En toda democracia, el mito es un cáncer. José Vasconcelos Calderón, como muchos constructores de nuestra historia, ha caído en la trampa del mito, que sólo resalta los valores que permiten exaltar lo auténticamente mexicano: la identidad nacional dictada por el libro de texto gratuito. Oaxaqueño como Juárez, participó con frenesí en toda actividad que representara para él una oportunidad para “nacer y proclamarse inconforme”. Pedagogo, filósofo, literato y político, Vasconcelos era ante todo un revolucionario, un hombre que dividía la realidad como clasificaba los libros: los que se leen sentado y los que se leen de pie; los amenos, instructivos, bellos, ilustres, pero “incapaces de arrancarnos de la actitud normal”, y los provocadores, que nos impulsan al movimiento, con los que “sufrimos una verdadera transfiguración”. Para quien “escribir libros es un triste consuelo de la no adaptación a la vida”, leer de pie es evidentemente la mejor manera de hacerlo.

En 1924, al final del periodo de tres años en que José Vasconcelos estuvo al frente de la Secretaría de Educación Pública, institución de la que fue impulsor infatigable, el país contaba con un sistema educativo federal consistente y sólido en sus bases fundamentales. Con instituciones como las Misiones Culturales y la Casa del Pueblo, acciones como la campaña contra el analfabetismo y los desayunos escolares y fundando escuelas y cientos de bibliotecas, este “apóstol de la educación”, con otros miembros del Ateneo de la Juventud y con miles de maestros, inició el proceso de reconstrucción moral y educativa del país.

No obstante la construcción de instituciones y la propuesta pedagógica y de moral educativa de Vasconcelos, la Revolución no juzgó “prudente” su permanencia en el mural de los héroes. Su pecado: la oposición al gobierno de Obregón y a la candidatura de Calles en la sucesión presidencial de 1924. Su pasión y aparente falta de lealtad a la “causa” nacional, salvo aquella estrictamente personal, le impidió ser considerado una estrella en la bóveda celeste. No pudo ser de otra manera: en esa voluntad humana que conjuga razón y emoción radica precisamente el valor de los hombres que hacen la historia.

En la elaboración de la página COMO (Conferencia Mariano Otero) participaron:

Alejandro Arroyo, Roberto Castellanos, Rose Marie Espinosa, David Gómez Albarez,

Enrique Ochoa Reza, Tábata Vilar Villar, Jorge Zepeda.