Derrumbar mundos es necesario. En la actualidad es menester no sólo derrumbar sino sepultar. Demasiada basura y sinsentidos soporta la Tierra. Barrer esa inmundicia es necesario. A pesar de incontables y valiosas voces a favor de la cordura y en contra de la estupidez, la bazofia, tanto humana como la producida por nuestra especie, sigue acumulándose. Demoler muros y edificar nuevos mundos es imperativo. Mundos diferentes contra el Poder, mundos en busca de Pasolini, quien gustaba de escribir “Poder” con mayúscula. La historia se repite: (casi) siempre pierde la ética. Triunfa la suma de políticos cancerosos —¿99 %?—, empresarios desalmados —no todos— y fanáticos religiosos —todos—.
Dado el desplome del mundo y el fracaso de los ejes rectores viejos y presentes —i. e., política, economía, educación y religión—, es menester, una vez más, recargarse en la ética, en la ética universal laica, disciplina que engloba y no excluye.
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