Jalisco

La crisis humanitaria por la desaparición de casi 16 000 personas en Jalisco puede observarse desde varios ángulos. Describir su perfil estadístico es uno de ellos, pero no es el único. Lo que sigue es una crónica de los sucesos y noticias sobre el tema que no paran de inundar la vida cotidiana de quienes vivimos aquí, aun en este verano en que, al parecer, deberíamos estar en la fase baja de un ciclo ya conocido de violencia. Es la noche del domingo 26 de julio y lo que ocurrió en las últimas 72 horas muestra varios aspectos de una tragedia colectiva que, contrario a las cifras oficiales y al optimismo injustificado de las autoridades, no deja de crecer y volverse más compleja.

Viernes 24

Desaparición múltiple y promesa incumplida de pacificación. El diario Milenio Jalisco dio a conocer la desaparición de tres empleados de una empresa de mudanzas, vistos por última vez el 7 de julio en el municipio de Villa Hidalgo. Fueron contratados para hacer un flete a Guadalajara, destino al que nunca llegaron. Se sabía del caso desde el 12 de julio, al menos, cuando se emitieron cédulas de búsqueda. Cuadrante 7, un medio noticioso de la región, dio a conocer que el destino del flete fue en realidad el municipio vecino de Teocaltiche, no Guadalajara. También que se encontró el vehículo de la mudanza, abandonado y con restos de sangre. Villa Hidalgo y Teocaltiche están en los límites de Jalisco con Zacatecas y Aguascalientes y forman parte de un polígono de violencia que abarca los Altos de Jalisco. Ahí se han enfrentado durante años, principalmente, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa (CDS), dejando una cifra enorme de homicidios y desapariciones. Al parecer la descomposición del CDS por el conflicto entre los grupos criminales de los Guzmán y de los Zambada inclina ahora la balanza a favor del CJNG. Tal vez pensando en esta recomposición de fuerzas, y para sorpresa de todos, el gobernador emecista Pablo Lemus declaró en abril que “pacificaría” Teocaltiche en 30 o 45 días como máximo. Eso no ocurrió. La desaparición de los tres empleados de la mudanza y el asesinato de dos mujeres en Teocaltiche el 23 de julio, noticia también de este viernes, confirman no sólo que la promesa de Lemus fue una ocurrencia sino que no hay una estrategia consistente para recobrar la seguridad de la zona.

Desaparición forzada extendida e impune. El 10 de julio a una familia de cuatro integrantes la sacan de su domicilio en Zapopan y la asesinan en un municipio cercano. El asesinato tuvo como móvil el robo y fue perpetrado por al menos dos policías de Zapopan en activo, y uno más que antes se desempeñaba como tal. Ninguno fue detenido. Se supo el viernes que el expolicía homicida había sido denunciado antes por la desaparición de una persona pero no se tuvo éxito en vincularlo a proceso. A propósito de la desaparición forzada, el mismo día Milenio Jalisco puso en primera plana que las corporaciones de 31 municipios de la entidad habían enfrentado procesos penales por desaparición de personas, según el estudio de una firma. Aunque la nota no lo dice, sabemos por fuentes oficiales que se trata de más de trescientos imputados desde el 2019. A muchos de ellos los exoneraron en su primera audiencia y apenas hubo quince con sentencias condenatorias hasta octubre del 2024.1 La fiscalía de Jalisco ha tenido más éxito en casos de desapariciones cometidas por particulares, aunque la impunidad es casi total. El viernes supimos que se impusieron 35 años de condena a un hombre que asesinó en Chapala a una ciudadana venezolana y cuyo cuerpo ocultó hasta que fue detenido.

El reclutamiento de menores de edad. La Comisión de Búsqueda de Jalisco publicó en su página de Facebook la cédula de Santiago Gael, de 17 años, desaparecido en Guadalajara el 20 de julio pasado. Su caso nos recuerda que hay en Jalisco una creciente desaparición de menores de edad, según advirtió desde mayo un grupo de académicos de la Universidad de Guadalajara. Según los datos, el número de jóvenes de 15 a 19 años que no podían localizarse había crecido significativamente en el primer cuatrimestre del año respecto al 2024. La ola continúa y sigue una tendencia alcista que comenzó el verano pasado y se aceleró a partir de este año, a pesar de una mayor vigilancia policiaca en las centrales de autobuses, usadas como puntos de coordinación de una estrategia muy activa de incorporación y entrenamiento de cuadros armados y preparados para ejercer violencia extrema. Un cálculo conservador indicaría que se trata de al menos cien menores de edad desaparecidos de esta forma en lo que va del año y aún sin localizarse, muchos de ellos originarios de otros estados del país.

Sábado 25

Desaparición múltiple atribuida al CJNG. Entre el 10 y 12 de julio de este año se vio por última vez a tres jóvenes de Tlajomulco de Zúñiga, uno de los municipios de México con más denuncias de personas desaparecidas y de fosas clandestinas. Como es una constante, no hay ninguna información oficial. Pero el sábado por la noche me compartieron una versión persistente que circula en la colonia: los habían atrapado robando y por eso el cártel “de las cuatro letras” los habría “desaparecido”. Desaparición significa aquí privación ilegal de la libertad, asesinato y ocultamiento de los cuerpos. El rumor es verosímil. Hemos podido identificar casos de personas desaparecidas cuya ausencia se atribuyó por diversos testigos a esta causa2. El CJNG actuaría en represalia por robos contra integrantes de la misma organización y/o habitantes de una zona bajo su control. Esperemos que en este caso se trate sólo de un rumor y que estos jóvenes sean localizados pronto y con vida.

Kathia Recio

La inacabable localización de fosas clandestinas. Entre el 22 y 26 de julio el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco descubrió restos humanos en un predio baldío situado en el municipio de Tonalá, Jalisco. Llegaron al lugar por una denuncia anónima y resultó positiva. El martes 22 se encontró una primera víctima y durante la semana se añadieron cuatro más. Un video en directo transmitido el sábado por su página de Facebook anunció la localización de una sexta persona. Se escucha la voz de Índira Navarro, lideresa del colectivo, describiendo las características de los restos encontrados y de la ropa que la víctima traía puesta. Víctimas recientes la mayoría, algunas reportadas como desaparecidas a principios de julio y puestas en el lugar con pocos días de diferencia. Difícil reconocer la autoría del CJNG, cuyas víctimas suelen ser múltiples, segmentadas y sin mediar denuncias anónimas que conduzcan a su localización, al menos no inmediatas. Es innegable que el ocultamiento de víctimas letales se ha propagado desde hace años como práctica común entre delincuentes, al margen de su grado organizativo, en y asociación con muchos otros delitos.

Siempre es poco lo que se puede decir sobre la contribución de los colectivos de búsqueda. En Jalisco al menos siete agrupaciones han desarrollado una actividad de varios años de asesoría, acompañamiento, representación y búsqueda en campo para miles de víctimas indirectas. Parece cliché decir que sin ellas esta crisis humanitaria sería más terrible; no lo es si vemos los pobres resultados de las dependencias responsables por ley de hacer las labores de los colectivos. Un ejemplo: en los mismos días que Guerreros Buscadores de Jalisco localizó a las seis víctimas, la Comisión de Búsqueda encabezó por su cuenta un operativo de búsqueda individualizada de Sergio Alejandro, visto por última vez el 10 de mayo de 2023 en el municipio de Tonalá. Se usaron drones, se recorrieron a pie parajes de la zona y se entrevistó a pobladores en sus domicilios. No se tuvo éxito, como no se ha tenido en muchos operativos similares, que se repiten una y otra vez sin resultados.

Domingo 26

Hacer visible el rostro de la tragedia. Como cada domingo, el colectivo Luz de Esperanza se reunió en la zona centro de alguno de los municipios del área metropolitana de Guadalajara para pegar miles de cédulas impresas de personas desaparecidas. Esta vez en el municipio de Zapopan se colocaron 2400 cédulas, según reportes al término de la jornada. A menudo las borran las propias autoridades a pocas horas de haber sido pegadas o usuarios anónimos de redes sociales las tildan de “basura”. Pero la porfía de Héctor Flores y Liliana Meza, líderes del colectivo, por hacer visibles en la vía pública los rostros impresos de cientos de personas desaparecidas, ha tenido un impacto considerable en la percepción social del problema. Gracias a su labor, que las autoridades han convertido en un calvario de Sísifo, hay una conciencia más clara de que se trata de una enorme tragedia colectiva. Es imposible mirar esa sucesión de rostros y no conmoverse por las vidas rotas a que remiten cada uno de ellos.

Tomar la calle ante la ineficacia institucional. Pero el domingo también fue un día de protesta para familiares de Fernando Serrano, un conductor de plataforma de 32 años que desapareció el 20 de julio en Tonalá, Jalisco. Portando camisetas blancas impresas con su rostro y reproducciones de su cédula como pancartas, alrededor de treinta personas marcharon por una de las principales avenidas de ese municipio para exigir avances a la fiscalía de Jalisco que, al término de una semana, seguía sin dar resultados. Actos de protesta por desapariciones así han sido pocos en los casi ocho meses del gobierno de Pablo Lemus. Las causas son ambiguas pero no hay que pasar por alto una estrategia de disuasión más activa y afinada que la del sexenio pasado, con protestas recurrentes.

El auto que conducía Fernando fue localizado muy cerca de la fosa clandestina descubierta por Guerreros Buscadores de Jalisco durante la semana, pero ninguna de las seis víctimas recuperadas hasta entonces coincidía con su perfil. Al parecer responde a un patrón de desaparición oportunista de víctimas que se internan inadvertidamente por calles o zonas bajo el control de grupos criminales. Se les desaparece porque se les confunde con delincuentes rivales, por robarlos o por simple afición a la violencia. Según lo declarado por uno de sus hermanos, Fernando le pidió ayuda alrededor de las 8 de la noche porque se había extraviado conduciendo su auto por una colonia remota de Tonalá. Parece que toma la vía de regreso, pero luego se pierde toda comunicación con él.

Nadie está a salvo. El domingo temprano circuló en redes sociales que Darío Ramírez, de 34 años y con cédula de búsqueda desde el 21 de julio, había sido localizado sin vida. El caso llamó la atención no sólo porque Darío era hijo de dos profesores de la Universidad de Guadalajara y esta institución, sin mencionar tal vínculo, difundió en sus redes oficiales la cédula. También porque su filiación no coincide con el perfil común de personas que desaparecen en Jalisco: no tan joven y de clase media. Hay mucho hermetismo tanto de las autoridades como de la familia, pero información confiable apunta a una desaparición por terceros. Darío habría sido asesinado y su cuerpo localizado en un municipio donde no residía.

La desaparición de personas está muy activa en Jalisco. En apenas 72 horas es posible darse cuenta de su magnitud, diversidad y conexión con una violencia extrema que no cesa y que es propagada por múltiples agentes, particulares o estatales. Todo ante autoridades mejor dispuestas a reconocer que se trata de un grave problema pero aún sin capacidad para hacer una diferencia.

Jorge Ramírez Plascencia

Profesor investigador de la Universidad de Guadalajara

1 Rodríguez, L. “Por desaparición, sólo 15 policías condenados”, NTR Guadalajara, 10 de febrero de 2025, https://www.ntrguadalajara.com/post.php?id_nota=225899

2 Jorge Ramírez [@joraplas], “Compartimos un nuevo reporte sobre formas de desaparición comunes en Jalisco”, 4 de noviembre de 2024, X, https://x.com/joraplas/status/1853433701679411620

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Publicado en: 2025 Septiembre, Expediente