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El pasto y la educación superior

Ya se sabe. Las universidades e institutos de educación superior pueden tener cuotas altas, cuotas bajas o no tener cuotas, trabajar o no trabajar, investigar o dejar —como quería Unamuno— que investiguen otros o, finalmente, enseñar mucho, poco o no enseñar en absoluto a sus alumnos. Sin embargo, todos esos centros del saber, máximas casas de estudio, sedes donde el espíritu habla, grita, asalta autobuses o eleva barricadas en nombre de la raza, cuentan con un denominador común: tienen prados sembrados con pasto.

De ahí que, en los más famosos claustros académicos de la capital de la República, la sugerencia de no pisar el césped deba aparecer sobre los verdes o amarillentos campos y plantarse de acuerdo con el ethos particular de cada uno de ellos, según el siguiente elenco establecido por métodos de diálogo, consenso y consulta a las bases:

• Universidad Iberoamericana: No pises el pasto, no seas naco.

• Universidad Panamericana: Excomunión reservada al Sumo Pontífice para toda persona que profane el pasto.

• Universidad Anáhuac: Se multará con dos mil dólares o su equivalente en pesos al que dañe el pasto.

• Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey: Cultiva tu propio pasto. Asesoría gratuita.

• Universidad Autónoma Metropolitana: No pises en el pasto.

• Instituto Tecnológico Autónomo de México: Esta institución no siembra pasto: no es productivo.

• Universidad Nacional Autónoma de México: No te fumes el pasto.

• Instituto Politécnico Nacional: No te robes el pasto.