramos se había ganado 274 tarjetas amarillas y rojas; es el mayor tarjetahabiente en la historia de la Liga Española (171), la Champions League (36) y la selección nacional de España (20).

 

Ojo revistero

En el número de junio 2019 de la revista The Atlantic Elizabeth Winkler retoma las dudas añejas sobre si Shakespeare habría sido o no el autor de las obras de Shakespeare pero ahora con esta pregunta: “¿Fue Shakespeare una mujer?”. Winkler monta muy bien el caso sobre Emilia Bassano, contemporánea de Shakespeare y nacida en Londres (1569) en una familia emigrada de Venecia, quien habría escrito de modo anónimo las obras de Shakespeare. Dos de las varias curiosidades que tiene el artículo: 1. El crítico John Ruskin dijo que “Shakespeare no tiene héroes —sólo heroínas”. Un número sorprendente de esas heroínas se niega a seguir reglas. Por lo menos diez desafían a sus padres y se rebelan contra compromisos de matrimonio para encontrar su propio camino al amor. Ocho se disfrazan de hombres, burlando los controles patriarcales —un mayor intercambio de género del que pueda encontrarse previamente en la obra de cualquier dramaturgo inglés. 2. Los nombres Emilia y Bassano tienen varias apariciones en las obras de Shakespeare. Hay “Emilias” desde el principio, desde La comedia de las equivocaciones. (El nombre de Emilia, el más común de mujer en las obras shakespeareanas junto con Katherine, no fue utilizado por ningún otro dramaturgo en el siglo XVI.) En Titus Andronicus sale un personaje de nombre Bassianus, el nombre original que tenía en Roma la familia Bassano del Grappa antes mudarse a Venecia. Y más tarde en El mercader de Venecia el héroe romántico lleva el nombre Bassanio, indicativo de que el autor tal vez sabía del lazo de los Bassanos con Venecia. (En algunos registros el nombre de la familia aparece como Bassanio.)

La mesa de noche observa que entonces el famoso pasaje de Virginia Woolf en Un cuarto propio sobre la imposible existencia de una Shakespeare en la época, debido a las desventajas de género, habría fallado al suponer tal cosa pero habría atinado sin quererlo al apuntar que si no hubo una Shakespeare era por falta de condiciones. A Woolf le habría encantado ver ahora la posibilidad de que “la hermana de Shakespeare” fuera Shakespeare. La mesa de noche tiende nexos también entre este artículo de Winkler y cosas previas como El libro de J, donde Harold Bloom expuso que los primeros libros de la Biblia fueron escritos por una mujer, una Gevurá (gran dama) “de los círculos cortesanos postsalomónicos, ella misma del linaje de David, y que empezó a escribir su gran obra en los últimos años de Salomón”; y antes la novela La hija de Homero, donde Robert Graves sigue una teoría de Samuel Butler en 1896 según la cual gran parte de la Odisea habría sido compuesta por una princesa siciliana que además quiso retratarse a sí misma en el personaje de Nausícaa; Graves la pone a narrar “hechos reales” que ella luego volverá “literatura”, trasladándole por ejemplo a Penélope el asedio de los pretendientes que ella misma había padecido.

Y un poco al respecto: en nexos de julio 2019 Soledad Loaeza publica un texto notable, “La voz de las mujeres”, que empieza y concluye con menciones a Mary Beard, “distinguida especialista en la historia de la Roma antigua, profesora de la Universidad de Oxford, comentarista de temas contemporáneos, feminista comprometida y tuitera dedicada”. El párrafo final: “Beard narra que cuando Penélope, la esposa modelo de Ulises, intenta hablar con los pretendientes que quieren hacerla olvidar a su marido, interviene su hijo Telémaco, un joven imberbe de 18 años, que le ordena callarse y retirarse a sus habitaciones. Penélope obedece. Se retira en silencio, y la voz de las mujeres sufre una derrota, pero ya regresamos y lo volveremos a hacer”. Sólo añadir, a lo que Beard y Loaeza señalan, que antes de la Odisea hay otro “cállate”, no de hijo a madre sino de marido a esposa: en la Ilíada Héctor deja hablar unos momentos a Andrómaca sólo para decirle tajante, al fin, que no se meta en asuntos de hombres e incluso la manda a “labores propias de su sexo”, como también hace Telémaco con su madre. Y por último y por lo demás, apenas el año pasado se publicó la primera versión de la Odisea al inglés hecha por una mujer. La versión de Emily Wilson es una maravilla; el profesor Richard F. Thomas de Harvard la considera una traducción de “superioridad asombrosa —certera, poética, vivaz y legible”. A tan poco tiempo de aparecida, ya es legendario el comienzo de Wilson a su Odissey. Si los comienzos al uso han sido siempre como el de Segalá y Estalella al español: “Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio…”, Wilson optó por algo distinto y fresquísimo; incluso sin saber inglés puede apreciarse el inicio de su versión: “Tell me about a complicated man./ Muse, tell me how…”.

 

Libro en mano

En su artículo Winkler recurre a Jorge Luis Borges cuando dijo en 1966 en su entrevista con The Paris Review: “En Shakespeare percibo siempre algo italiano, algo judío. Quizá los ingleses lo admiran por eso, por ser tan diferente a ellos”. La mesa de noche casualmente había echado mano del libro Jorge Luis Borges (Era, 2019) de José Emilio Pacheco, no sin recordar que sobre ella misma años atrás estuvo la primera edición de ese libro (mechado de erratas que por supuesto ya no trae el libro de Era) con el título Jorge Luis Borges. Una invitación a su lectura (Editorial raya en el agua, 1999). El libro de Pacheco termina con un juego cuando el autor hace una “biblioteca virtual de imposibles libros posibles” de Borges. Uno de ellos hablaría por la edición de los Poemas de Gaspar Camerarius (traducción y prólogo de José María Pérez Gay y Rafael Pérez Gay, Cal y arena, México, 115 pp.), un poeta medieval inventado por Borges. “De su obra”, dice Pacheco, “permanece sólo un breve poema”; claro: el que Borges en libro publicó por vez primera en El Hacedor (1960), y aunque alguna vez Borges quiso también corregir a Camerarius y sustituir “amor” por “abrazo”. El poema dice: “Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca/ aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach”. El corte de caja de Pacheco es el año 1999; tiempo después, en 2012, al editarse Museo. Textos inéditos (Editorial Emecé) de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, la mesa de noche descubriría que al menos la obra apócrifa de Camerarius/Borges consta de dos poemas. El otro se titula “El aprendiz” y dice: “No hago lo que quiero. Hago lo que he querido./ Me afano, soy cruel, pierdo mi vida y la tuya/ por algo que ni siquiera sé que no quiero./ Tal es mi conducta; tales, mis opiniones./ Sigo despierto, sin embargo,/ para manejar el martillo y el cincel/ y para hablar de esa florida rama de los oficios/ llamada la estatuaria./ Como ven, no es justo equipararme todavía/ con Illyricus, mi maestro”.

 

Últimas famosas palabras

(De André Gide, muerto en 1951):
        C’est bien.

 

Encuentros

Whitman y el asno. Evoquemos el alma inmortal de James Harlan, quien nació en 1820 y se acogió al descanso en 1899. En el año 1865 este Harlan renunció al Senado de los Estados Unidos para ingresar en el gabinete de Abraham Lincoln como secretario del Interior. Uno de los empleados de dicho organismo, con un sueldo de 600 dólares anuales, era Walt Whitman, quien acababa de prestar tres años de servicios como enfermero militar durante la guerra civil. Un día, al descubrir que Walt Whitman era el autor de un libro titulado Hojas de hierba, Harlan ordenó incontroladamente que lo echaran, y así se hizo en el acto. Recordemos el hecho y al hombre. Se trata de algo tan valioso que no podemos perderlo. Acudamos, una vez por año, a nuestras casas de culto habituales y agradezcamos ahí a Dios que ese día de 1865 haya reunido al poeta más extraordinario que engendraron los Estados Unidos con el asno más rematado.

Henry Louis Mencken, Crestomatía (traducción de Eduardo Goligorsky), Granica Editor, Buenos Aires, 1971.

 

La fotofona

Sobre la mesa de noche el teléfono celular iluminó su pantallita y se envió a sí mismo una fotofona, una foto al vuelo y de vida cotidiana tomada ese mismo día. Ya traía título: “El melón enfermo”. Héla aquí:

 

Antes de dormir

Mis sueños siempre son desagradables, un mero caos, pérdida de ropa y cosas por el estilo, nada hermoso. Los mismos sueños noche tras noche durante largos periodos. En mis sueños soy peor que despierto, cometo actos cobardes, sueño que me buscan por algún delito. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que los sueños no significan nada para mí.

—Thomas Carlyle

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.