La crítica situación de Brasil se agrava a ojos vistas. A partir del desaseado allanamiento y arbitraria detención del expresidente Luis Inácio "Lula" da Silva, las cosas se vienen precipitando dramáticamente; ahora fue también  formalmente acusado (en investigación paralela) de graves ilícitos: lavado de dinero, estafa, declaraciones falsas y ocultación de patrimonio (un departamento frente al mar, bajo el prestanombres de una constructora); por ello la fiscalía pide su arresto preventivo. Pero falta todavía que la justicia de formal entrada formal a las acusaciones, para que poder ejecutar la acción penal. Sería la primera vez en la historia de Brasil que se solicita prisión para un exmandatario. Lula niega vehementemente los cargos, todos.

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El escenario de la confrontación política seguramente llegará a las calles, pues tanto la oposición, como los militantes del gubernamental Partido de los Trabajadores (PT), anuncian grandes concentraciones populares para los próximos días. Los opositores al gobierno piden, nada menos, que la inmediata destitución –impeachement– de la presidenta Dilma Rousseff y el enjuiciamiento de Lula. Ante la gravedad de los hechos, y no sin algunas lágrimas de por medio, Lula decidió pasar a la ofensiva y con él la asediada presidenta: "Si me quieren derrotar, me tendrán que enfrentar en las calles de este país”, dijo el aguerrido líder al momento que sus todavía muy numerosos partidarios denunciaban a "los golpistas". El país se divide ominosamente en dos bandos opuestos.

Sin desmerecer el tema de la corrupción, es cierto que la operación de algunos jueces y de la policía federal brasileña se parece cada vez más a la operación de una policía política, al estilo de mani pulite (manos limpias) en la Italia de los años 90 y que a la larga acabó por engullirse a la clase política, abriéndole paso al aciago Berlusconi. En el caso de la breve detención de Lula, se trató de una medida espectacular, ordenada por el ya célebre e implacable juez Sergio Moro, pero en realidad innecesaria pues Lula siempre manifestó disposición de comparecer y declarar, jamás se ocultó. La investigación judicial, popularmente conocida como lava jato ("lavado de coches") sobre lavado de dinero, cohecho, contribuciones fraudulentas a campañas políticas y desvío de recursos de la petrolera Petrobras, ha desembocado en acusaciones formales a empresarios,  legisladores, funcionarios y  partidos políticos. Pareciera no haber tregua ni quedar títere con cabeza. En el caso de Lula, la investigación lo vincula a sobornos de dos grandes constructoras, OAS y Odebrecht. No hay que olvidar que el lava jato es solo uno de varios escándalos de corrupción, como del mensalao, o pagos ilegales y al contado a jerarcas del PT, mismos que han golpeado sin misericordia a toda la clase política y las estructuras de poder de Brasil: son más de 60 las personas enviadas a prisión.

Desafortunadamente, todo esto sucede en medio de la peor crisis económica en décadas, cuando el brasileño medio ve desaparecer ante sus ojos la bonanza de hace apenas pocos años. Solo en el año de 2015 se esfumaron un millón y medio de empleos. Es difícil exagerar la profundidad de la crisis de Brasil: como cabeza de hidra, surge hoy un problema, y mañana aparecen otros dos; se multiplican, paralizando al atribulado gigante sudamericano. Sequías, contaminación catastrófica de ríos, violencia y narco incontenible en las favelas y ahora, el virus del Zika, que frente a las inminentes olimpíadas se transforma en pesadilla, amenazando a miles de mujeres embarazadas y ahuyentando a turistas. El país, con la economía colapsada y una inmensa crispación política, parece atrapado en un laberinto.

Sin embargo, no hace mucho se hablaba en el mundo del despegue definitivo de Brasil, de  la "nueva" potencia global. Es cierto que la situación brasileña pareció mejorar mucho durante el gobierno del sagaz y carismático presidente Luis Inácio Lula da Silva (2002-2010). En su gobierno, inicialmente se mantuvo la responsabilidad fiscal y las cuentas públicas y externas comienzan a mejorar. Las exportaciones de bienes primarios crecieron espectacularmente, no así las manufacturas. En realidad, se trató solo de un puñado de productos y de prácticamente un solo nuevo mercado lo que explica el fenómeno: China, que devoraba las commodities que Brasil proveía en abundancia: mineral de hierro, petróleo, azúcar, carne y sobre todo, soya. Es cierto también que Brasil sorteó bien la crisis del 2008 (tras una pronunciada contracción del producto en 2009) y pudo aplicar con éxito políticas contra cíclicas, bajar la tasa de interés, aumentar el crédito doméstico y elevar el consumo de las clases medias. Sin embargo, comienza a aumentar marcadamente el gasto público, sobre todo en su segundo mandato, bajo el nombre de "Programa de Aceleración del Crecimiento" (PAC). La política social fue exitosa y disminuyó la pobreza ostensiblemente. Logra también proyectar políticamente a Brasil en el exterior, si bien lo mantuvo relativamente aislado en lo económico. Lula dio un protagonismo global a Brasil, que nunca antes había tenido. Se alejó de Estados Unidos e intentó dar vida política a la entelequia BRICS, en realidad un club de conveniencia sin argamasa alguna ni continuidad geográfica; un invento de Goldman Sachs, conformado por Brasil, Rusia, India, China al que posteriormente se suma Sudáfrica. En la región emprendió un sudamericanismo sustitutivo de América Latina, a través de la creación de la UNASUR y excluyendo a México.  Con su  carisma, simpatía y empuje, puso de moda la marca "Brasil" y consiguió para años sucesivos un campeonato de futbol en 2013 y una Olimpíada para este 2016. Nadie pudo anticipar la tormenta que vendría.

Lula termina su presidencia a tambor batiente y logra, sin mayores dificultades, que lo suceda en la presidencia la candidata que él impuso: Dilma Rousseff, también del PT, sin mayor experiencia política, pero con buena reputación como ministra y eficaz Jefa de la Casa Civil. Ya a inicios de la presidencia de ésta, se empiezan a encender focos amarillos. El crecimiento industrial languidece y desde 2010 se habla de la "primarización" de la economía, una progresiva desindustrialización inducida por la enorme distorsión en el tipo de cambio sobrevaluado por causa de las masivas exportaciones de commodities. La llamada "enfermedad holandesa".

Dilma, con la inercia del crecimiento anterior, no se da por enteraday persiste en la ruta fiscal expansiva, además había que pagar por el Mundial de futbol y las instalaciones olímpicas; logra ganar la presidencia para un segundo período (2015-2018), si bien por un estrechísimo margen. Ya para entonces, la economía estaba reduciendo su crecimiento, lo que poco después se transformaría en una virulenta recesión que se viene prolongando  por casi veinte meses: el PIB siguió cayendo, para 2015 se contrajo en un 3.8%, estimándose una reducción semejante para 2016. El sector más castigado es el industrial, que se desplomó un 6% en el año; también viene reduciéndose preocupantemente la formación bruta de capital, ya por más de siete trimestres. Las familias, endeudadas y empobrecidas van contrayendo su consumo, mientras que la inflación crece,  presiona al salario y castiga a los más pobres. La recesión, irremisible, va revirtiendo mucho de lo ganado en la década anterior.

Desafortunadamente, la presidenta dejó escapar la oportunidad de un ajuste gradual y ordenado, posible todavía en los años postreros del auge de las materias primas, entre 2011 y 2013. Ahora hay mucho menos margen de acción y el costo social del ajuste será muy elevado. Las cuentas internas pasaron de un cómodo superávit fiscal del 3.1% a un saldo deficitario de -1.0 % en el 2015 y sigue  aumentando a pesar de recortes y ajustes, al mismo tiempo que caen los ingresos tributarios del estado. La deuda pública es ya del 65% del PIB, manejable aún, pero su pago debe financiarse a tasas muy altas de interés, del 13%, una de las más altas del mundo: su servicio consumió más del 8% ciento del PIB en el año pasado.

El Estado brasileño logra recaudar un envidiable 36% de su PIB, pero mucho se va en gastos de burocracia, elevadas pensiones y consumos estatales de poca productividad. Las pensiones –elevadas para cualquier estándar latinoamericano–  devoran el 12% del PIB. En realidad alrededor del 90% del presupuesto brasileño está bastante atado, ya sea por mandato constitucional, ya sea por la presión de los estados federados  y por poderosos grupos de presión. Petrobras, otrora el punto más brillante de la economía está en virtual bancarrota: en cinco años perdió el 85,7% de su valor en el mercado y su deuda creció más del 40% en el último año. La caída en el precio del petróleo le ha cercenado ingresos, justo cuando más se necesitan. En este contexto, no es de extrañar que Brasil lleve tres ministros de finanzas (Hacienda) en poco menos de dos años. La política monetaria no tiene mucho espacio y puede ser que en el incremento del déficit público, esté operando ya la llamada "dominancia fiscal", que la somete a las necesidades fiscales, de tal manera que la efectividad de las medidas monetarias contra la inflación se debilitan. Se requieren a corto plazo quizá más deuda y severas medidas de control del gasto, pero eso afectaría  las políticas sociales, el más preciado  legado de Lula y Dilma. Hay que brincar un duro bache y nadie parece estar dispuesto a hacerlo. La Presidenta Rousseff, con un nivel de aprobación de apenas el 10%, un congreso hostil y una gran fragmentación política (por lo menos 30 partidos políticos registrados), no tiene mucho espacio de acción, toda vez que la posibilidad de su destitución (impeachement) ahora si está a la vuelta de la esquina.

Es cierto que las causas más inmediatas de la recesión son externas, tienen que ver sobre todo con el fin de la era de las commodities exportadas sobre todo a China a precios muy altos; también cuenta el retiro generalizado de liquidez de los Estados Unidos y, en general, la volátil y aletargada economía internacional. Pero en el fondo subyacen causas estructurales profundas. Sobre todo la escasa competitividad de la industria brasileña, con larga tradición de proteccionismo, precaria innovación tecnológica, infraestructura y logística insuficiente y atrasada, así como mano de obra poco calificada, fruto de un enorme rezago educativo. Pasado el deslumbrante auge de las commodities, queda claro que las potencias globales no se improvisan de la noche a la mañana.

Aún así Brasil tiene grandes fortalezas y acabará por remontar esta dura cuesta.  De una u otra manera, los severos ajustes fiscales tendrán que darse, tomará tiempo e inevitables sacrificios. Se trata de un inmenso país con más de 200 millones de habitantes. Su economía es grande y bastante diversificada, sus reservas en divisas son amplias, su deuda externa baja y sigue llegando inversión externa. Si bien no es de suponerse que en el corto plazo pueda cambiar su base exportadora y ésta se ve limitada por la desaceleración china, su agricultura sigue siendo muy competitiva a nivel global y sin duda reaccionarán otros sectores ante el estímulo cambiario de una moneda muy devaluada.

Tal vez esta crisis le permita a Brasil replantearse a fondo varias cosas en relación a su inserción internacional. Por un lado, rediseñar drásticamente al MERCOSUR, único acuerdo comercial importante de Brasil, que sigue sin funcionar y a menudo es una limitante para hacer acuerdos con terceros  países y grandes bloques comerciales, puesto que el acuerdo exige negociaciones colectivas. Por otro, puede darle un nuevo impulso y, sobre todo, abrirlo en un proceso de convergencia hacia las grandes economías del Pacífico latinoamericano, incluido México. En todo caso es claro que Brasil requiere de una red más vasta de relaciones comerciales y de inversión en el mundo, con una visión pragmática y de largo plazo. Es momento propicio para una mayor cercanía con el  resto de América Latina y México, integrando más sus economías en una política de convergencias concertadas y de trabajar juntos en la solución a los desafíos conjunto que afronta la región. No una superpotencia, si un gran país latinoamericano.

 

Cassio Luiselli Fernández

 

4 comentarios en “Brasil atrapado en su laberinto

  1. Y al despertar en el nuevo siglo, la bailarina de samba sintió un dolor en la ingle y entonces se dió cuenta que de una de sus piernas tiraba Europa y de la otra EU…

  2. Adorei a redação! Dá para enxergar certo estilo do portunhol! kkk… É de brincadeira. xD

  3. Lamento mucho lo quena pasado en Brazil y Argentina, dos colosos en Sudameriva y Latino América. Porque ? porque en Sudamérica y estos dos colosos supiesen administrarse muy bien pero sin corrupcion edta Sudamerica nuestra, me refiero al resto de loa países sudamericanos, sin duda, tendríamos un auge increíble y luego beneficiaría al México y el Caribe. Estos gobiernos populistas no nos llevan a ninguna parte, solo pobreza de la clase media y lo que es peor, a los más pobres. Creo que en la década pasada y actual, los gobiernos populistas se apoyan en escudarse el las potencias Imperialistas, pero creo que no es así, ya que aquí no hay guerras pero si un ambiente bélico entre hermanos vecinos por una misma causa, desarrollarse como personas libres, económicamente sustentable a ennelmtuenponpara seguir mejorando su situación económica,.. etc, sé que entienden. Por lo tanto, Nrazil y Argentina tiene una responsabilidad en Sudamerica como primera opción de desarrollar a estos países Sudamericanos nuestros. Solos diez países en esta parte del mundo, así que desde ahora en adelante, estos ” dos colosos ” deben demostrar su madures de una vez por todas. El petróleo no siempre recauda lo que se espera ya que los precios a veces bajan y los programas sociales se van al suelo, esto le pasa a mi querido país, precios del Cobre internacional bajo, los programas sociales no se pueden desarrollar y si se hacen, se pagándolas consecuencias de Brazil y Argentina. Forcemos a loa países con más recursos para industrializar nuestros países y no dependen tanto del Conre como es el caso de mi querido y adorado Chile. Industrialisemos nuestros países con cooperación mutua, somos diez países en Sudamérica, nones imposible, solo hace falta, autoridades sería y eeaponsables ante el país y sus compatriotas de cada país como así se Sudamerica. Saludos.