El mar siempre es un misterio que avasalla. El resultado de la elección de junio, para todos, no sólo para una minoría que busca su lugar entre las olas, también para quienes ganaron con legitimidad y son buenas personas, resultó avasallador. Nos tocará a todos entender la magnitud de ese mar. Les tocará, a quienes gobiernen, manejarlo. Porque el país oscuro, bronco y al borde de la quiebra estará a su cargo tras un mandato excepcional. Tendrán que enfrentar ese océano.
Otros nos hemos dado quehaceres menos arduos a los que acudir y con los que acompañar y acompañarnos. Como ha llegado julio, y las vacaciones de los niños, quiero evocar mis refugios, invitarlos a buscar los suyos.
¿Quién no tiene una playa inolvidable? Un mar al que acudir, metido en un pliegue entre la memoria y la fuerza de nuestra índole.
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