Alejarse de los extremos

Por Jesús Silva-Hérzog Flores

En los tiempos que corren, el tema de la sucesión presidencial ha cobrado una gran actualidad. Sin duda, estamos adelantados y nerviosos en esta nueva etapa de nuestra incipiente democracia. Los dos números anteriores de Nexos han hecho, sin duda, una contribución positiva a este debate necesario. El libro de Jorge Castañeda La herencia. Arqueología de la sucesión presidencial en México es ciertamente una referencia fundamental en esta discusión política, por cierto postergada durante largas décadas.

El número de Nexos correspondiente al mes de abril contiene importantes experiencias de los expresidentes vivos y de aquellos que se mencionan como posibles para participar en los comicios del 2000. A mi juicio fue un gran logro periodístico y el ejemplar correspondiente será conservado como referencia por los lectores. En el número de mayo se solicitaron comentarios críticos a destacados escritores y analistas políticos sobre los planteamientos hechos en el número anterior.

El resultado es igualmente estupendo y representa algo de lo mucho que nos queda por hacer en la discusión pública sobre las grandes cuestiones nacionales. El tono de todos los comentarios a los planteamientos originales es altamente crítico. Y eso es bueno. El hombre político debe saber siempre que lo que diga puede enfrentarse a voces que lo van a juzgar, a veces, con especial ojo crítico. Y eso, repito, es bueno y necesario. En la actualidad, no hay nadie que tenga la verdad en sus manos y la manera de acercarnos a ella —si es que existe— es con actitud flexible, tolerante, abierta, y dispuesta a escuchar a los demás.

Sergio Sarmiento, periodista respetado y respetable, autor de “Jaque Mate”, columna diaria en el Reforma, fue mi crítico. El título de su comentario lo dice todo: “Jesús Silva-Herzog F.: De la tercera vía al lugar común”. Ni modo. Casi un jaque mate. Hace varias semanas, los editores de Nexos me solicitaron la respuesta a tres preguntas sencillas en un espacio breve. Lo cumplí y envié dos cuartillas. La crítica fundamental de Sergio Sarmiento consiste, básicamente, en que mis comentarios “poco ayudan a establecer el nuevo rumbo que tanto necesita nuestro país”. Y tiene razón. Difícilmente se podría hacer en unas cuantas líneas. Creo que no era el propósito, ni mi intención.

Algunos puntos centrales:

1. El proceso de globalización es un hecho real, irreversible y del que no se puede sustraer una nación como la nuestra. Sin embargo, hay que aprovechar las oportunidades que ofrece y reducir sus riesgos, y hacerlo con el reconocimiento de las características propias de cada país participante. Para decirlo en pocas palabras, frente a los dictados de afuera hay que defender lo nuestro. No hacerlo, puede traducirse en un proceso de asimilación.

2. México necesita crecer más para atender mejor nuestras enormes necesidades. Sólo con un mayor crecimiento será posible lo demás. Para ello se requiere volcar el uso de todos los instrumentos de política económica hacia ese objetivo. Hacerlo alejado de actitudes dogmáticas que han estado presentes en los últimos años.

En algo más de 15 años, el crecimiento medio real ha sido insuficiente para elevar el ingreso por habitante y para absorber el aumento de la fuerza de trabajo. El número de pobres es mayor.

3. El clima político que vivimos ha generado un cierto encono social. Todos contra todos. Hay ausencia de acuerdos fundamentales. El lanzamiento de una propuesta se acompaña con la descalificación anticipada de todo aquel que exprese divergencia. Mi llamado a la formación de consensos básicos no es un llamado a la parálisis como interpreta Sergio Sarmiento. Muy por el contrario, es para avanzar con paso más firme.

4. No existe, en ningún lado, que yo sepa, una definición clara de la llamada Tercera Vía, o de la Nueva Opción. A mi modo de entender, es simple y llanamente alejarse de los extremos. Ni una excesiva intervención del Estado en la vida económica, ni tampoco ceder el terreno y pensar que el mercado —el fundamentalismo del mercado— vaya a resolver todos los problemas.

En un país donde casi la mitad de sus habitantes viven en la pobreza y en donde existen enormes disparidades se requiere un gobierno fuerte, democrático, eficiente y honrado.

5. Por último, Sergio Sarmiento señala que vivo de una pensión del Banco de México y que estoy jubilado de todo lo demás. No es así, vivo en plena actividad. Trato de repetir “lugares comunes” con la esperanza de que, de tanto repetirlos, se hagan realidad y no haya necesidad de seguir mencionándolos. n