MÁS LEVE QUE EL AIRE

POR HANS MAGNUS ENZENSBERGER

Los lectores seguramente conocen los volúmenes de poesía Mausoleo y El hundimiento del Titanic del escritor alemán Hans Magnus Enzensberger, que ha publicado en Nexos anteriores. Aquí ofrecemos estos poemas inéditos en español.

Más leve que el aire

Los poemas no pesan demasiado. Mientras la pelota de tenis asciende Es más leve, creo yo, Que el aire.

Que el helio desde luego.

Que la sugestión, ese sarpullido

en nuestro cerebro,

que el fuego de San Telmo también

y los números naturales.

Todos pesan tanto como nada, para no hablar de los trascendentales, sus elegantes primos, aunque son innumerables.

Hasta donde sé, todo esto vale también para la corona radiante del imán, que no podemos ver,

para la aureola de los santos y, sin excepción, para todos los sonidos de los valses.

Más leve que el aire, como la olvidada desdicha

Almanaque

El hígado es mudo.

Leve es el polvo. El árbol no es tonto. Los dioses son sordos.

El hombre, poco correcto

Y no muy inteligente, Se complica demasiado

Y se da lástima.

El poder es obsceno. Se alegra la rabia. Las nubes son bellas, Dormir hace bien.

Se hace lo que se puede. Se muere. No se trata de eso. No tiene sentido.

La Tierra es vieja. Es caliente el regazo. Los muertos están fríos. La nada es enorme.

y el humo azul

del indiscutible último cigarrillo, es el yo naturalmente,

hasta donde sé. asciende el olor de la víctima del fuego, el favorecido de los dioses hacia el cielo. El Zeppelin también

Mucho se queda, sin duda, en vilo.

El peso más leve es quizá Lo que queda de nosotros cuando estamos bajo la tierra.

Hong Kong 1997

¿Han visto a los constructores de esta ciudad, esos acróbatas analfabetas, que trepan por los bambúes hacia el cielo? ¿Han comprado los pantalones más baratos del mundo y han dormido en las camas más costosas? ¿Han tosido con el humo del templo, han aspirado los diluvios del perfume que asciende de las cloacas? ¿Han escuchado el cencerro en el infierno

de los video juegos Y los alaridos en la bolsa de valores? ¿Han visto cómo los turistas se frotan los ojos

agotados por las compras, camarones rosas gigantes, detrás de los vidrios ahumados de sus autobuses?

No, esta ciudad en la que florecen cien flores,

no puede existir. Es un delirio,

una alucinación, una falsificación,

una víctima de la ciencia ficción, un milagro en ruinas.

Síntomas de abstinencia

He desertado con gusto. Estrategia o costumbre amada— para esto no se necesita, en serio, llegar a los setenta.

A los quince me pareció muy oportuno evitar ciertas exigencias delirantes. Por ese entonces me dije:

Un poco de distancia no puede hacerme daño. La retirada, afirman los especialistas.

es también un arte.

Los ataques contra ejércitos enteros.

—para el individuo con muy pocas expectativas—

sólo en casos de emergencia.

Otros lo ven de otra forma.

Se lanzan con gusto al frente.

se colocan en trincheras perdidas

insultando a voz en cuello.

No siempre es fácil decir

lo que es mejor. Yo. en todo caso,

prefiero retirarme, cuando debe ser,

hasta de mí mismo, si es necesario.

Poética de la mentira

Este poema comienza con las palabras:

retiro todo lo dicho, o más bien,

con otras palabras, dicho de otro modo,

mejor dicho: me retracto de todo

lo que he dicho hasta ahora, por ejemplo,

la frase que comienza con las palabras:

“me retracto de todo

lo que he dicho hasta ahora, por ejemplo, esa frase que comienza con las palabras…” y así sucesivamente.

¿Qué quieres decir

cuando dices y así sucesivamente “?

¿Y tú qué quieres decir

cuando me preguntas:

“¿qué quieres decir?”,

y así sucesivamente.

¿Todavía se permite preguntar, o no?

Quiero decir lo siguiente:

Si éste y éste de vez en vez

Han dicho esto y lo otro.

Ha querido decir que esto y esto

significa en este contexto:

Este poema comienza con las palabras:

“Me retracto de todo”.

¡Dilo otra vez!

¡No grites así’

En primero, yo no grito.

y en segundo, me parece

como si este poema no tuviera fin.

mientras uno de nosotros afirme:

“Me retracto de todo

lo que he dicho”.

Entonces me retracto de todo

lo (que he dicho.

Pero esto sólo vale desde luego

para este poema Ya estás mintiendo otra vez. No te das cuenta que la frase

“Ya estás mintiendo otra vez” significa algo muy diferente que cuando digo:

“Ahora miento otra vez” Nadie ha dicho eso. Estás mintiendo otra vez.

Visita

¿Qué desea? Soy el samaritano del lavado en seco. ¿Dónde está su identificación?

Oiga, yo no lo mandé llamar. Soy la salvación Que no necesita identificarse.

Está usted temblando ¿De qué tiene miedo? ¿Qué es ese ruido?

Es sólo un gancho de la ropa que ha caído al suelo. ¿Qué es ese olor?

Gases por mala carburación. Bálsamo.

Bálsamo para sus heridas.

Eso no era un gancho de ropa.

Eso no son gases por mala carburación.

Yo soy el destructor de sabandijas,

los primeros auxilios,

los santos óleos.

Quiero justicia.

No soy la autoridad competente.

Quiero venganza.

Yo la ejecuto.

No quiero hablar más.

Eso será lo mejor

Yo soy el que usted busca,

La tranquilidad misma.

Los límites de la imaginación

Es demasiado exigir que entiendas

por qué 9 a la 17 potencia es igual a 17:

que llegues a saber lo que el otro siente

cuando le duele una muela:

que pienses en las víctimas del terremoto,

cuando tú estás ahoraahoraahora en la cama

con tu novia, y nada más.

Analfabeta de la miseria,

mientras tienes dinero,

y como eres un pobre diablo

no te imaginas las severas preocupaciones

de los millonarios. Eterno nacional de tu país,

exiliado en tu propio nido,

incapaz de tomar parte en nada.

Querida primera persona del singular,

prodigio de la falta de imaginación,

intenta imaginarte,

cómo es el sabor del virus que se anida en tus pulmones cómo te ve el gato o algún Dios.

Imagínate, pequeñísimo guijarro,

cómo te hundes en el agua

y por encima de ti se cierra,

terso y sin huella,

el espejo del mundo.

Pero eso no puedes imaginártelo.

Confesión

De nuevo me sorprendo a mí mismo

—una costumbre más dulce

que la rabia, más peligrosa que fumar—,

admirando:

Al hombre que vive de dos huevos,

uno en la mañana pasado por agua,

el otro revuelto en la tarde

y más —dice él— no necesita;

Al chino que solo y su alma

estrena su jardín de lotos

en la frontera con Bohemia;

al lector que día y noche

corrige frases sin remedio;

a la esposa que se ha hecho seis liftings-,

al asaltabancos, al discjockey,

al político en su comité ejecutivo

y al vagabundo con sus bolsas rellenas de papel.

Todos son incansables, sin razón,

entregados como el topo incesante

y la hormiga discreta

en su trabajo enigmático.

Cada vez me resultan más difíciles

el odio, la envidia y el desprecio,

esos jóvenes sentimientos.

Un signo de debilidad.

Me gusta mi vicio original.

Sí, los admiro casi a todos,

perdedores, irresistibles,

cuando escarban y avanzan a tientas.               n

Traducción del alemán de José María Pérez Gay