Quizá fuera mi abuela quien me diera a conocer la existencia de los secretos. Y sobre todo, la necesidad, el derecho a tener secretos. En el gran armario de su dormitorio, al fondo de uno de los innumerables cajones, había un resorte que daba acceso a un hueco secreto. Todos los armarios, los grandes armarios —especificaba— tienen un compartimiento secreto.
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