7 chistes

~Dos judíos planeaban asesinar a Hitler. Supieron que todos los mediodías pasaba en coche por cierta esquina, y lo esperaron con sus armas bien escondidas. A la hora exacta estaban listos parta disparar, pero de Hitler ni sus señas. Cinco minutos, y nada. Otros cinco minutos, y nada de que Hitler. A las doce y quince empezaron a perder la esperanza. “Dios mío”, dijo uno de ellos. “Espero que no le haya pasado nada”.

~Katz está sentado desnudo en su cuarto, nada más con un sombrero, y entra Cohen. “¿Por qué estás sentado aquí desnudo?”. “No pasa nada”, dice Katz, “no viene nadie de visita”. “¿Y el sombrero?”. “Bueno, por si a lo mejor viene alguien”.

~Dos inmigrantes se encuentran en la calle. “¿Cómo andas?”, pregunta uno. “Podría estar peor. ¿Y tú?”. “Sobreviviendo. Pero he estado muy enfermo este año, y me está costando una fortuna. En estos cinco meses me he gastado más de trescientos dólares en doctores y medicinas”. “Aj, cuando andábamos allá por casa todo ese dinero te daba para estar enfermo hasta dos años”.

~Un anochecer dos judíos atraviesan un barrio antisemita cuando notan que los sigue un par de encapuchados. “Sam”, le dice su amigo, “mejor nos vamos de aquí. Hay dos de ellos y estamos solos”.

~Un judío ortodoxo se convierte al catolicismo y lo invitan a dar el sermón del domingo. Se pone de pie orgullosamente y empieza: “Muy amables gentiles…”.

~Un sastre judío pasa en la calle junto a un inspector de la policía zarista. El inspector está furioso de que el judío no se quitó el sombrero del modo debido. “Judío”, le grita, “¿qué te propones con esta insolencia? ¿De dónde eres?”. “De Minsk”, responde el judío dócilmente. “¿Y tu sombrero?”, exige el inspector. “También de Minsk”, responde el judío.

~Gittleman vuelve a casa de un viaje de negocios y descubre que su esposa le fue infiel durante su ausencia. “¿Quién fue?”, vocifera. “¿El cabrón de Freedman?”. “No”, contesta su esposa. “No fue Freedman”. “¿Fue Lowenthal, ese arrastrado?”. “No, no fue él”. “Ya sé. Seguro que fue el pendejo de Fishman”. “No, tampoco fue Fishman”. Gittleman estaba furioso. “¿Qué te pasa?”, gritó. “Ninguno de mis amigos es muy bueno para ti’”.

Fuente: Lapham’s Quarterly, invierno 2014.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: 2024 Octubre, Cabos sueltos