arequipa, Perú. Lugar donde nací, el 28 de marzo de 1936.

 

buñuel. Alguna vez escuché decir a Luis Buñuel: “Yo no adapto en el cine una buena novela, solamente adapto las malas”. Él hizo Nazarín (1959), y es mejor que la novela. En ese sentido, tiene razón Buñuel.

 

cine. Nunca me he reconocido del todo en las adaptaciones que han hecho al cine de mis novelas. Algunas películas me parecen buenas, otras no. Siempre he tenido la sensación de que son historias de otros, no mías. Quizá porque cuando uno inventa personajes nunca se les ve totalmente las caras, son figuras más bien difusas y el cine, claro, les da una concreción tal a las personas, paisajes y hechos que entonces uno se sorprende. Sólo una ocasión intervine en una adaptación que resultó muy mala, en la primera versión cinematográfica de Pantaleón y las visitadoras, y desde entonces no he querido participar, he dejado que los guionistas trabajen con libertad.

 

dorada infancia. Viví muy protegido y mimado por mi familia materna. En realidad mi infancia fue así, la edad dorada. Mi padre vino a romper esa dimensión de vida que tenía y esos años desaparecieron.

 

escribo mañana y tarde. Por lo regular, las horas más fecundas son las de la mañana, las primeras horas del día.

 

faulkner. Vuelvo a muchos autores. Las obras de William Faulkner nunca me han decepcionado, al contrario, en cada lectura siempre me enriquecen más. Leyendo a Faulkner aprendí la importancia de la forma en la novela, el estilo, la construcción, los puntos de vista, la organización del tiempo. Para mí es un gran maestro. Si yo tuviera que elegir entre alguna de sus obras, me quedaría con Luz de agosto, me parece maravillosa por su enorme muestrario de tipos humanos, en donde se exhiben los grandes temas de Faulkner: las obsesiones, la culpa, la gravitación del pasado, el llamado de la sangre. Es el autor que más influencia tiene sobre la literatura latinoamericana, prácticamente no hay un escritor latinoamericano moderno que no sea deudor de él. Rulfo fue lector de Faulkner como también lo han sido Onetti, Fuentes y García Márquez. Quizá esto no ocurre con los jóvenes, los escritores nuevos tienen otros modelos, pero mi generación ha leído a Faulkner con provecho.

 

galleta. Cuando fui a República Dominicana a presentar La fiesta del chivo, algunos trujillistas publicaron un desplegado que advertía que si yo iba me iban a dar una galleta. En Dominicana una galleta quiere decir una paliza. Y, a la inversa, el libro fue muy bien recibido. En general, los dominicanos recibieron magníficamente la novela. Seguramente algunos herederos de Trujillo odian el libro.

 

historia. Cuando estudiaba en la universidad tuve como profesor de historia a Raúl Porras Barrenechea, con quien trabajé cinco años. Las clases que impartía me motivaban mucho, a tal grado que dudé si debía dedicarme a estudiar historia o a continuar mi vocación literaria. Porras Barrenechea era un gran expositor, un mago de la palabra. Sus descripciones y referencias tenían eficacia narrativa, a los alumnos nos tenía en suspenso. Me sorprendía que, a pesar de que llevaba muchos años en la docencia, siempre preparaba sus clases como si fuera la primera vez. De esa manera lo que comentaba en el aula solía ser material nuevo.

 

industria. Mis primeros versos los publiqué en un periódico muy pequeño de Piura que se llama La industria, en donde trabajé todo el año de 1952 al mismo tiempo que cursaba mi último año de colegio. Trabajé como redactor y publiqué relatos y poemas. De estos últimos ahora me avergüenzo cuando un crítico los resucita y me los muestra.

 

jorge Luis Borges decía que en poesía sólo se admire la excelencia. Creo que es una afirmación muy exacta. Un cuento, una novela, puede ser menor y pasar, pero un poema si no es muy bueno es muy malo, no hay término medio. Y mis poemas eran muy malos, por eso me avergüenza mucho leer las cosas que escribía antes.

 

kien, Peter. El hombre-libro, personaje de Auto de fe, de Elias Canetti. En sus memorias, Canetti cuenta de una imagen que, como un pequeño demonio pertinaz, lo obsesionaba: un hombre que prende fuego a su biblioteca y arde junto con sus libros. Así surgió Peter Kien y su amor pervertido por los libros.

 

la ciudad y los perros. Cuando publiqué la novela me acusaron de calumnia, hubo todo un alboroto. Los militares protestaron mucho. Para no perder la costumbre, en el Perú había una dictadura militar. Me acusaron de cosas muy disparadas, algunas muy imaginativas. El general De la Barra dijo que probablemente había escrito ese libro pagado por gente de Ecuador, para desmoralizar al ejército peruano. Era divertido ver sus actitudes. Otros militares organizaron una quema del libro en el Colegio Militar Leoncio Prada. Y, como lo único que no se les ocurrió fue prohibir el libro, lo convirtieron en un best seller: le hicieron una publicidad extraordinaria. Hubo mucha curiosidad por leer ese libro que aparentemente estaba plagado de cosas terribles. Los militares contribuyeron a que La ciudad y los perros se volviera un best seller. Me hicieron un gran favor.

 

muerte. No le temo a la muerte, le tengo miedo a la decadencia física, a volverme idiota, a convertirme en una planta, a esa situación innoble. La vida no sería lo maravillosa que es si no existiera la muerte. Vivimos intensamente porque sabemos que tarde o temprano esto se acaba. Ese final no me angustia. Lo que me parece intolerable es convertirme en un ser dependiente, en un esclavo.

 

novelista. La labor del novelista es contar, a través de la ficción, los huecos que va dejando la historia. Las grandes novelas que admiro muestran sobre todo las lacras, las deficiencias, las ineptitudes de una sociedad para satisfacer las aspiraciones humanas. De ahí he sacado esa fórmula de que son las miserias humanas, los sufrimientos humanos, la materia prima más estimulante para un escritor.

 

orson Wells adaptó una novela de Kafka casi imposible de llevar al cine, El proceso. Obtuvo un buen resultado. Un cuento suele pasar con mejores resultados al cine; en cambio, no ocurre lo mismo con la novela porque es muy densa y tiene siempre muchas capas superpuestas.

 

periodismo. Ha sido fundamental como fuente de experiencias, sobre todo porque en el mundo en que nací los peruanos estábamos confinados dentro de un círculo muy pequeño. El periodismo era una de las pocas cosas que en realidad lo llevaban a uno a circular por todos los ambientes, por todos los medios, a frecuentar gente de procedencias diversas. Eso me hizo conocer un país mucho más diverso, más complejo, más problemático del que yo conocía. En ese sentido le estoy muy agradecido al periodismo; era, además, una manera sustitutoria de practicar literatura en un país en el que parecía que en ese momento la literatura no tenía cabida. El periodismo era una forma, aunque muy tangencial, de llegar a la literatura.

 

tuijano, Alonso. Un tema recurrente en la historia de la ficción es: el riesgo que entraña tomar lo que dicen las novelas al pie de la letra, creer que la vida es como ellas la describen. Los libros de caballerías queman el seso a Alonso Quijano y lo lanzan por los caminos a alancear molinos de viento y la tragedia de Emma Bovary no ocurriría si el personaje de Flaubert no intentara parecerse a las heroínas de las novelitas románticas que lee. Por creer que la realidad es como pretenden las ficciones, Alonso Quijano y Emma sufren terribles quebrantos. ¿Los condenamos por ello? No, sus historias nos conmueven y nos admiran: su empeño imposible de vivir la ficción nos parece personificar una actitud idealista que honra a la especie. Porque querer ser distinto de lo que se es ha sido la aspiración humana por excelencia. De ella resultó lo mejor y lo peor que registra la historia. De ella han nacido también las ficciones.

 

revolución socialista. El socialismo real no sólo significa pobreza, también es una farsa. Lo que se creyó que era la alternativa, el socialismo, ha demostrado de forma inequívoca que no es una alternativa. El socialismo no trae igualitarismo, no trae desarrollo y sí, al contrario, una pobreza generalizada de la sociedad salvo para una pequeña élite, y un costo que también se ha demostrado como inaceptable: la pérdida de la libertad, la pérdida de la iniciativa individual, la corrupción. Creo que esa alternativa no existe, hay opciones sólo dentro del modelo capitalista.

 

sueño. Generalmente no suelo recordar mis sueños, me ocurre muy rara vez. Generalmente tengo recuerdos borrosos, no muy lúcidos. Pero sí tengo obsesiones, imágenes recurrentes que aparecen en muchos de mis libros. Y eso lo he ido descubriendo a través de la crítica. Muchas veces la crítica ve con más precisión y exactitud que el propio novelista. Esos asuntos que se repiten son claramente obsesiones.

 

trujillo. En Bogotá se hizo una adaptación  teatral de La fiesta del chivo, en la que no intervine. La realizó el colombiano Jorge Alí Triana. Yo estaba muy escéptico porque es una novela que tiene muchos personajes y ocurre a los largo de 31 años. Me parecía difícil condensar una historia así sobre un escenario. Debo reconocer que la adaptación que se hizo fue excelente. Otro de sus aciertos fue que el protagonista (Carlos Barbosa) encarnó a Trujillo y a Cerebrito Cabral, con un argumento bastante válido: el líder no hubiera sido posible sin una persona como Cabral, sin esos dominicanos que lo sirvieron, lo apoyaron, endiosaron y que, al final, le permitieron esos excesos terribles por no haber ofrecido ninguna resistencia ante tal acumulación de poder. El argumento es bastante sólido y funciona bien en el teatro.

 

ulises, de James Joyce. Es un libro fundamental, sería difícil escribir veinte páginas de un ensayo sobre esa novela: es tan complejo que no se podría.

 

vacío. Cuando termino de escribir una novela, paso inmediatamente a hacer otra cosa, me siento incómodo ante ese vacío que deja la escritura final. Generalmente cuando estoy en la última redacción de un libro ya tengo pensado otro, incluso de una manera inconsciente empiezo a preparar el trabajo que vendrá después. Uno como novelista pasa dos o tres años en un ambiente determinado, con ciertas personas y de pronto todo concluye.

 

william Shakespeare. Todos venimos de él.

 

yasunari Kawabata. Mientras leía el bellísimo relato de Kawabata, La casa de las bellas durmientes, me he preguntado muchas veces cuánto se habría perdido en el trasiego de los signos originales a los recios vocablos españoles, cuántos matices, alusiones, perfumes, referencias o mensajes subliminales desaparecerían en el viaje lingüístico de una historia que, además de ser tierna, excitante y terrible, está tan cargada de simbolismo y de misterio como un texto de alquimia. Pero, en todo caso, lo que se ha conservado de ella es todavía mucho y el lector de nuestra lengua debe bucear en las densas aguas de esa ficción con el ánimo preparado para vivir una experiencia extraordinaria.

 

zhivago. Me gusta pensar que El doctor Zhivago de Boris Pasternak es una gran novela de amor. Yuri divisa a Lara de manera causal, en su juventud moscovita, y desde entonces un vínculo misterioso e irrompible se forja entre él y esa muchacha. La revolución, la guerra, los acercarán, apartarán, volverán a juntar y a separar, esta última vez definitivamente. En uno de los episodios más hermosos del libro, cuando Lara y Yuri viven unos días de apasionada intimidad, en la soledad de Varykino, una de esas noches el doctor Zhivago parece haber olvidado la zozobra de la vida, ser feliz. Ha pasado la mañana y la tarde jugando con Lara y con la hija de ésta; luego, ha escrito poemas, con una excitación y una urgencia que no sentía hacía mucho tiempo. Sale entonces a la puerta de la cabaña y lo que vislumbra lo devuelve, brutalmente a la realidad: una jauría de lobos, que la luna retrata contra la nieve, está allí, aguardando. La bella imagen es alegórica. El amor de Yuri y Lara transcurre así, cercado por enemigos gratuitos y feroces, que terminarán por devorarlo.

 
Nota: Textos tomados de entrevistas que sostuve con Mario Vargas Llosa (1993 y 2003) y fragmentos de algunos de sus ensayos publicados en La verdad de las mentiras.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz.
Ensayista y periodista cultural.

 

4 comentarios en “Abecedario de Mario Vargas Llosa