“Hace veintitantos años y una noche que dejé de escribir poemas”, dice Eliseo Alberto. “Entonces era un muchacho enamorado que andaba por el barrio de La Víbora con una flor de fuego en cada mano. Fue una puerta que acabé por cerrar a calicanto. De pronto hago letras de boleros para amigos trovadores y timo décimas, de chiste, que leo en los cumpleaños de los míos”.
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