A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Literatura y política cultural

Rafael Pérez Gay. Escritor. Su más reciente libro es Llamadas nocturnas.

MARCOS AS A WRITER

En estas mismas páginas he escrito que la vida política y cultural mexicana perdió en los últimos años el canon, el sentido de las proporciones. Esta melancólica observación puede comprobarse cuando uno lee algunas de las opiniones de escritores y ensayistas mexicanos sobre Marcos as a writer. Hace dos semanas, los escritores Juan Bañuelos y Oscar Oliva se dieron vuelo cometiendo varias declaraciones a la revista Proceso. Estos manifiestos encapsulados son, precisamente, una forma de perder el canon, el centro literario. Juan Bañuelos, por ejemplo, no se anda con pequeñeces:

Su estilo [el de Marcos] es antisolemne, como gran lector de Shakespeare, y es un gran conocedor de Baudelaire, Cortázar, Borges y, sobre todo, del Popol Vuh, del pensamiento tojolabal, que lo sabe aplicar bastante bien, sobre todo con esa famosa frase de mandar obedeciendo. Gracias a esta función del escritor lúcido y con sus conocimientos de estratega militar, la sociedad civil respondió al ejercicio cívico de consulta autónoma a la que convocó el EZLN a través de Marcos.

Prozac para todos

Después de frotarme los ojos corrí al botiquín por un Prozac. Ya bajo los efectos del clorhidrato de fluoxetina, instalado en la serenidad, reconozco que Bañuelos ha sido injusto con el «Estratega Militar» y merece un correctivo político por omitir a otros autores que Marcos conoce, par coeur: Homero, Virgilio y Ovidio.

Admirables de brevedad, estas declaraciones digamos catedralicias no se quedaron en el pequeño ámbito de la literatura universal de todos los tiempos y entonces Bañuelos se refirió al «espíritu cívico de Martí, que tuvo que combinar la literatura con lo militar»:

Yo creo que es el héroe que más se acerca a Marcos y que tal vez inconscientemente lo toma como modelo, lo que es una gran lección para tantos intelectuales desbalagados que habemos en este continente.

Aquí sufrí un severo golpe psíquico porque imaginé, acaso inconscientemente, las calles de las grandes ciudades repletas de intelectuales y escritores entristecidos recibiendo lecciones para no perderse en la vastedad del Continente. En lo personal, yo no quisiera desbalagarme. Eso de desbalagarse está muy mal.

Las mujeres y los niños primero

Seguí leyendo, no sin perplejidad y descifré, como quisiera uno de los escritores que dice Bañuelos que Marcos conoce, sin encanto, esta declaración del escritor Oscar Oliva:

Con su lucha, esfuerzo y vitalidad, Marcos está escribiendo y actuando la gran novela mexicana que ya necesitábamos en México. (…) Me da la impresión de que está reescribiendo El Quijote, sin que quiera, de ninguna manera, rivalizar con Don Miguel de Cervantes Saavedra, porque eso sí sería una verdadera locura. (…) Creo que Marcos, a través de todos sus comunicados y cartas, está escribiendo una gran obra literaria y retoma un poco las estructuras del libro de Cervantes. (…) Sin embargo, no hay que ver sus documentos, sus cartas, de una manera aislada, sino de una forma integral. Toda esa técnica que utilizó Cervantes para escribir El Quijote, el subcomandante, escritor y poeta Marcos la ha aprendido.

Primero que nada me tomé otro Prozac (dicen que no hace daño). Luego vi a nuestros novelistas mayores, a Carlos Fuentes, a Fernando del Paso, a Sergio Pitol, entre otros, desplomarse fulminados por la novela que «escribe» Marcos y que México ya necesitaba, las otras nadie las necesitaba. Después vi a Marcos convertido en Pierre Menard reescribiendo El Quijote y, al final, no pude dejar de advertir que para Oscar Oliva, Cervantes escribió El Quijote con «toda esa técnica hecha de cartas y documentos». Creo que Oliva leyó, en efecto, El Quijote de Marcos, no el de Cervantes. Me quedé perdido en medio de este enérgico entusiasmo de Oliva hasta que descubrí una salida:

Bueno, voy a confesar que, además de saber poco de poesía, sé menos de política y de estrategia militar, pero creo que el Marcos político no se puede separar de ninguna manera del Marcos poeta y visionario.

Puestos a confesar yo también quiero hacer una confesión: los laberintos verbales de Juan Bañuelos y Oscar Oliva me parecen unos trozos inmejorables de humor involuntario. Prometo no reincidir. El Prozac no hará daño pero está carísimo.