Algunas personas ven el vaso medio vacío, otras lo ven medio lleno. Yo siempre veía el ataúd medio lleno. Más o menos a los 5 años fui consciente de la mortalidad y pensé: “Ah, no, yo no me apunté para esto”. Nunca acepté ser finito. Si no les importa, quiero que me devuelvan el dinero. Cuando crecí, no sólo la extinción, sino el sinsentido de la existencia se me hicieron más patentes. Me topé con la misma pregunta que sacaba de quicio al expríncipe Hamlet de Dinamarca: ¿por qué soportar piedras y flechas cuando puedo mojarme la nariz, introducirla en el enchufe y no enfrentarme de nuevo a la ansiedad, a la angustia o al pollo hervido de mi madre?
Fuente: Woody Allen, A propósito de nada. Traducción de Eduardo Hojman. Alianza, 2020.
