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Raúl Aníbal Feliz. Profesor de Macroeconomía en el CIDE, y Consultor Económico y Financiero en el sector privado.

En la Alianza para el Crecimiento Económico y en los Criterios Generales de Política Económica 1997 se dan conocer los lineamientos básicos de la estrategia de política económica del próximo año. Resta conocer el programa de política monetaria.

Estos programas forman parte de la estrategia global del sexenio cuyo objetivo anunciado es alcanzar una tasa de crecimiento económico sostenida de 6% y estabilidad de precios. Para 1997 las metas son:

– Tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de al menos 4%

– Tasa de inflación de 15%

– Déficit público de 0.5% del PIB

– Déficit de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos de 1.2% del PIB

Las políticas a instrumentar son:

– Se mantiene el régimen de libre flotación del tipo de cambio.

– Un incremento significativo de la inversión publica en infraestructura y energía. Se estima que en 1997 la inversión impulsada por el sector público equivalga a 4 puntos porcentuales del PIB: por su parte. el de la inversión pública como porcentaje del gasto equivaldrá a 14%. Se incentiva a la inversión privada haciendo deducible el 62.5% de la inversión en exceso de su nivel correspondiente al año 1995.

– Elevar 13.7% en términos reales los ingresos tributarios del gobierno como resultado de la ampliación de la base de contribuyentes y de un combate efectivo a la evasión fiscal. Se postula una política de precios y tarifas del sector público guiada por la evolución de los precios internacionales equivalentes, y por la evolución anticipada de sus costos.

– Con la política de gasto público se buscará elevar el ahorro público. Se estima que el gasto en educación, salud y combate a la pobreza (gasto social) se incremente en 9.3% en términos reales, y que represente el 55.8% del gasto público total.

– La política de deuda pública se orientará a reducir su costo de financiamiento, a extender la duración de sus plazos, y a inmunizar las finanzas públicas de variaciones no anticipadas en los tipos de interés y de cambio.

– Se anuncia que el programa de política monetaria del Banco de México será consistente con las metas y políticas anunciadas. Así que puede anticiparse que en el programa de política monetaria se anuncie un crecimiento de la Base Monetaria que se encuentre entre 19% y 23% durante el próximo año.

– En la alianza para el crecimiento económico se acordó otorgar un aumento a los salarios mínimos de 17% a partir del I de diciembre del presente año.

Finalmente, las políticas de cambio estructural se orientarán a elevar la tasa de ahorro interno por medio de la puesta en marcha del nuevo esquema de ahorro para el retiro, y a elevar la eficiencia del aparato productivo a través de privatizaciones y/o de mejoras al marco regulatorio en telecomunicaciones, carreteras, ferrocarriles, aeropuertos? puertos, hidrocarburos, petroquímica, gas y electricidad.

Oculta en la estructura de tasas de interés de la deuda pública denominada en pesos se encuentra la expectativa del mercado sobre la tasa de inflación del próximo año. El tipo forward de interés implícito en un cete de 365 días colocado en el mercado secundario el 1 de enero de 1977 es hoy de aproximadamente 26.5%. Si la tasa de interés real se hallara entre 7 y 8%, conforme a lo observado a lo largo de este año en las subastas de UDI‑Bonos, se deduce que el mercado espera tasas de inflación en el orden de 18.5% y 20%. Así que puede afirmarse que hoy la meta de inflación anunciada no es creíble.

Lo mismo parece haber ocurrido con los lineamientos de política económica del presente año. La meta de inflación anunciada inicialmente fue de 20.5%. Es muy probable que la inflación este año sea de 27%, por arriba de su meta, pero sustancialmente por debajo de las expectativas del mercado a principios de año. Sin duda esto es resultado de la consistencia en la instrumentación de los programas de política anunciados, lo que otorga mayor grado de credibilidad a las autoridades, en particular al Banco de México.

Sin embargo, algunos de los factores que contribuyeron a desacelerar rápidamente la inflación este año no estarán presentes el próximo. Entre estos factores se encuentran la importante apreciación del tipo de cambio real, un gran margen de capacidad ociosa en el aparato productivo nacional, y una tasa de desempleo alta. Estimo que el tipo de cambio real ha corregido su sobrerreacción inicial, el crecimiento económico se ha reactivado, y la tasa de desempleo ha comenzado a reducirse. Así que preveo que la apreciación del tipo de cambio real en 1977 será muy moderada, y reflejo de sus determinantes fundamentales de largo plazo.

La expectativa del mercado de una inflación superior a la meta anunciada plantea un dilema a la política monetaria de difícil solución: la acomoda o la combare. Si la acomoda puede perder el control monetario y la inflación acelerarse, si la combate pone en riesgo la meta de crecimiento económico anunciada y generar una apreciación indeseada e insostenible en el tipo de cambio real.

La instrumentación de la política monetaria deberá enfrentarse a este dilema teniendo presente que su fin último no es la estabilidad de precios transitoria sino la permanente. Creo que lo que se requiere en 1997 es una política monetaria que combine: 1) su compromiso de largo y mediano plazo con la estabilidad de precios, y 2) flexibilidad en el corto plazo que facilite la recuperación y el crecimiento de la economía. Desde luego tal política sólo será creíble si va acompañada de una política fiscal sostenible que garantice la solvencia financiera del gobierno.

En los Criterios de Política Económica se plantea una meta de un déficit público de 0.5 puntos de PIB. Este déficit es producto en parte del costo de la transición al nuevo sistema de pensiones, y de los programas de rescate del sistema financiero.

Estos programas representan una pesada carga para las finanzas públicas presentes y futuras. De acuerdo con el gobierno estos programas tendrán un costo a valor presente de 8.5% del PIB. Una regla, que ha mostrado su efectividad en el pasado y en otros países, sugiere que estos programas pueden terminar costando el doble de lo inicialmente estimado, por lo que podrían llegar a costar hasta 17 puntos del PIB. Lo importante es tener presente que más temprano que tarde el gobierno, o con mayor precisión los contribuyentes, deberán pagar estas facturas.

Hay varias formas de hacerlo: aumentar la recaudación de impuestos, reducir los gastos del gobierno o, por medio de la inflación, con otro tipo de impuesto. Si se quiere reducir en serio la inflación permanente debe reforzarse la disciplina fiscal, y el gobierno comprometerse a generar mayores superávits públicos primarios. A lo largo de 1996, los precios del petróleo superiores a los anticipados contribuyeron significativamente al equilibrio fiscal; es probable que este precio se mantenga relativamente alto el próximo año. Sin embargo, sería un grave error hacer descansar el equilibrio fiscal en esta variable. El gobierno así lo reconoce cuando proyecta muy conservadoramente un precio del petróleo de 14.50 dólares en el presupuesto de 1997.

¿Interviene o no interviene el Banco de México en el mercado cambiario? ¿Determina el Banco de México el tipo de cambio? Sin lugar a dudas el Banco de México afecta a través de su política monetaria el tipo de cambio nominal, ya que este último no es más que el precio relativo del peso respecto a una moneda extranjera. Si bien el tipo de cambio es determinado en cada instante por la oferta y la demanda del mismo, el Banco de México posee por ley el monopolio de emisión de pesos. Así que por medio de intervenciones no esterilizadas, que son aquellas que cambian la oferta de pesos, el Banco Central ejerce influencia sobre el tipo de cambio nominal.

Otra forma de intervención son las llamadas intervenciones esterilizadas, en las que el Banco Central compra o vende divisas, fundamentalmente dólares, sin afectar la oferta monetaria. A este tipo de intervenciones se refiere BANXICO cuando declara no haber intervenido a lo largo de 1996 en el mercado cambiario. Se ha demostrado que este tipo de intervenciones sólo tiene efectos pequeños y transitorios sobre la paridad.

El Banco de México puede y debe acudir a este tipo de intervenciones única y exclusivamente en medio de episodios de incertidumbre, especulación y de volatilidad injustificada en el tipo de cambio. Sin embargo, para que estas intervenciones puedan tener una mayor probabilidad de éxito se requiere de reservas internacionales cuantiosas, de las que en este momento se carecen. Por esto creo que sería apropiado que BANXICO anunciara metas importantes de acumulación de reservas internacionales netas para el próximo año.

El tipo de cambio real, a diferencia del tipo de cambio nominal, es determinado por fuerzas fundamentales del mercado que el Banco Central no debe y no puede afectar por mucho tiempo.

La economía mexicana adolece de un problema estructural de bajo crecimiento. Según mis cálculos, la tasa de crecimiento sostenible del país es de aproximadamente sólo 3.3%. La meta del gobierno es un ritmo de crecimiento de 6 por ciento.

La meta de crecimiento para 1997 es de al menos 4%. Dado que la economía se halla en estos momentos en franco proceso de recuperación, esta meta resulta conservadora y muy probablemente será superada. Sin embargo, a menos de que la reforma estructural comience a dar resultados, la economía perderá fuerza a fines de ese año.

La mecánica del crecimiento económico es sencilla:

Crecimiento económico = Productividad x Acumulación de capital.

Sin embargo, no pueden establecerse relaciones de causalidad entre estas variables, ya que ellas son determinadas simultáneamente por un conjunto de parámetros y factores que sólo conocemos imperfectamente. La investigación académica nos señala un conjunto de factores al respecto. La inversión en educación, menos y mejores impuestos, la intermediación financiera eficiente, la independencia efectiva del Banco Central, mejoras en la infraestructura pública, la estabilidad política, los mercados libres, el libre comercio, son factores que apoyan y acompañan al crecimiento económico.

El único programa de largo plazo en que se contempla un progreso importante el próximo año es en la reforma al sistema de pensiones. Esta iniciativa, no obstante sus limitaciones, contribuirá a elevar las tasas de ahorro interno y por tanto la acumulación de capital. Por desgracia, su instrumentación se ha postergado seis meses.

Quedan pendientes importantes reformas estructurales. No se hacen explícitos los alcances y criterios a seguir en materia de privatizaciones. Falta una revisión a fondo de la Ley Federal del Trabajo. Hace falta también una iniciativa de reforma de la estructura y de las tasas de impuestos. Se requiere de una nueva normatividad en la regulación de las instituciones financieras, particularmente de la banca. Y finalmente una ejecución mucho más estricta y efectiva de la Ley de competencia económica.

En resumen, mientras no se profundice en los programas de cambio estructural el país no podrá garantizar tasas de crecimiento económico sostenibles de 6 por ciento.