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A finales de los ochenta, los académicos y políticos estadunidenses veían alarmados cómo Japón había desplazado a Estados Unidos del liderazgo económico. Después de un largo proceso de desarrollo industrial, las empresas niponas se colocaban como líderes en el sector automotriz, de semiconductores, industria electrónica y de computadoras. La respuesta de Estados Unidos a principios de los noventa, con el desarrollo de la tecnología de la información, la microelectrónica y la biotecnología, volvió a poner en alto a su economía, incluso recuperando el liderazgo en un espectro muy amplio de sectores.

Risaburo Nezu, Director de Ciencia, Tecnología e Industria de la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE), en E-Commerce: A Revolution With Power, plantea una serie de preguntas que vale la pena responder. ¿Por qué en un mundo globalizado, donde hay libre movimiento de mercancías, inversión y gente, no se ha dado un proceso de convergencia entre países desarrollados —como en el caso de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá— frente a Japón y los tres grandes de la Europa continental, Alemania, Francia e Italia? ¿Es la nueva economía algo real o sólo una moda publicitaria?

La OCDE muestra los datos duros y afirma que los economistas del Consejo de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) han destacado que la Tecnología de la Información (IT) contribuyó con más del 20% al crecimiento económico de 1996 a 1999 (de 1.1% a 4.9%). Lo que resulta más concluyente son las cifras de productividad: mientras que entre 1973 y 1995 la productividad creció 1.4% en promedio, después de 1995 se ha duplicado a 2.9%. La aceleración ha continuado si consideramos los datos del primer y segundo trimestre de 2000 (3.9 y 5.2%, respectivamente).

La evidencia más contundente de la Nueva Economía es el contraste entre el largo ciclo económico actual de 114 meses de extensión y los ciclos de negocios previos, en los que una elevada productividad iba aparejada con un fuerte crecimiento económico en los años iniciales de la recuperación, para después decaer al llegar a su madurez. En cambio, en esta ocasión el ciclo económico comenzó en 1991 y, a pesar de su larga duración, la productividad está aún en un crecimiento acelerado. A su vez, ha sido destacado el efecto de la IT en los sectores tradicionales de la industria y en la competitividad nacional.

Sin embargo, el estudio de la OCDE no destaca un aspecto crítico, puesto que los efectos indirectos aún no se amplían al resto de la economía. La producción industrial en Estados Unidos es dirigida por la nueva economía, y el desempeño de las industrias de computadoras, comunicación y semiconductores se diferencia del resto de las manufacturas. La gráfica de Standard &Poor’s/DRI es muy elocuente. Incluso, en lo que respecta al primer semestre de 2000, la Fed señaló que el crecimiento industrial fue del 7%; excluyendo a esas tres ramas fue de 1%. Esto lleva a la posibilidad de que: a) las nuevas tecnologías se esparzan hacia las industrias tradicionales y el crecimiento se vuelva más homogéneo; b) se mantenga la fuerte disparidad entre los dos sectores, concentrándose los beneficios del progreso tecnológico; c) la divergencia entre los dos sectores, el dinámico y el estancado, se vuelva insostenible. En este sentido, las relaciones económicas interindustriales tan desiguales hacen que el hilo se rompa por lo más delgado. La imposibilidad de seguir creciendo exponencialmente causa el desplome del mercado accionario de Alta Tecnología (Nasdaq), provocando un crack semejante al del 29, pero con otras industrias de punta muy diferentes a las de entonces.

Por lo que respecta a la primera interrogante planteada al principio, cabe señalar que el traslado de procesos productivos intensivos de mano de obra a países como México, le han permitido a los corporativos estadunidenses estar en el mejor de los mundos posibles. Por un lado, reducir costos dadas las impresionantes diferencias de salarios con su vecino del sur; y por otro, al centralizar la matriz en los servicios de alta tecnología con mayor valor agregado y mantener los procesos estratégicos de producción bajo su control, permite ofrecer los trabajos más especializados dentro de sus fronteras. A su vez, la alta dirección permite escoger las mejores opciones de localización de los procesos productivos, manteniendo un fuerte control del know-how. Esta tesis permite entender claramente el proceso de reindustrialización de la economía mexicana ocurrido entre 1994 en base a dos indicadores: la participación del valor agregado bruto manufacturero en el total y el porcentaje de las exportaciones de las maquiladoras (In-bond industry) en las exportaciones totales.

En 1994, año en que entra en operación el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, la participación del valor agregado bruto manufacturero en el total era del 18.9%, mientras que en 1999 ya era del 21.4%. Por lo que hace a las exportaciones de las maquiladoras, los porcentajes correspondientes fueron de 43.1% y 46.8%.

El movimiento hacia el comercio electrónico ocurre con demasiada lentitud en las viejas superpotencias industriales porque hay una fuerte resistencia en algunos países a abandonar las prácticas tradicionales de los negocios y de las relaciones industriales. Incluso, algunos dirigentes se muestran escépticos de que la nueva economía sea real. En cuanto a los economistas, esto se ve de manera más evidente en corrientes más conservadoras, como los monetaristas, que ven con mucho temor cómo se han alterado ciertos parámetros de estabilidad. Por ejemplo, se ha desafiado abiertamente la teoría del NAIRU (non- acceleration inflation rate of unemploeyment) que establecía que la economía de Estados Unidos no podía registrar una tasa más baja del 5.5% sin generar inflación. El corolario de esta tesis es que el límite de crecimiento era del 2.75% para Estados Unidos. Hoy se acepta que el límite de velocidad es del 4% y ya no es tan claro que exista una relación inversa entre crecimiento e inflación.

En cuanto al desarrollo económico, la brecha entre los países sub-desarrollados y los países desarrollados se ampliará cada vez más en el siglo XXI si los primeros no logran desarrollar las nuevas economías —el comercio electrónico, las telecomunicaciones—. Las naciones más pobres estarán condenadas no sólo a especializarse en procesos productivos intensivos en mano de obra, sino, lo que pudiera ser más grave, quedar marginados de la globalización de la economía al no interactuar con los países más avanzados. Algo similar a lo que ya sucede en algunas comunidades indígenas de México. 

 

Pablo Álvarez Icaza Longoria
Director de Análisis Económico de Bursamétrica Management.