Meditaciones fugaces

“El desarrollo de la conciencia en los seres humanos está inseparablemente relacionado con el uso de la metáfora”, escribió Iris Murdoch en su libro acerca de la soberanía del bien. La metáfora nos permite ampliar de manera infinita las habitaciones de una casa diminuta hasta transformarla en el mundo en que vivimos. No existen malas metáforas; acaso sólo son relaciones débiles, hilos endebles. Me he acostumbrado a concebir la filosofía, la novela, el libro o el arte como un conjunto de metáforas, algunas más fuertes, otras menos. Murdoch, como saben, no cree que la ética trate sobre el análisis de la mediocre conducta corriente, sino que tendría que ser una hipótesis acerca de la buena conducta y cómo debe alcanzarse. Yo creo que es una postura razonable, y si —aludiendo a la filósofa Victoria Camps— relaciono toda política con la ética confirmo todavía más las razones de Murdoch.

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