Francisco González de Cossío. Embajador. Su último puesto fue cónsul general de México en Houston, Texas.

Es difícil negar la contribución de los trabajadores indocumentados mexicanos a la economía estadunidense. Y es aún más difícil negar el impacto positivo que generan en la economía mexicana. ¿Por qué entonces los gobiernos de uno y otro lado se empeñan en disimular este fenómeno? Este artículo ensaya algunas respuestas y sugiere varias medidas para sacarle provecho a la migración.

Primero los hechos y las definiciones. En los Estados Unidos viven y trabajan entre 5 y 6 millones de mexicanos, entendiéndose por mexicanos los nacionales de México que tienen la residencia (tarjeta verde) o que no tienen documentos pero que habitan y trabajan en ese país y que conservan la ciudadanía mexicana. No debe de confundírseles con los llamados hispanos en los Estados Unidos. Hispanos son aquellos que siendo nacionales estadunidenses, de reciente naturalización o de rancio arraigo, provienen originalmente de países de habla castellana y suman alrededor de 25 a 30 millones. En otras palabras, los hispanos son un grupo linguístico, no un grupo étnico, aunque frecuentemente se les atribuyan características raciales similares y sean sujetos de un claro estereotipo en ese país. Los mexicanos fluyen en cantidades crecientes a los Estados Unidos a través de una porosa frontera de 3125 kilómetros. Cinco por ciento de nuestros mexicanos viven y trabajan en los Estados Unidos y su número crece por dos vías: por la continua migración y por su reproducción ya dentro del país. Ello constituye uno de los fenómenos más interesantes y potencialmente explosivos, si no se le maneja bien, de los tiempos modernos y sucede en la única frontera que divide al mundo desarrollado con el mundo en desarrollo, una frontera con trescientos millones de cruces anuales.

Migración: ¿Problema o fenómeno?

Hagan lo que hagan los poderes legislativo y ejecutivo del gobierno de Estados Unidos y digan lo que digan el gobierno mexicano y las organizaciones privadas y de derechos humanos en materia de migrantes mexicanos, legales e indocumentados, para paliar o encontrar soluciones al “problema” del desplazamiento de compatriotas hacia el vecino del norte -con el frecuente mal trato, explotación, discriminación y violación a sus derechos humanos, civiles y laborales-, mientras haya demanda de trabajo en los Estados Unidos, mientras siga habiendo oferta de mano de obra en México, mientras siga existiendo un nivel dispar de desarrollo entre los dos países y mientras se registre un diferencial de salarios como compensación a la mano de obra, continuarán fluyendo los trabajadores migrantes de México hacia el país del norte. Y continuará habiendo problemas tan sólo por el número de personas que cruzan, legal o ilegalmente, la frontera norte para trabajar en los Estados Unidos. La ley de la oferta y la demanda es tan inderogable como la ley de la gravitación universal.

La única solución al “problema” (que no es problema, llamémosle fenómeno), quiérase o no, es la creación en México de suficientes empleos y con una remuneración relativamente alta (pues aunque haya suficientes empleos, si sigue habiendo un diferencial significativo en el nivel de remuneración seguirá el flujo), para que nuestros compatriotas no dejen su país, pues ninguno lo hace por gusto. En los seis años que el autor de este artículo trabajó como cónsul de México en los Estados Unidos1, no conoció un solo mexicano que hubiera dejado su país porque no le gustara, o porque le gustara más Estados Unidos; lo hace para mejorar su situación económica y la de su familia. No aceptar estas realidades es simulación y demagogia.

Si estamos de acuerdo en que este flujo humano continuará en el futuro previsible, hágase lo que se haga y dígase lo que se diga en ambos países, entonces ¿por qué no dejarse de simulaciones y aceptar de una vez por todas esta realidad y reconocer que lejos de ser algo malo este fenómeno es en realidad benéfico para ambos países, al menos por ahora? Para los Estados Unidos representa una fuente casi inagotable de mano de obra barata para la recolección de sus cosechas, para la industria de la construcción, para la realización de tareas domésticas, para una enorme variedad de servicios en el turismo, los hoteles, los restaurantes. Para México representa una válvula de escape al problema del crecimiento desordenado de la población, del desempleo y subempleo y de los relativamente bajos salarios comparados con los imperantes en los Estados Unidos. Además, ¡hay que reconocerlo de manera explícita!, los entre cuatro y cinco mil millones de dólares que anualmente los trabajadores mexicanos remiten al país ayudan considerablemente a la construcción de las reservas internacionales y de hecho constituye una de las cuatro principales fuentes de divisas extranjeras, junto con las exportaciones de manufacturas, el turismo y el petróleo. Estas divisas ayudan enormemente al país a realizar importaciones y a pagar la deuda externa.

La promulgación en años anteriores de la Ley Simpson-Rodino, la reciente aprobación de la Proposición 187 en California -y su posterior suspensión por una corte federal- y la virulenta reacción de México a ella, así como la serie de declaraciones a veces estridentes y desinformadas sobre la aprobación de la Ley 19962 y la entrada en vigor el 1 de abril de su capítulo tercero,3 son muestras de la falta de este reconocimiento mutuo de las ventajas para ambos países. La aplicación de la Ley 1996 no producirá deportaciones masivas de mexicanos, pero no tanto porque así lo hayan expresado los funcionarios competentes de ambas partes, incluida la comisionada del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS), Doris Meissner, en su visita a México en abril de este año, sino porque saben muy bien que necesitan al trabajador mexicano migrante y conocen muy bien lo importante que es para su economía. Sin embargo, para fines políticos y de consumo interno tienen que pronunciarse por una frontera controlada y segura y por un manejo adecuado de la inmigración aunque ello conlleve a un incremento en la patrulla fronteriza, en crecientes presupuestos para combatir la inmigración ilegal por todos los medios y en un endurecimiento en el trato tanto a los indocumentados como a sus empleadores.

Seguirá habiendo otras iniciativas de este tipo, con variantes, pero siempre con un común denominador: la necesidad y el derecho de los Estados Unidos de controlar su frontera, como tenemos nosotros el derecho de controlar la nuestra, y la presión a México para que reduzcamos o eliminemos el flujo de migrantes indocumentados. En la reunión cumbre que tuvo lugar en México con motivo de la visita del presidente Clinton los días 6 y 7 de mayo pasado, el tema de la migración fue uno de los tópicos prioritarios en las conversaciones con el presidente Ernesto Zedillo. La migración ha sido y será por mucho tiempo un tema privilegiado en las relaciones México-EU. Esta situación, mientras perdure, seguirá produciendo fricciones entre ambos países y seguirá irritando, aunque se diga lo contrario, la consulta y cooperación en otros temas de la compleja y amplia agenda bilateral, además de ser un atractivo tema para campañas periodísticas y televisivas de desprestigio contra México maquinadas en algunos sectores de los Estados Unidos.

Pero la verdad es que el fenómeno de la migración mexicana al país del norte es sumamente benéfico para ambas economías. La aparente oposición en importantes sectores del legislativo estadunidense se debe a que han descubierto que el tema, además de ser de gran actualidad, les produce dividendos políticos entre sus electores al apelar al patriotismo -o patrioterismo- consistente en impedir que los “invasores del sur de piel oscura” vengan a robarles sus empleos y a aprovecharse de sus servicios de salud, seguridad social y escuelas, además de “contaminar su cultura blanca anglosajona”. Estos sentimientos calan muy hondo en un país formado de inmigrantes que al haberla “hecho” en Estados Unidos se oponen a que vengan otros a la mesa de los comensales,4 a pesar de que saben muy bien que les resultan indispensables para mantener su american way of life. Está perfectamente documentado que las parejas de clase media estadunidense, generalmente de origen anglosajón, pueden darse el lujo de que ambos cónyuges trabajen y así aumentar sus ingresos y nivel de vida gracias a la ayuda doméstica proporcionada casi exclusivamente por inmigrantes, generalmente indocumentados.5 Por el lado mexicano, también resulta políticamente atractivo el desgarrarse las vestiduras por los migrantes mexicanos, cuando que la verdad es que no hemos sido capaces de generar empleos suficientemente remunerados, por lo que la emigración se ha convertido en una válvula de escape al excesivo crecimiento de la población y a la incapacidad de la economía mexicana para absorber mano de obra al ritmo de casi dos millones de mexicanos en edad de trabajar cada año. Por supuesto que preferiríamos que esa fuerza de trabajo se quedara en el país y que engrosara las filas de trabajadores generando riqueza para México y consumiendo los frutos de la economía mexicana; pero desafortunadamente no es así. Enfrentemos los hechos con sinceridad y honestidad y saquémosle provecho a lo que por ahora resulta inevitable: la hégira de mano de obra al país del norte.

¿Qué hacer? Primero: asumir la realidad; aceptar que los trabajadores mexicanos benefician a la economía estadunidense; que son prácticamente indispensables para su agricultura y servicios. Segundo: aceptar que la migración hacia el norte le da empleo a muchos mexicanos que de otra manera engrosarían las filas de los sub y desempleados; que proporciona divisas necesarísimas al país. Si no se puede evitar esto que constituye el libre juego de las fuerzas del mercado en dos economías abiertas y capitalistas, entonces aprovechémoslo y hagámoslo que trabaje en beneficio de los dos países, como de hecho así sucede. ¿Cómo? Regulando este flujo. Desde los famosos tratados de braceros de hace varias décadas, no se ha vuelto a intentar regular este importante flujo humano. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte no contempló el libre flujo de trabajadores, aunque hubieron acuerdos paralelos en materia laboral pero sin haberse intentado algo parecido a los tratados de braceros. A excepción de algunos arreglos transitorios con Canadá en materia de trabajadores agrícolas temporales, no se ha vuelto a intentar, ni por el lado estadunidense ni por el lado mexicano, un arreglo o mecanismo similar.

Existe la maquinaria de consulta bilateral para intentar diseñar un mecanismo regulador de mano de obra: la Comisión Binacional6 y, más específicamente, el Grupo de Trabajo sobre Migración y Asuntos Fronterizos. Sólo resta reconocer las causas reales del fenómeno, por ambas partes, y diseñar los mecanismos de consulta previa y cooperación a fin de maximizar las ventajas que este fenómeno conlleva para ambos países. Un paso muy importante dado en esa dirección lo fue la propuesta, por la parte mexicana, para la elaboración de un estudio entre ambos países con el objeto de abordar las causas y efectos del fenómeno migratorio. En una reunión de cónsules mexicanos en Estados Unidos con el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Manuel Tello, celebrada en Tijuana en febrero de 1994, el entonces cónsul general de México en Houston, autor de este artículo, propuso la elaboración de un estudio binacional sobre migración, esto es, hecho tanto por autoridades mexicanas como por estadunidenses, y utilizando una metodología y bases comunes, a fin de evitar la confusión que se produce cuando ambas partes citan los resultados de diferentes estudios según convenga a sus intereses y según fundamenten la afirmación que desean hacer.7 Esta iniciativa fue llevada posteriormente a la Comisión Binacional y aceptada. En una reunión de cónsules con el actual secretario de Relaciones Exteriores, José Angel Gurría, en diciembre de 1994, la primera realizada de este tipo por la nueva administración, se ratificó la importancia del estudio binacional y la necesidad de una adecuada participación de todos los actores en su elaboración. De esta manera, con un estudio elaborado por ambas partes y con resultados adoptados por consenso, se podrá recurrir a una fuente común y confiable del fenómeno migratorio y de la contribución real que los migrantes hacen a ambas economías.

El estudio, en proceso de elaboración desde hace casi dos años8 y cuyos resultados estarán disponibles en junio de este año, medirá, entre otras cosas, la contribución de los migrantes a la generación de riqueza, o sea al Producto Nacional Bruto, en los Estados Unidos; la contribución al erario público en ese país vía pago de impuestos de todo tipo; el costo real de los servicios proporcionados al trabajador migrante en educación, salud y servicios sociales; y las ventajas para México en materia social y de divisas extranjeras.

Recuperar al migrante mexicano

Mientras concluye la elaboración de ese estudio y nos ponemos de acuerdo en cómo aprovechar de manera óptima este fenómeno que, debido a las circunstancias presentes, produce beneficios a ambos países, y mientras creamos las condiciones económicas a mediano plazo para evitar la salida de trabajadores, hay necesidad de poner más atención y conocer mejor al migrante mexicano en el exterior, léase en los Estados Unidos. Debemos estudiar a fondo su idiosincrasia, principalmente en las ciudades que concentran la mayoría de los mexicanos en los Estados Unidos y hacerles ver que también son parte de México.9 Los gobiernos estatales, las organizaciones no gubernamentales y las instituciones académicas interesadas deben también complementar estas acciones y realizar labores de relaciones públicas a fin de rehabilitar la imagen del mexicano migrante. Estos esfuerzos deben complementarse con incrementos presupuestales, federales y estatales (que podrían obtenerse de parte de las divisas que los migrantes generan), otorgando una mayor atención a las comunidades mexicanas, quienes se sienten olvidadas de sus connacionales, se sienten explotadas en Estados Unidos y aun frecuentemente consideradas como desertoras por haber abandonado el país cuando se les necesitaba.10

Al dejar su país, su familia, su pueblo, el migrante experimenta una sensación de desenraizamiento, de ruptura con el origen. Al llegar a los Estados Unidos son vistos como intrusos, como gente que viene a quitar trabajos y a aprovecharse de los servicios educativos, médicos y sociales. Y por si ello no fuere suficiente, al visitar su país son frecuentemente explotados en la frontera, esquilmados y maltratados, aumentando así la sensación que tienen de abandono por parte de su gobierno. Sea ésta cierta o no, lo importante es que muchos tienen esa percepción.

Debemos todos, gobiernos -federal y estatal- y organizaciones privadas, realizar una campaña continua de difusión, a través sobre todo de la televisión y la radio, encaminada a resaltar la contribución que los mexicanos hacen a la economía local, desde los trabajadores ocupados en la agricultura, la construcción y los servicios hasta el comercio con México, que es el más grande que los estados fronterizos de los Estados Unidos tienen con país alguno. Debemos también participar en seminarios, conferencias de cámaras de comercio y asociaciones de empresarios, destacando la importancia que México tiene para la economía local, y enfatizando el hecho de que representamos el segundo mercado de exportación para Estados Unidos y su tercer socio comercial en el mundo, realizando un comercio bilateral de 145,000 millones de dólares en 1996.11 Entre los migrantes mexicanos hay que enfatizar la contribución cultural que hacen a su país de adopción y hacerles sentir que no son apátridas, que tienen un país, un pueblo y un gobierno atrás de ellos; que son importantes y que contribuyen al desarrollo de México con sus remisiones en divisas; que han desarrollado una especie de subcultura (no en términos peyorativos), un dialecto, un arte muy de ellos,12 que no es ya ni mexicano ni estadunidense. En pocas palabras, hay que realizar una campaña para revalorar la imagen que el mexicano migrante tiene de sí mismo.

El pueblo mexicano es muy noble; a pesar de esta sensación de abandono que muchos tienen, siguen mostrando una actitud de cariño a su patria, diríase hasta de nostalgia. Vienen a México cada vez que pueden, escuchan música mexicana, comen comida mexicana y viven en barrios mexicanos; ven programas de televisión hispana y escuchan la radio en español. Pero no hay que darlos por descontado, hay que cultivarlos y convencerlos de que el gobierno es para todos los mexicanos, no nada más para los que están en México. El gobierno federal, los gobiernos de los estados, las organizaciones civiles y de derechos humanos, todos, debemos prestarles más atención.

Hay que tener en cuenta también que los mexicanos en los Estados Unidos están expuestos a una continua andanada de artículos en los periódicos, a programas de televisión como el difundido a principios de abril sobre los problemas de corrupción entre expolíticos mexicanos -Frontline-13 y que no siendo suficiente haber sido visto en la PBS,14 con decenas de millones de televidentes, fue incluido en una página Web en el Internet15 con numerosas “ligas” de hipertexto a documentos altamente nocivos para la imagen de México,16 aunados a reportajes de todo tipo sobre una economía en crisis, avisos del Departamento de Estado sobre inseguridad en los taxis de la Ciudad de México, asaltos, robos de autos. En fin, el mexicano en Estados Unidos recibe por lo general malas noticias sobre México. Hay necesidad urgente de contrarrestar esta mala imagen que se difunde sobre México en los Estados Unidos. De la misma manera como se contrató a una firma estadunidense de relaciones públicas para la difusión del concepto del TLC en su etapa de negociación, se podría contratar a expertos en imagen para revalorar la imagen de México y de los mexicanos en ese país.

Además de la labor realizada por la red consular17 y por los institutos y centros culturales mexicanos en Estados Unidos18 y debido a que este fenómeno lejos de disminuir continuará incrementándose -puesto que las causas siguen estando presentes-, debemos realizar un esfuerzo concertado entre todos los sectores que intervienen, público, privado, académico, cultural, para reevaluar la contribución de los migrantes mexicanos y hacer que se sientan orgullosos de su origen y herencia cultural y así “recuperarlos” para México. Para ello habrá necesidad de asignar recursos importantes y suficientes y aprovechar con imaginación los recursos tecnológicos modernos. Por ejemplo, podría elaborarse una página (website) en el Internet,19 en inglés y en castellano, rica en información de todo tipo y sobre todo destacando la contribución que hacen al país donde trabajan y difundirla por los medios impresos y electrónicos para que pueda ser aprovechada por estudiantes y por quien desee conocer más sobre la cultura de estos mexicanos que han decidido hacer de los Estados Unidos su país de adopción, ya sea temporal o definitivamente. El nuevo satélite mexicano Solidaridad I podría utilizarse para difundir programas televisivos bien diseñados y ejecutados que ensalzen los valores mexicanos y les haga sentir que pertenecen a la gran familia mexicana. Podría también estimularse un cabildeo discreto y efectivo para que los mexicanos que deseen adoptar la ciudadanía estadunidense lo hagan para ejercer sus derechos cívicos y políticos y sin remordimientos y temores de que perderían sus derechos en México.

La historia nos enseña que las grandes migraciones humanas han beneficiado tanto a las comunidades emisoras como a las receptoras. Las culturas se han enriquecido con esa inter-acción aunque en frecuentes ocasiones hayan sido violentas. Pueden observarse en la época actual flujos humanos que han emigrado por las mismas causas que los mexicanos: los españoles y portugueses van a trabajar a la Europa industrializada, los turcos emigran a Alemania, los argelinos a Francia, indios y paquistaníes a Gran Bretaña, libaneses a Arabia Saudita, filipinos a Kuwait y demás países del Golfo Pérsico, etc., obedeciendo siempre las fuerzas del mercado y buscando mejorar sus niveles de vida. Todos ellos han enriquecido a los países receptores y remiten importantes sumas a sus países de origen. En algunos casos esas remisiones representan la mayor fuente de divisas de los países emisores. Los Estados Unidos, lo sabemos sobradamente, están constituidos casi en su totalidad por inmigrantes y ellos, los inmigrantes, han formado la primera potencia económica del mundo. No debemos dejarnos atraer por la simulación y la demagogia. Si uno de cada diez mexicanos vive y trabaja en los Estados Unidos colaborando en el enriquecimiento de ese país, hagamos de este fenómeno un factor positivo de desarrollo para que también contribuya al enriquecimiento de México.

Los puntos de vista expresados en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor.

1 Cónsul general de México en Denver, Colorado, de 1989 a 1992; cónsul general de México en Houston, Texas, de 1992 a 1995.

2I llegal Immigration Reform and Immigrant Responsibility Act of 1996 (Ley sobre la Inmigración Ilegal y Responsabilidad de Inmigrantes de 1996), aprobada en septiembre de ese año, forma parte de un paquete legislativo expedido en vísperas del pasado proceso electoral estadunidense.

3 Capítulo tercero de dicha ley, intitulado Inspección, Aprehensión, Detención, Adjudicación y Remoción de Extranjeros Deportables e Inadmisibles; entró en vigor el pasado primero de abril. Su principal característica y la más potencialmente peligrosa para los indocumentados es la simplificación del mecanismo para la expulsión de extranjeros indocumentados. El mecanismo de exclusión sumaria permite la expulsión de extranjeros sin audiencia ante el juez de lo migratorio.

4 Encuestas de opinión revelan que entre los que más se oponen a los newcomers son precisamente los inmigrantes de reciente naturalización, incluidos ciertamente los llamados hispanos.

5 Recuérdese el sonado caso de la doméstica indocumentada que trabajaba en la casa del gobernador Pete Wilson de California.

6 Se ha reunido en 14 ocasiones. En mayo 5, 1997, se celebró la XIV reunión en vísperas de la visita del presidente William Clinton a México los días 6 y 7 de ese mes. La Comisión Binacional fue fundada en 1981 por los presidentes José López Portillo y Ronald Reagan. Se reúnen anualmente y de manera alternada en ambas capitales.

7 Por ejemplo, se citan con frecuencia estudios realizados, por un lado, por la Rand Corporation en California y, por el otro, por la Rice University en Houston, con resultados opuestos. La parte mexicana cita estudios realizados por el Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana, también con resultados diametralmente opuestos.

8 Los equipos de ambos países se conformaron en enero de 1995 y se comprometieron a terminar el estudio y presentarlo en junio de 1997.

9 El gobierno federal lo hace a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y su Programa para las Comunidades Mexicanas.

10 Un paso muy importante en este sentido fue la promulgación de la ley de no pérdida de la nacionalidad mexicana y que entrará en vigor cuando se actualicen todas las leyes reglamentarias competentes.

11 Comercio total en ambos sentidos; importaciones y exportaciones. Incluye la industria maquiladora.

12 Por ejemplo el conocido como “arte chicano” con manifestaciones en la pintura y en la literatura y hasta con películas que describen esta peculiar idiosincrasia.

13 WGBH / Frontline, Murder, Money & Mexico. The Rise and Fall of the Salinas Brothers.

14 Public Broadcasting System, programas que tienen muy altos ratings entre los televidentes estadunidenses.

15 La dirección de la página internet es: http /www2.pbs.org / wgbh / pages / frontline /shows / mexico.

16 Por ejemplo: The Billioner’s Banquet, Narco Corruption Investment, Muerto Inc., Mexico As a Narco Democracy.

17 La más grande que país alguno mantenga en otro país. Actualmente México tiene 41 oficinas consulares en los EU: 16 consulados generales, 21 consulados de carrera y 4 agencias consulares.

18 Actualmente México tiene 17 institutos y centros culturales en igual número de ciudades en los EU.

19 Actualmente hay 7 páginas de Internet en embajadas de México en el mundo y 6 en igual número de consulados, en los Estados Unidos. Además la Secretaría de Relaciones mantiene una página en Internet (http://www.quicklink.com / mexico /sre.htm) que incluye un boletín quincenal sobre las actividades del programa para las comunidades mexicanas en el extranjero