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Barómetro

De espectros y resurrecciones

Por Rolando Cordera Campos

Rumbo a la temporada de huracanes y ciclones, en el país se adelantan los barómetros para indicarnos bajas presiones y elevadas, muy elevadas, pasiones. No hay necesidad de exagerar para advertir que en el año político que debe concluir en julio del año próximo, la democracia se pondrá a prueba. No hay petate alguno que esgrimir, porque el espectro autoritario parece hoy más un clochard que un fantasma capaz de recorrer nuestra geografía humana, pero es claro que una democracia como la que hoy tenemos puede quedarse así por años, dando lugar a un Estado harapiento y a un país encogido, sin capacidad real para aprovechar las ventajas y las promesas del cambio hecho a tan alto costo.

Los partidos se devanan los sesos en busca de hombre y de nombre. No de otra manera puede interpretarse tanta y tan vacua insistencia opositora en las alianzas y las coaliciones que, por otro lado, nadie parece querer en serio. Lo cierto es que en todas las coordenadas de la flamante política democrática se admite, en los hechos, la falta alarmante de propuesta, liderazgo, visión capaz de adelantar un proyecto nacional digno de tal nombre.

Los héroes suelen cansarse, pero el cansancio que sufren los de la actual transición no tiene precedente. Antes de la meta ansiada de la normalidad democrática, reconocida por todos, los prohombres de la mudanza política y sus destacamentos se muestran exánimes, piden auxilio presidencial sin dejar por un momento de presumir el fin del presidencialismo y acaban por rendirse a la evidencia cruel e inclemente de su inmadurez como fuerzas dirigentes.

En épocas pretéritas, anteriores al fin del atlantismo que era propio del mundo bipolar, nadie hubiese temido llamar a ésta una situación «pregolpe», o advertir sobre el inminente peligro de un giro autoritario. Hoy, en los inicios inéditos de la era de Otán, son pocos los que se atreven a vaticinar panoramas de esa suerte. Todo es presente continuo, aunque ahora con batallas humanitarias aéreas y a distancia cibernética.

El rififi priista ha acaparado la atención del personal. Si se le ve bien, esta peculiar precampaña rumbo a las primarias universales de un partido que tampoco puede ya decir su nombre, porque se asusta, más que llevarlo a la escisión final puede abrir paso a una insólita recuperación política y sobre todo electoral. Se trata, sin duda, de una operación hecha en el filo de la navaja, a pesar de las presuntuosas posturas de sus máximos dirigentes, pero recuperación priista puede haber, aun a costa de someter  presiones sobrehumanas a sus tejidos primordiales… los que le queden.

Cómo saldrá el PRI y cómo saldremos los demás mexicanos del ejercicio  no lo sabemos, pero es un hecho que el sexagenario partido que refundo Alemán estará expuesto ante la opinión pública por meses y meses, lo que le permitirá a sus artífices y expertos de la encuesta y la imagen ensayar altos contrastes, reeditar reflejos conservadores en la ciudadanía (más vale malo…, etc.) y hasta sus perplejos militantes tendrán tiempo para adecuarse a los nuevos ritmos de la competencia abierta. El PRI podrá recuperar votos pero no el tiempo perdido, y ahí está una brecha que sólo puede llenar la nueva política que nadie ha sido capaz de siquiera balbucear.

De otras maneras de perder tiempo… y vida

En ocasión del día Mundial del Medio Ambiente, el doctor José Sarukhán lanzó un escueto y ominoso llamado de alerta. El horizonte de una pérdida irreversible de biodiversidad no se aleja, como pasa con todos los horizontes, sino está cada vez más cerca de todos. «En un tiempo no demasiado lejano», advirtió el ex-rector de la UNAM, «vamos a enfrentar una crisis de tamaño monumental de la que no tenemos idea… Si no actuamos ahora en serio para revertir las tendencias de destrucción habrá un costo inmaterial más allá de cualquier posibilidad económica» (La Crónica de Hoy, 05/06/99, p. 6B). Aquí ya no hablamos del milenio que nunca llega sino de lo que ocurrirá en éste que ya está con nosotros. La severa y grave reflexión del científico debería volverse eje maestro de la política inaugural de la democracia mexicana, entre otras razones porque aquí sí que no hay recuperación con base en argucias de última hora. Para la visión científica de fondo, el tiempo se acaba y de ser así no volverá… al menos para nosotros.

Ayuda de memoria

Después de la paz sepulcral con que se inicia el humanismo a distancia, Europa tendrá mucha tarea: no sólo redefinir su propia concepción del humanismo, que no puede ser la de los axiomas de Clinton y su general Clark, así sean traducidos al europeo por Javier Solana; también, ajustar cuentas con las nociones de seguridad, cooperación y bienestar generalizado, en las que parecía basarse la gran ambición europea, del «Atlántico a los Urales». ¡ Nada menos! Con tan rápidos y obsecuentes alineamientos al festivo modo americano de entender y jugar con la vida de los demás, el faro de la madurez y la sabiduría europeas quedó un tanto empañado. Y el realismo ramplón de estos tristes meses da para poco, si se toma en serio la magnitud de la aventura que parecía estar a punto de empezar a consumarse con el mercado y la moneda únicos.

La UNAM derrotada: ¿habrá quién la libere y reconstruya? Se va a necesitar de algo más que del clásico ¡goya! para siquiera pretender hacerlo. Esta vez el golpe fue más que en serio. Y quién sabe para qué.

Las economías exitosas del Cono Sur (Argentina y Chile) topan con pared y buscan fondo; y todos, exitosos o no, topamos de nuevo con la gran lección de que esta no es época para recetas o consensos hechos al vapor. Bienvenida la convocatoria unitaria (Consejo Coordinador Empresarial, «Es por México. Un llamado a la unidad», México. 1999,13pp.) con que Eduardo Bours termina su gestión al frente del CCE. Lo que falta es lo que no nos ha sobrado: disposición para el diálogo y para rechazar el monólogo; asumir de entrada que no hay soluciones óptimas únicas y que las oportunidades, en la economía y el resto de la vida, suponen acuerdos políticos y sociales grandes y pequeños donde la lógica que importa y mueve las voluntades no es unívoca… aunque se tenga que sacrificar en un cierto momento la maximización de los lucros. De la capacidad para hacerlo depende, en gran medida, que los beneficios se sostengan y, al cabo, se agranden.

Los libros sobre la mesa

No hay esta vez ánimo para novedades. Sí para re-lecturas: Polanyi y su Gran Transformación, que el Fondo de Cultura Económica puso en castellano hace unos años, gracias entre otros al empeño de Carlos Bazdresch que a la sazón dirigía El Trimestre Económico. El interés por Polanyi crece en Europa, Canadá y los Estados Unidos, y aquí debería ser libro de cabecera de los que han llegado a vislumbrar que la idea de cambio no alude necesariamente a lo bueno, que lo nuevo puede traer consigo también lo malo, para el individuo y la sociedad. Tocqueville y sus Recuerdos de la Revolución de 1848 (Trotta, Madrid, 1994): basta con mirar alrededor y no olvidar las jornadas de la legislatura «histórica», o el festival macabro de los huesos y las pacas, o la tormenta mediática desatada sobre todos nosotros por el asesinato de Francisco Stanley, para valorar y revalorar al agudo descubridor de los «hábitos del alma» de la democracia en América.  n

San Pedro Mártir, 10 de junio de 1999

Rolando Cordera Campos. Economista. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Es director de Nexos TV.