Bernardo Ruiz. Escritor.

En la actualidad, informan los estudios de mercadotecnia citados por los diarios, hay cerca de 200 mil direcciones electrónicas de suscriptores mexicanos. Una muy pequeña proporción estadística si la comparamos con el número de teléfonos en el país o con los más de 90 millones de mexicanos que calcula el INEGI.

No obstante, llama la atención que a estos suscriptores se dirija ahora una publicidad de lo más variada, desde servicios turísticos o consulta de diarios, hasta compra de automóviles, armamento o películas en video. La televisión comercial y por suscripción nos invita a comentar sus noticieros o programas o a interactuar con ellos, y pocos anunciantes de la TV resisten la tentación de señalar cuál es su página electrónica.

Estas, las páginas electrónicas, han sido las mayores promotoras del interés por la Red entre los usuarios contemporáneos, con la siempre variada oferta de que las páginas de hipertexto poco a poco alcanzan las bondades de la televisión (sonido, movimiento, variedad). De hecho, la página electrónica cuya base es la tipografía y la capacidad de conexión entre archivos ha evolucionado con rapidez de ser una alternativa a los diarios o revistas a convertirse en el complemento del radio y la televisión.

Por mi parte, transcurrida la fiebre inicial de la búsqueda de páginas electrónicas, que viene a ser el equivalente de pasear por cuanto aparador al azar tuviera una ciudad, junto con sus subterráneos virtuales -como los de Londres, Roma y París juntos (e interconectados)-, he preferido optar por una vida virtual más tranquila, como de viejito, donde el placer de asolearme en el parque o platicar con los de la colonia es el contacto con el mundo de la Red.

Esto no quiere decir que me niegue a entrar a las páginas del WWW, sino sencillamente creo que la sabiduría electrónica, como en la existencia, consiste en ser selectivo. Precisamente los métodos de búsqueda que se han incorporado para saber con quién escribirse, qué archivos buscar, cómo encontrar con facilidad tal o cual información reducen los tiempos máquina diametralmente.

En tal sentido, puede uno todavía recorrer los directorios de páginas para saber cuáles interesan a uno. Y registrar cuáles quiere uno volver a visitar conforme varíen. Ahora llama mi atención cómo hay una amplia serie de espacios para charla (chat) que son como estar en la plaza o en el mercado, espacios que no frecuento, pero me recuerdan que Internet tiene para todos los gustos.

De manera semejante, las listas y las áreas de noticias, los espacios complementarios de los BBS (tableros electrónicos) de los ochentas, se han multiplicado de manera numerosa y tienen la ventaja de la selectividad. Para definirlos con brevedad, basta describir que son grupos de correos entre diferentes personas, donde todo suscriptor a la lista puede dar su opinión acerca del tema que ocupa a los interlocutores iniciales y a partir de ello las discusiones enriquecen o distancian a los participantes.

Una lista puede ser abierta o cerrada. A las cerradas llega uno por invitación (con una carta al moderador de la lista). Las abiertas se controlan a través de un robot, éste inscribe o borra por petición propia a cada participante. A este robot se le conoce como majordomo. A él se le envía una solicitud, como si fuera cualquier usuario, pidiéndole en el cuerpo de la carta que produzca la alta del nuevo participante en tal o cual lista.

Si usted tiene interés en recibir muchas, muchas cartas y discutir sobre los temas de su especialidad con el mundo, visite http://www.liszt.com, que da idea de los temas que preocupan durante la larga marcha de la humanidad virtual. Y, bueno, escoja una lista.

Por otra parte, están las usenets, deposito-rios de información específica -técnicos, científicos, sociales y humanísticos- de la autocracia computacional. Altavista (http://www.altavis-ta.digital.com) registra unas 5,000 de estas bases, lo que da idea de la amplitud de temas que discuten.

Sería engañoso para el lector inexperto tratar de resumir en la brevedad de este espacio la diversidad de estos sistemas. Llama de ellos mi atención la capacidad para mostrarnos la similitud de problemas e intereses que ocupan a la humanidad de hoy, tan numerosos como disímbolos: las cualidades de una raqueta de tenis o las causas de la depresión y sus remedios, la certeza inmortal de frases de Chaucer o la solución de problemas técnicos de cómputo o de derechos de autor. Vamos, la vida cotidiana.

En una lista, un escritor reclamaba al resto de los participantes su falta de vida, su soledad y aislamiento que los impulsaban a buscar amigos virtuales entre cientos de desconocidos.

La respuesta fue precisa: entre gente con intereses comunes era más sencillo encontrar con quién relacionarse. Sí, creo que es así, que con esto de las listas la vejez virtual y las conversaciones en los parques cibernéticos nuestros últimos años en este siglo son más agradables que el destino de muchas ciudades y gentes que se debaten entre la incertidumbre, los silencios y un fatal aislamiento.

Las direcciones electrónicas de Bernardo Ruiz son:

BRUIZ@SPIN.COM.MX

BRUIZ@CORREO.UAM.MX

HTTP://SPIN.COM.MX/-BRUIZ/