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Ciencia política a l’ancienne

Por Jean François Prud’Homme

El libro más reciente de Soledad

Loaeza es un estudio amplio sobre los orígenes y la trayectoria del PAN. Su campo de acción se extiende hasta la misma historia política de México.

El primer aspecto que llama la atención de El Partido Acción Nacional: La larga marcha es la manera en que la reflexión y el análisis se inscriben en otro tiempo: el de la coyuntura del organizador. Esto permite que estemos frente a una obra original que acepta el reto de la interpretación en el largo plazo. Hay allí una exigencia de consistencia que ha sido bien respondida. En el libro encontramos muchas de las ideas y conclusiones que ha formulado antes Soledad Loaeza acerca de Acción Nacional y de la vida política mexicana. Sin embargo, esas ideas y conclusiones han sido reexaminadas y adaptadas para insertarse en un marco de interpretación general del proceso de cambio político mexicano en lo que va del siglo. No esperen encontrar aquí una compilación de artículos ya publicados. El libro tiene un contenido original, rico y denso. El Partido Acción Nacional: La larga marcha es resultado de una también larga y seria trayectoria académica.

Como en todo producto de larga maduración encontramos en la obra ideas de fuerza que le dan coherencia y distinción así como matices y detalles que aportan riqueza y complejidad y que se pueden leer como varios subtextos.

Existen varias tradiciones de análisis en la ciencia política para abordar el tema de los partidos: algunas insisten en los aspectos relativos a la organización, que se haga mediante el estudio de las estructuras o de los procesos; otros privilegian a los hombres, a sus ambiciones y estrategias. En este aspecto el libro de Soledad Loaeza se inscribe más bien en una tradición clásica de inspiración europea que otorga un peso importante a las ideas que reúnen a los individuos en un mismo proyecto político, y a partir de allí estudia otros aspectos de las organizaciones partidistas. Uno piensa en los trabajos del alemán Von Beyme en torno a las familias de partidos o en la obra del francés Georges Lavau en torno al Partido Comunista Francés. Todo ello se combina muy bien con una tradición de la ciencia política mexicana que ha sido desarrollada en esa misma institución. Estamos frente a un sólido libro de ciencia política a l’ancienne y adscribo un sentido positivo a la expresión.

Esa tradición se expresa en la estructura general de cada uno de los capítulos. El análisis cronológico de la historia de Acción Nacional se desarrolla tomando en consideración primero el contexto cultural que nos habla de un Zeitgeist, de las ideas como forjadoras de marcos de interpretación de la realidad y como estímulos para la acción. Después se toma en consideración la coyuntura como expresión del carácter único de la historia y de la política tanto en sus dimensiones internacionales como nacionales —me imagino que hay aquí un guiño de ojo a Raymond Aron—. Luego se examinan las instituciones políticas en su relación de interdependencia con los actores colectivos que mediante ellas interactúan. Y, finalmente, se habla de los hombres, de sus motivos y de su convivencia en el seno de una organización.

Todo ello da por resultado un estudio denso, sólidamente documentado, complejo, que aporta una interpretación novedosa no sólo de Acción Nacional sino también de la historia política moderna del país.

Dada la riqueza del estudio, no voy a dar cuenta de él de manera exhaustiva. Me voy a limitar a mencionar los que me parecen los dos argumentos principales de la autora y algunas ideas que dan cuenta de la originalidad de la obra. El primer argumento es sencillo y bien desarrollado a lo largo del libro: la historia del PAN no puede ser analizada fuera del proceso de modernización del país. Soledad Loaeza nos habla de la «densidad histórica de las instituciones» y coloca en una relación de interdependencia y a veces de reflejo al entramado político institucional —el Estado— y a las organizaciones que en él interactúan. Eso le permitirá llegar a sus conclusiones sobre la institucionalización tardía de Acción Nacional.

El segundo argumento concierne más directamente a la evolución misma de Acción Nacional. Hasta los años ochenta, Acción Nacional ha sido una organización débil que ha dependido en parte de sus alianzas coyunturales con otras organizaciones de vocación más social sin que eso signifique pérdida de identidad; en parte de la dinámica de evolución del sistema político —allí hay algo que tiene que ver con la variable voluntad presidencial— y en parte con el contexto cultural general relacionado a las ideas disponibles en la familia ideológica de Acción Nacional. A pesar de esa situación de heteronomia, Acción Nacional logra constituir un acervo de recursos (ideas, doctrina, organización) que permite su consolidación e institucionalización como partido político en la década de los ochenta. Más allá de esos argumentos, hay otras ideas cuyo desarrollo constituye los subtextos de la obra.

En el capítulo que trata de los orígenes del PAN y que busca sus filiaciones en las ideas de la derecha laica europea del periodo de la entreguerra —especialmente la influencia del gobierno de Miguel Primo de Rivera sobre las concepciones de Manuel Gómez Motín—, aparece en filigrana una reflexión muy interesante sobre la relación entre liberalismo, conservadurismo y democracia representativa en México. El periodo de la entreguerra en el mundo presenta esa característica curiosa de producir modelos de gobierno antagónicos a partir de cuerpos de ideas que muchas veces presentan similitudes parciales y cuyos efectos políticos son difícilmente previsibles en términos de desenlace democrático u autoritario. Soledad Loaeza realiza un interesante trabajo de genealogía de esas ideas y rastrea las paradojas de su destino político. La autora parece sugerir que existe un interesante juego de reversión de los signos sobre todo cuando a partir de los años ochenta se empiezan a releer algunos elementos de la doctrina panista desde una perspectiva liberal democrática. Esas ideas constituyen un terreno fértil para reflexionar sobre el destino político de algunas tradiciones de pensamiento político en el país.

El libro es también una reflexión sobre el proceso de «modernización política» que ha vivido el país a lo largo de casi todo un siglo. Uso la expresión «modernización política» en el sentido que le ha dado una corriente de la ciencia política contemporánea. No en balde Soledad Loaeza reconoce en sus agradecimientos la influencia de politólogos como Dahl, Huntington y Linz. Esas influencias están también presentes en el trabajo y se agregan a las que mencioné anteriormente. La insistencia en el concepto de modernización política permite apreciar cada periodo de la historia de Acción Nacional en su contexto específico.

Hay una voluntad explícita y bien lograda de comprender en coyunturas dadas la acción del PAN y de los otros actores políticos en función de los recursos culturales, sociales y políticos disponibles en el momento. Esa perspectiva evita aplicar al pasado percepciones actuales de la política. Me parece especialmente sano cuando nos referimos al tema de la democracia política: da lugar a explicaciones más complejas y potentes.

Si a lo largo del trabajo el acento está puesto en la dimensión del cambio, hay sin embargo un lugar para la continuidad. El dilema que vivió el PAN a lo largo de su historia entre participación y abstención en el sistema político está presente en todo el libro, sobre todo cuando se trata de explicar los conflictos internos. Es un dilema que ahora vuelve a manifestarse, aunque con menos intensidad, en el diseño de las estrategias legislativas de esa formación política. Lo interesante es que Soledad Loaeza le da dimensiones de tragedia clásica en donde los imperativos de la acción política y los de la moral se enfrentan frecuentemente. Esa tragedia tiene a sus héroes en el sentido también clásico de la palabra: Manuel Gómez Morín, el pragmático, y Efraín González Luna, el doctrinario. Detrás de la complementaridad aparente de la concepción política de esas dos personalidades fundadoras del PAN, yace una tensión latente que se manifestará de modo recurrente en la historia del partido. Es como si ambos hubieran dejado en herencia modelos culturales de identidad partidista que son a la vez condición de sobrevivencia y origen de crisis fuertes. El tema del dilema de la oposición leal no es nuevo: Soledad Loaeza lo había planteado antes. Sin embargo, su aplicación a la definición de modelos de cultura partidista resulta especialmente interesante. Es una pista que se abre a la exploración.

Cuando se construye una perspectiva de análisis, se opera un proceso de selección entre dimensiones y variables: se pone el acento en ciertos aspectos en detrimento de otros. Hay dos elementos que están presentes constantemente en el estudio pero que por momentos desaparecen de las conclusiones parciales.

He mencionado que uno de los argumentos principales se refiere al proceso de institucionalización de la organización: hasta el inicio de los años ochenta, el desarrollo de dicha organización parece marcado por el signo de la heteronomia, es decir que el destino del PAN aparenta depender en gran medida de circunstancias externas a las cuales aludí antes. En los pormenores del análisis de los periodos de cambio en el seno de la organización se menciona el papel de los distintos grupos y de los dirigentes en la elaboración de estrategias de adaptación al nuevo entorno. Sin embargo, no se recupera esa dimensión en las conclusiones parciales. Eso me deja con una pregunta: durante todo ese periodo, ¿cuál fue la posibilidad real de los panistas de influir sobre la sobrevivencia y el destino de su organización?

El libro constituye una magnífica e invaluable fuente de información sobre la relación entre grupos y facciones en el seno del PAN a lo largo de su historia. En su análisis sobre influencia de las ideas en el surgimiento de Acción Nacional, Soledad Loaeza insiste en la concepción secular y moderna en la política preconizada por Gómez Morín. Esto me lleva a preguntarme sobre el papel de las reglas y procedimientos en el mantenimiento de la cohesión interna de Acción Nacional. Llama la atención el hecho de que las crisis y escisiones que se han dado en ese partido nunca hayan permitido la creación de una opción opositora que le hiciera la competencia al propio PAN. ¿Cuál es el papel de las reglas y procedimientos en el mantenimiento de la cohesión interna de ese partido?

Para terminar quisiera mencionar otra gran cualidad del libro que constituye en sí un ejemplo para estudios futuros sobre partidos políticos en México. A lo largo del texto, llama la atención la distancia y objetividad con que Soledad Loaeza aborda su objeto de estudio. El libro está marcado por la voluntad de entender y explicar la historia del Partido Acción Nacional y del sistema político mexicano. Hay sin embargo una preferencia que expresa la autora en sus conclusiones. Y es una preferencia muy sana para quien estudia a los partidos políticos: «los partidos siguen siendo las instituciones más apropiadas para encauzar una relación dinámica y fluida entre el poder y sociedades heterogéneas. La historia del siglo demuestra que puede haber partidos sin democracia, pero que sin partidos no hay democracia».  n

Jean Francois Prud’homme. Politólogo. Profesor-investigador de El Colegio de México.