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Quinteto Buenos Aires: Symphonic Tango.

The Royal Philarmonic. Ettore Stratta, conductor

Más de 100 años de idiosincracia rioplatense han corroborado que puede “vivirse en tango”; un modus vivendi permeado a través de la música, la literatura y la visceral geometría de su baile. Para contribuir a la apetencia insaciable de novedades del género, el sello TELDEC ha puesto a disposición de conocedores y de profanos, una grabación que contemporarizará con los establecidos gustos de los primeros, a la vez que sorprenderá la virgen curiosidad de estos últimos.

En una suerte de antología, se incluyen 12 selecciones susceptibles de inscribirse en tres rubros: a) tangos muy conocidos; b) menos conocidos o difundidos, y c) desconocidos (por lo menos para los aficionados de estas latitudes del continente). En el primero aparecen “Caminito” de Juan de Dios Filiberto‑Coria Peñaloza; “El Choclo” de Villoldo Discépolo; “El día que me quieras” de Gardel‑Lepera; “La cumparsita” de Rodríguez-Contursi; “Cafetín de Buenos Aires” y “Uno”, ambos de Discépolo‑Mores. Del segundo son “Adiós Nonino” y “Oblivión” de Astor Piazzolla; “Inspiración” de Paulos‑Rubinstein y “Fuimos” de Dames‑Manzi. “Astoreando” de Stratta‑Calandrelli y “Milonga en el viento” de Pablo Ziegler, pianista del Quinteto Buenos Aires, se ubican en el tercero.

La secuencia de los temas se presenta en una alternancia cronológica (aunque no siempre rigurosa). Muestra de ello es la sucesión de “Caminito” después de “Adiós Nonino”; “Milonga del viento” como puente entre “La cumparsita” y “Cafetín de Buenos Aires”, etcétera. Los dos temas novedosos: “Astoreando” y “Milonga en el tiempo”, homenajean al hoy muy añorado iconoclasta del género, sobre todo el primero, con una epigonizada alusión a su famoso fugato contrapunteado entre los solistas del conjunto. La invocación casi plañidera de “Milonga en el viento” de Ziegler, al igual que “Oblivión” de Piazzolla, incrustan en el alma las palabras de un poeta del sur: “Hoy siento la tristeza de ser tango / como si estar ya muerto no bastara”.

El desempeño inmejorable de Leopoldo Federico en bandoneón; Antonio Agri, violín; Pablo Ziegler y Osvaldo Berlingeri en el piano, y Héctor Console, bajo, además de los “epicúreos” arreglos y orquestaciones de Jorge Calandrelli y la conducción del italiano Ettore Stratta, acercan la polarizada distancia original entre el arrabal y “la academia”, derribando la opinión equívoca de que el tango tamizado a través de una orquesta sinfónica es un híbrido aletargado y aséptico.