OTRA VEZ LOS INDIOS

POR GONZALO AGUIRRE BELTRÁN

La fuerte cohesión de los pueblos étnicos, tomados en el engranaje de la expansión capitalista durante el proceso colonial, les permitió subsistir. Al adaptarse a los requerimientos de la dominación extranjera permanecieron tenazmente unidos a la vida de comunidad. Su segregación en repúblicas de indios no debilitó la solidaridad de grupo, el esprit de corps, sino que la reforzó. Sólo aquellos indios que forzosa o voluntariamente fueron substraídos a la seguridad de la república, sufrieron el condicionamiento que viene aparejado a las relaciones de producción capitalista y así pudieron romper los lazos que los ligaban a la comunidad. Pero los indios destribalizados nunca fueron más del 10% del total, a fines de la época colonial; el 90% restante eran indios de república.

Cuando el liberalismo promovió la independencia de México nuestros libertadores se propusieron crear una nación con los componentes de la población sin distinción de castas o clases, y en un rasgo de idealismo romántico declararon a los indios ciudadanos libres y con iguales derechos frente al Estado que el resto de los mexicanos. Los indios no fueron consultados y por supuesto rechazaron una igualdad ante la ley que rompía la cohesión comunal al propalar la propiedad privada y la individuación de la persona, el individualismo. En la empresa, como bien dice Bonfil, no tuvo cabida el indio. Este defendió su organización colonial a la escala de comunidad y resistió con éxito su integración a la escala nacional. Durante la Revolución de 1910 las comunidades indias permanecieron alejadas de la lucha hasta donde les fue posible, y al finalizar ésta presentaron igual resistencia a un cambio de escala y a la liberación del proceso de individuación. Los revolucionarios más radicales —los anarco-magonistas— pensaron que la organización comunal india facilitaría el pase a una organización comunal socialista, pero el fracaso no se dejó esperar, ya que no tomaron en cuenta que las formas de individuación étnicas son diametralmente distintas de las formas de individuación socialista.

Frente al idealismo romántico de los liberales, que rompía la cohesión comunal al propalar la propiedad privada, los indios defendieron sus formas de organización social, y rechazaron exitosamente su integración a la escala nacional.

Hoy, Bonfil, los ideólogos indios y las organizaciones indias representadas en Utopía y Revolución, pretenden sustanciar una organización política pan-india, supra-étnica, que quiere hacerse presente a escala internacional. Parecen no otorgarle valor a la escala en que operan las comunidades indias que dicen representar, ni a las características de la individuación que en ellas prevalece. Hablan de dar un salto que salve el peldaño de la integración que hizo llegar a la cultura occidental al capitalismo y al socialismo. Se engañan por las semejanzas aparentes que creen encontrar entre el comunismo de la comunidad india y el de la comunidad socialista ácrata. Esta trascendió el capitalismo del cual deriva; aquella persiste en no alcanzarlo. Si el indio ha de salir algún día de su escala actual y si ha de tomar el lugar que le corresponde en la lucha de clases, no será mediante utopía y revolución, sino necesariamente a través de su integración de un sistema capitalista o socialista que supere sus limitaciones. En las circunstancias actuales no veo otra manera —a no ser la de aislarlos en las cárceles de las reservaciones para que permanezcan incontaminados— de lograr la descolonización del indio y su liberación. Una organización política pan-india de carácter supra-étnico y supra- nacional no se alcanza sin una previa integración que haga posible la liberación del indio de las ligas que lo mantienen atado a la cohesión comunal.

—Nexos 48. Diciembre de 1981.