Es el año 2056. Robots con inteligencia artificial desempeñan todos los oficios y profesiones, con excepción de la de peluquero. A cada familia humana se le ha asignado un robot que, con su trabajo, sostiene la economía del hogar. Cada cierto tiempo, sin aviso y sin que nadie sepa la razón, algunos robots se desquician y matan a los humanos con quienes coexisten bajo el mismo techo. Hay marchas humanas de protesta contra la violencia. A una de ellas se cuela un robot con un letrero que dice: “Derechos humanos ¡YA!”. Su respuesta a qué es lo que hace un robot en una marcha de humanos: “Sólo quería mostrar mi apoyo. […] creo que es genial lo que están haciendo”.
Esta descripción proviene del cómic Not All Robots, escrito por Mark Russell e ilustrado por Mike Deodato. Tanto en las viñetas como en el título se distingue que el eje de la historieta no es el riesgo de ser víctimas de violencia intrafamiliar cometida por una inteligencia artificial. Como en la mayoría de la ciencia ficción, la inteligencia artificial es más bien una valiosa metáfora para exhibir —y reflexionar sobre— diversos problemas sociopolíticos y filosóficos.
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