Al salir de la estación Lindavista del metro, en el norte de Ciudad de México, el usuario encuentra el paisaje conocido: decenas de puestos ambulantes o semifijos. Pese a que cada día alrededor de 14 000 personas transitan esa estación, muchos no han advertido en las últimas décadas que detrás de los comercios hay toda una colonia construida con lámina: el campamento Colector 13.
Habilitado como refugio temporal tras el terremoto del 19 de septiembre de 1985, el campamento alberga hoy a 250 familias de diversos orígenes. Aunque la mayoría de los damnificados ya obtuvo vivienda y otros ya murieron, unas treinta de esas familias permanecen en el predio, en espera de su oportunidad para irse a una casa de concreto. Cuarenta años después.
Tales personas viven hacinadas, corren riesgos sanitarios e incluso de muerte; se duchan todos los días sin regadera, duermen bajo techos de lámina, comparten su privacidad con los vecinos; soportan señalamientos públicos y han sobrevivido tres incendios. Han hecho una vida completa: tienen nietos y bisnietos.
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