Color y género

En Atenea negra (1987), Martin Bernal se refiere a la teoría racial del siglo XIX de Gobineau, quien equiparó lo masculino con lo blanco y lo femenino con lo negro, juicio que, curiosamente, contraviene las tradiciones pictóricas grecolatinas y egipcias, que establecieron que el tono claro de la piel era el atributo más apreciado respecto a las mujeres. La historia del arte de inspiración feminista encontraría abundante materia de reflexión en la historia del color, pues en una fase del debate posrenacentista sobre el valor del disegno y el colore —si bien ambos fueron caracterizados, en tanto atributos de la pictura, como femeninos— el color fue comparado con una alcahueta cuyos ardides y halagos se orientaban a seducir a los espectadores para que sostuvieran comercio con su hermano: el dibujo. En el siglo XIX, el teórico francés Charles Blanc afirmó categóricamente que “el dibujo es el lado masculino del arte y el color, su lado femenino”, razón por la que el color sólo podía tener una importancia secundaria. Cuando, alrededor de 1940, Matisse confesó a un amigo que pensaba lo contrario, a saber, que el dibujo, labor más difícil, era femenino, no hacía sino inscribirse en la tradición de calificar sexualmente aquel par de opuestos. Las polaridades que desde el siglo XVIII adoptaron gradualmente los sistemas de color utilizados por los pintores se han prestado también a la calificación sexual: alrededor de 1909, el pintor y teórico romántico alemán Philipp Otto Runge ideó un círculo cromático que expresaba valores ideales y reales, donde el polo cálido del amarillo y el anaranjado representaba la “pasión masculina” y el polo frío compuesto por el azul y el violeta representaba lo femenino. Cuando los expresionistas neorrománticos de Múnich retomaron este esquema, casi un siglo después, los valores se invirtieron, de tal suerte que, para Franz Marc, el azul pasó a representar el principio masculino y el amarillo el femenino, “delicado, alegre y sensual”.

Fuente: John Gage, Color y significado. Arte, ciencia y simbología. Traducción de David Horacio Colmenares. Acantilado, Barcelona, 2023.

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Publicado en: 2024 Julio, Cabos sueltos