Hace medio siglo, el 14 de agosto de 1969, murió Leonard Woolf a los 89 años. Muy admirado y respetado en su tiempo por su trayectoria como escritor político, socialista y pacifista, hoy se lo recuerda principalmente por haber sido el marido de Virginia. Fue un matrimonio muy poco convencional, como también lo fue la larga relación amorosa que Leonard sostuvo con Trekkie Ritchie Parsons posterior al suicidio de Virginia.

Leonard Woolf, que nació en Londres en 1880, era el tercer hijo de nueve en una familia judía que llevaba tres generaciones viviendo en Inglaterra. Estudió en Cambridge, y luego ganó un horrendo puesto de funcionario público en Ceilán (hoy Sri Lanka), donde permaneció de 1904 a 1911. Su trabajo lo llevó a desarrollar funciones de juez, agrónomo, agente aduanal, policía, e incluso veterinario. Encargado de mantener el orden de 40 mil tamiles y árabes, aprendió a hablar cingalés y tamil. Enfrentó brotes de fiebre biliosa hematérica en la población (rindepest), luchó contra traficantes de opio y se movió en bicicleta por kilómetros de selva. La brutal injusticia del sistema colonial lo volvió un antiimperialista, y después de seis años y medio le hizo tal crisis que aprovechó un permiso y regresó definitivamente a Inglaterra. Buscó en Cambridge a su gran amigo, Lytton Strachey, quien lo invitó a la Cambridge Conversazione Society, un elitista y secreto grupo de discusión político-literaria, apodado Los Apóstoles pues sólo aceptaba 12 integrantes. Cuando Lytton fue secretario, en octubre de 1902, Woolf se sumó a ese grupo de mentes selectas como Bertrand Russell, E.M. Forster, G.H. Hardy, Desmond MacCarthy, G. E. Moore, John Maynard Keynes, Rupert Brooke y Thoby Stephen, el hermano mayor de Virginia. A partir de entonces se interesó por la hermana de Thoby, y empezó a cortejarla.La joven Virginia se convertiría en la señora Woolf en 1912, cuando ya muchos pensaban que no se casaría. Ella tuvo mucha presión familiar y social con el tema de que debía encontrar marido, en especial desde la muerte de su padre cuando ella tenía 22 años, edad más que idónea para estar casada en esa época. Tuvo varios romances platónicos y algunos pretendientes pero hasta sus 30 años encontró lo que ella buscaba: El hombre a quien le pueda decir ciertas cosas.1

Virginia Stephen era hermosa, mordaz, muy lectora, y venía de una familia con prestigio social e intelectual. Pero también era una mujer solitaria y triste, que hacía largas caminatas hablándose a sí misma. Tenía un historial de “enfermedad mental” por una serie de depresiones y breakdowns, en los que los abusos sexuales por parte de sus medios hermanos mayores jugaron un papel. Ella escribió: “Los abrazos de George y el hecho de que mi padre nos dejó leer todo lo que queríamos, me enseñaron todo lo que se puede saber del sexo”.2

Ilustraciones: Alberto Caudillo

Leonard era un comprometido socialista, amante de los animales y apasionado de la literatura, que hizo una labor importantísima a favor de la paz mundial como impulsor de la Liga de las Naciones, un mecanismo de diálogo y concertación para prevenir la guerra, que fue el antecedente de la ONU. Además fue la eminencia gris del Partido Laborista en Inglaterra, integrante del grupo Bloomsbury, gran amigo de John Maynard Keynes y un crítico implacable del imperialismo. Gran editor, también escribió más de una docena de libros de análisis sobre la cooperación internacional, el socialismo y la gobernanza de las naciones, una larga reflexión autobiográfica en cinco tomos, un libro de cuentos —Stories of the East— y dos novelas semiautobiográficas —La Villa en la Jungla y Las vírgenes sabias— la primera inspirada en su estancia en Ceilán y la segunda un roman à clef sobre su noviazgo con Virginia.

Profundamente conmovida por su entorno, preocupada por la política, y con opiniones que defendía y que deseaba transmitir, Virginia Woolf fue una mujer excepcional. La lectura de su obra, sus diarios y su correspondencia nos devuelven a una feminista indignada por lo que vivía y veía. A pesar de que maldecía la política, no ignoraba lo que ocurría políticamente. Junto a Leonard seguía día con día los acontecimientos políticos, leía con avidez los periódicos y escuchaba las noticias en la radio. Ellos tuvieron una extraordinaria relación de apoyo y estímulo intelectual, todavía hoy rara. Se conocen varias historias de amor donde las mujeres renuncian a mucho en aras de la vida profesional de sus maridos. La de los Woolf es una historia paradigmática del caso contrario, donde el hombre hace una renuncia sustantiva en aras de la vida profesional de su esposa.La biografía de Victoria Glendinning acerca de Leonard muestra el cuidado que él tuvo para ir protegiendo a Virginia, la forma en que decidió establecer la Hogarth Press, supuestamente como un hobby, pero también como una forma de terapia ocupacional para ella. Leonard consigna en sus memorias la decisión en 1915 de comprar una imprenta para “darle a Virginia una ocupación manual que la distraiga totalmente de su escritura”.3 Posteriormente diría que lo que les interesó al hacer una casa editorial fue “el aspecto inmaterial del libro, lo que el autor tenía que decir y cómo lo decía”. Hoy se reconoce la inmensa contribución de los Woolf a la cultura literaria y artística del siglo XX, en especial al vanguardismo. A lo largo de los primeros 24 años, hasta la muerte de Virginia, su catálogo incluía 450 títulos. Empezaron con el propósito de publicar lo que las editoriales comerciales no podían o no querían publicar. Además, como tenían sus propias ideas acerca de qué hacía “atractivo” también por fuera a un libro, abandonaron el preciosismo de los diseños y la encuadernación típica del momento. Sin embargo, consistente con la postura política de Leonard, la Hogarth Press no fue elitista: evitó hacer ediciones limitadas de un grupo íntimo de amigos.

Una y otra vez Leonard subraya en sus Memorias la condición híbrida de la Hogarth Press, a la que nombra su hippogriff (animal mítico, mitad grifo y mitad caballo). Bajo su dirección la Hogarth Press desarrolló prácticas editoriales desconcertantes al mezclar amateurismo y profesionalismo. La autonomía era una prioridad para él y valoraba ofrecerles a los autores una alternativa a las editoriales comerciales. Al elegir a sus autores con un criterio agudo y riguroso  Leornard Woolf construyó una vía novedosa que tuvo la fuerza para competir en ventas: ni el tipo de pequeña editorial de amigos, ni las comerciales. John Lehman, su posterior socio, declara que él aprendió la esencia del trabajo editorial de un hombre (Leonard) que creó su propio negocio, y que nunca permitió que se volviera tan grande como para que acabara con departamentos separados unos de los otros. Según Lehman, Woolf “tenía el punto de vista tanto de un autor como de un impresor que debía ganarse la vida”.4

Después de los primeros cinco años de existencia, Leonard recibió muchas ofertas de compra o de asociación con otras editoriales. Pero nunca aceptó. Su socialismo se expresó en la publicación de libros, folletos y colecciones acerca de asuntos políticos y sociales, además de ensayos sobre música, educación y arte. La aportación de la Hogarth Press al arte, la literatura y la política del siglo XX se nota en su lista ecléctica y variada de autores, que va desde ingleses, como Katherine Mansfield a T.S. Eliot, pasando por Auden, Isherwood y Sackville West, hasta la traducción de extranjeros, varios rusos, Gorki y Dostoievski incluidos, y también a Rilke y a Svevo, además de una larga lista de escritores desconocidos hasta la fecha.

De 1917 a 1923 la Hogarth Press publicó principalmente literatura, pero en 1924 sumó a Freud a su catálogo, inaugurando así la International Psychoanalytical Library. En 1925 Leonard publica por primera vez en su editorial un libro de política: Fear and Politics: a Debate in the Zoo. La Hogarth Press mantuvo un proyecto de difusión de temas socioeconómicos, tanto británicos como internacionales, con un interés especial en el marxismo, el comunismo y Rusia. Luego Keynes publicó sus análisis económicos. En 1929 arranca una serie sobre educación. Entre 1933 y 1936 los libros de política sobrepasan a los de literatura. Durante 1935 y 1939 se editó la serie World-Makers and World-Shakers, y los Sixpenny Pamphlets donde Forster publica su declaración What I Believe.

Análisis contemporáneos acerca de la producción editorial de la Hogarth Press echan abajo la idea de que se publicaban a sí mismos y, al contrario, muestran la construcción de las nutridas redes político-literarias y artísticas que desarrollaron, pues había un claro proyecto político-literario.5 Varios autores que hacen una revaloración de la política radical de la Hogarth Press registran la forma en que Leonard asumía riesgos al desafiar al gusto común y la opinión pública, y le dan crédito en la producción de la corriente cultural del vanguardismo en el siglo XX. Menos constreñida financieramente que sus competidores comerciales, y menos afectada por compromisos amistosos o lealtades grupales, la Hogarth Press dirigida por Leonard Woolf le abrió las puertas a todo tipo de gente: “vagabundos y duquesas, plomeros y primeros ministros”.6 Su compromiso fue publicar autores desconocidos, mujeres escritoras y voces de la clase obrera, y lo hizo con un gran cuidado editorial y una innovación artística en sus portadas, muchas diseñadas con grabados de Carrington, pinturas de Vanessa Bell, hermana de Virginia, incluso algunas por Trekkie Parsons. “Experimentación, riesgo, idiosincrasia, hibridez y heterogeneidad” son las palabras clave con las que Laura Marcus define la labor de la Hogarth Press.7 Hombre atípicamente sensible, Leonard Woolf comprendió muy pronto la genialidad de su frágil esposa, y no sólo armó con rigor las condiciones de vida para que ella desplegara su talento como escritora, sino que además renunció a muchas cosas —entre ellas a una vida sexual activa— para acompañarla y cuidarla.

Virginia se suicidó a los 59 años, arrojándose al río Ouse, con el abrigo lleno de piedras. Habían estado casados 29 años y en la nota que le dejó decía estar segura de que estaba enloqueciendo de nuevo, y no quería ser una carga para él. También le declaraba que le debía toda la felicidad de su vida, para concluir: “No creo que ninguna otra pareja pueda haber sido más feliz que lo que nosotros hemos sido”.8

Leonard, que la sobreviviría 28 años más, continuó con su trabajo intelectual y político en el Partido Laborista y la Fabian Society, siguió siendo un agudo editor del New Statesman y el Political Quarterly, recibió premios y reconocimientos, y afortunadamente no tuvo una viudez desconsolada. Dos años después del suicidio, a sus 62 años, se enamoró perdidamente de Trekkie Ritchie, una pintora casada con Ian Parsons, un editor de Chatto & Windus, con el que Leonard mantuvo una relación profesional. Los Parsons eran un matrimonio bien avenido, que llevaba una divertida vida social, en la que destacaban pues bailaban juntos con gran estilo. Leonard cayó perdido por Trekkie, cuya personalidad era lo opuesto a Virginia: apolítica, alegre y deportista. En 1943 Leonard se mudó a la casa pegada a la de los Parsons, en Victoria Square, y ambos desarrollaron una rutina doméstica compartiendo mucho tiempo y muchas otras cosas. No hay que olvidar que tanto Leonard como los Parsons eran parte de ese sector que la sociedad inglesa consideraba bohemio, y que antes de la Segunda Guerra Mundial escandalizó por sus actitudes libertarias respecto del sexo.

El grupo Bloomsbury, al que Virginia y Leonard pertenecieron, fue considerado subversivo y extravagante por atreverse a experimentar no sólo en el campo artístico sino también en sus modelos de relación, en sus propias vidas. Muchos de sus integrantes fueron pioneros sexuales y ostentaron el carácter “ilícito” de sus relaciones. El grupo Bloomsbury fue descrito como “a circle of people who lived in squares and loved in triangles”.9 Aunque asumían una ética de trabajo, defendían la honestidad intelectual y tenían gran compromiso social, los integrantes del grupo Bloomsbury fueron considerados unos excéntricos radicales. Ellos se pensaban a sí mismos simplemente como “modernos”.

La relación entre Leonard y Trekkie se dio dentro de esos parámetros de “modernidad” y “bohemia”. Cuando en 1944 Ian fue enviado a combatir a Francia, Trekkie se fue a vivir a la emblemática Monks House con Leonard. Al regreso de su marido, ella volvió a la casa de Victoria Square. Leonard le escribió: “regresa, regresa, no puedo estar sin ti queridísima”.10 Trekkie estableció entonces una rutina: pasaba la semana con Leonard y los fines con Ian. Sin separarse de su marido, quien en paralelo inició una relación con Norah Smallwood, Trekkie sostuvo a lo largo de 25 años la relación con Leonard. Ella era 22 años más joven, y estaba llena de vida. Él se dedicó a promoverla como artista, la acompañó a exposiciones en galerías de arte, la llenó de regalos (entre ellos, un boceto de Rembrandt), y viajaron muchas veces juntos. En 1946 pasaron sus primeras vacaciones en Wiltshire y Dorset, en 1948 en Penzance, y en 1949 en el norte de Francia. Rompiendo los códigos de discreción habituales de la burguesía victoriana, Trekkie llegaba de un viaje con Leonard y al día siguiente salía con Ian a otro. En 1957 viajaron a Israel y en 1960 Leonard, a sus 80 años, cumplió su sueño de regresar a Ceilán. La prensa registró la presencia de la señora Parsons como “su secretaria”, y mencionó que él la buscaba constantemente con la mirada.

En el último tomo de su autobiografía Leonard escribe discretamente sobre ella, y apenas es posible entrever qué tipo de relación tenían. Sin embargo, sus cartas, publicadas hasta después de la muerte de ambos, son un conmovedor testimonio de su intensa pasión amorosa. La correspondencia con Trekkie, a la que llamaba Tiger, lo muestra como un amante juguetón, que intercambiaba mensajes eróticos con quien fue su pasión otoñal. Ella lo cuidó y acompañó hasta su muerte, y él le heredó todos sus bienes, excepto algunos legados para sus sobrinos. Trekkie Ritchie Parsons murió 26 años después de Leonard, en 1995, a los 93 años.

Hombre tierno en lo íntimo y feroz en lo político, Leonard Woolf tenía un lema que guiaba sus acciones: Justice and mercy. Consideraba que la justicia y la clemencia eran el fundamento de toda sociedad civilizada, e incluía a la tolerancia dentro de la clemencia. Parecería que el destino le hizo justicia al regalarle la compañía amorosa de Trekkie esos cinco lustros finales de su vida. En The Journey Not the Arrival Matters, el quinto y último tomo de su autobiografía, Leonard Woolf enumeró los placeres de su vida: “comer y beber, leer, caminar y montar, cultivar un jardín, los juegos de todo tipo, los animales de toda especie, la conversación, los cuadros, la música, la amistad, el amor, la gente”,11 y también señaló que “es posible encontrar enorme felicidad en el amor y el afecto mucho después de haber aceptado el hecho de que la pasión se acaba”.

Según una gran amiga de Leonard, Dadie Rylands, Trekkie “le dio los años más felices de su vida”.12 Sin embargo la propia Trekkie decía que Leonard se hubiera podido enamorar de cualquiera, porque “él tenía el hábito del amor”.13

 

Marta Lamas
Antropóloga, investigadora titular del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt nivel II. Tiene ocho libros y más de 100 ensayos académicos publicados.  Su libro más reciente es Acoso. ¿Denuncia legítima o victimización?


1 Lee, Hermione, Virginia Woolf, New York, Vintage Books, 1996, p. 244.

2 Ibíd., p.153.

3 Woolf, Leonard, Beginning Again. An Autobiography of the Years 1911 to 1918, Londres, Harcourt Brace Jovanovich, 1963, p. 233.

4 Southworth, Helen, Leonard and Virginia Woolf, the Hogarth Press and the Networks of Modernism, Edimburgo, Edinburg University Press, 2010, p. 10.

5 Ídem.

6 Woolf, Leonard y Virginia Woolf, “Are too Many Books Written and Published?”, en PMLA 121, 1, 2006, pp. 235-44.

7 Marcus, Laura, “The European Dimensions of the Hogartrh Press”, en The Reception of Virginia Woolf in Europe, editado por Mary Ann Caws y Nicola Luckhurst, Londres y Nueva York, Continuum, 2002, pp. 328-56.

8 Glendinning, Victoria, Leonard Woolf. A Biography, New York, Free Press, 2006, p. 324.

9 Nicholson, Virginia, Among the Bohemians. Experiments in Living 1900-1939, New York, William Morrow, 2002, p. 41.

10 Adamson, Judith (ed.), Love Letters. Leonard Woolf y Trekkie Ritchie Parsons (1941-1968), Londres, Chatto & Windus, 2001, p. 166.

11 Woolf, Leonard, The Journey not the Arrival Matters. An Autobiography of the Years 1939 to 1969, Londres, Harcourt Brace Jovanovich, 1975, p. 182.

12 Adamson, Judith ed., Love Letters. Leonard Woolf y Trekkie Ritchie Parsons (1941-1968), Londres, Chatto & Windus, 2001, p. XVIII.

13 Glendinning, Victoria, Leonard Woolf. A Biography, New York, Free Press, 2006, p. 340.

 

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