Las campañas políticas se roban los titulares de los periódicos y han pintado de colores a la ciudad. Parece que el problema que representó en el pasado reciente la parcialidad de la autoridad electoral y la ilegalidad del proceso prácticamente ha desaparecido. El problema de hoy es la ausencia de contenido en el discurso proselitista. Se sacrifica la idea por el ataque, somos testigos de un enfrentamiento verbal entre los actores políticos por adueñarse del término “cambio” sin proponer cómo alcanzarlo.

En esta batalla se establecen falsas dicotomías: el caos contra el orden, la democracia o el autoritarismo, el cambio o el mismo jueguito de siempre. El ambiente es el del fatalismo propio de las últimas llamadas, el de la jornada apocalíptica: México volverá a nacer el 6 de julio.

El utopismo electoral crea en los ciudadanos falsas expectativas. Se describe a la democracia como fin de una sociedad moderna y no como medio para elevar el nivel de participación del individuo en su comunidad. Se confunden los términos cuando se sugiere a la alternancia como una característica sine qua non de la democracia, cuando es sólo la posibilidad de que ésta se de, lo que califica a un sistema electoral de democrático.

Si es vigente la premisa de Jesús Reyes Heroles, “en política la forma es fondo”, el tono provocador del discurso proselitista es la ausencia de su contenido político. Las dirigencias y los candidatos de los partidos lejos de subrayar su talento han sido inflexibles en demostrar las insuficiencias de sus adversarios. ¿Qué podremos exigir los capitalinos del futuro Jefe de Gobierno si las campañas políticas han privilegiado el ataque personal al dato cierto o la propuesta concreta?

Por desgracia las palabras no crean empleos, ni dotan a la comunidad de servicios públicos. Sin embargo la violencia verbal sí antecede a la física. Cuidado con llevar el discurso proselitista al extremo.

El resultado de esta elección redefinirá la composición del Congreso de la Unión. Por el bien institucional, el diálogo entre los partidos deberá ser distinto al que ha prevalecido a lo largo del proceso. Habrá por primera vez un Jefe de Gobierno electo para el Distrito Federal, que deberá guardar una relación con el Presidente de la República sin reclamos o aclaraciones públicas. Espero que en la búsqueda por el poder no se haya roto el puente político necesario entre los distintos partidos y sus dirigentes para gobernar.

Es necesario revalorar la política, quitarle lo hosco, volverla a poner en su lugar, hacerla complemento del ciudadano para lo que verdaderamente le importe. Sacarla de su actual posición, desmembrando a México en nombre de nuestras realidades separadas.