La mayoría de la gente dice que es culpa del “stress” de la Ciudad de México. Tristes, con una enorme inseguridad, con pérdida del placer y gusto por el trabajo, la familia y nuestras actividades cotidianas, los habitantes de esta metrópoli hemos padecido alguna vez de problemas para dormir, aumento de peso o falta inexplicable del apetito. Las lágrimas caen con frecuencia, estamos desgarrados, con cierto sentimiento de culpa y no sabemos por qué. Los síntomas son claros de una depresión; cuando persiste por largo tiempo se conoce como distimia. No es algo nuevo. La manifestación de la distimia en la población general es del 5% al 10%. De los veinte millones de habitantes de la ciudad, dos millones podemos sufrir de este trastorno del estado de ánimo. Tal vez, no todo es culpa de los candidatos.