La afición hereditaria a la comida yucateca me ha llevado a explorar los más diversos restaurantes de esta ciudad que presumen servir comida yucateca, aunque en muchos casos sus platillos son reinterpretaciones chilangas de las versiones originales. Entre los restaurantes yucatecos reconocidos, propios para las comidas de negocios o para la convivencia recreativa, destacan los siguientes. Los Almendros (Campos Elíseos 164, Polanco, o Insurgentes Sur 1759, Guadalupe Inn) que cuenta con la carta más amplia y los precios más elevados. El Círculo del Sureste (Lucerna 12, Juárez) padece una decadencia, evidente en la falta de cervezas yucatecas y en la disminución de los platillos -tanto en sazón como en cantidad-. El Xel-Ha (Parral esquina con Michoacán), pionero gastronómico de La Condesa, ofrece un menú entero y variable cada día de la semana. Mi favorito es El Habanero (Alabama 64, Nápoles), cuya ubicación propicia que -además de su esmerada cocina y precios justos- sea un excelente punto de encuentro para los asistentes a la Plaza México. La calidad de la cocina en estos lugares varía de platillo en platillo, hay diversidad en la calidad y, en algunos casos, en las recetas.

A mi búsqueda se ha aunado la nostalgia por el sazón casero de mi bisabuela, originaria de Tizimín. Encontré tres fondas yucatecas recomendables. El faisán (Romero de Terreros 1353, Narvarte) nos invita a disfrutar -un domingo cada quince días- un puchero, plato casi imposible de encontrar, con la complicación y la abundante reunión de ingredientes de la receta yucateca original (pollo, puerco, plátano, diversas verduras). El 99.99 (Moras 99, Del Valle), a medio camino entre la fonda y el restaurante, cuenta con platillos inolvidables como el pavo en escabeche. Por último, recientemente abrió el Nic Te Ha (División del Norte casi esquina Av. Hidalgo), sus precios pueden sorprendernos por baratos y la calidad de todos los platillos que incluye su menú es difícilmente mejorable y, sobre todo, constante; además, el servicio es impecable.