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En los últimos mundiales de futbol hemos visto cosas francamente anticlimáticas, debidas a los juegos cerrados, al empatismo, a las formaciones 1-9-1, a los cerrojos universales y otros mecanismos de defensa. La FIFA ha tratado de abrir el futbol, puesto que el espectáculo se le puede ir de las manos, y se le ha ocurrido dar tres puntos, en vez de dos, al ganador del partido en la primera ronda. Esto no evitó que el mundial de Estados Unidos estuviera repleto de empates, tiempos extras, chambonadas en la serie de penalties -Baggio la vuela, como antes Platini y Sócrates- y más anticlímax. Lo increíble es que la FIFA tiene la solución frente a sus narices, pero no va por la bola. La solución es, en efecto, dar más puntos; mejor dicho: darle a cada quien los puntos que va ganando y permitirle que los conserve en las siguientes rondas eliminatorias. El mundial debe ganarlo el equipo que haga más puntos; o, al menos hasta semifinales. deben llegar los cuatro equipos que hayan hecho más puntos en el torneo. No penalties chambones, no tiempos extras con las espinilleras a media asta, no TRES PUNTOS sino dos por partido ganado y uno por partido empatado. Esto asegura que los equipos tienen que salir desde la primera ronda, y perdonen mi francés, a romperse el hocico. Cada punto que pierdas lo extrañarás después.

Veamos el próximo mundial de Francia 98. Habrá 32 equipos. Okéi. La idea es esta: todos juegan en los grupos de siempre y a la siguiente ronda pasan 16, los 16 que hayan hecho más puntos. En caso de empate en puntos, se va al gol average, de modo que cada gol que no metas te hará, también, falta después. Lo que ocurrirá seguramente es que el equipo que haya hecho seis puntos y más goles jugará contra el equipo que haya hecho tres puntos -un triunfo y una derrota, para pasar apenas- y menos goles. Entonces, este equipo 16, este equipo colero, debe salir con todo para ganarle al primero, al líder, y hacer cinco puntos para seguir en la pelea. De nada le sirve salir a la defensiva y buscar los tiempos extras y los penalties suertudos, porque no hay tales. Se acaba el partido, a cada quien sus puntos y sus goles, y se vuelve a hacer la sopa. Juega entonces el primero contra el dieciséis, el segundo contra el quince, el tercero contra el catorce, etcétera. De ésos pasan ocho, y vuelve a ordenarse la tabla según los puntos que tenga cada quien. Entonces el primero juega contra el ocho, el segundo contra el siete, el tercero contra el seis, etcétera. De ahí salen los cuatro semifinalistas. Y juega el primero contra el cuarto y el segundo contra el tercero. El que pierda, queda eliminado, aunque tenga más puntos. Pero en caso de empate, pasa el equipo que haya hecho más puntos y goles en todo el torneo. Y aquí hay más zanahoria para ponerla delante de la carreta y hacer que el caballo corra: por ejemplo, es frustrante que el partido por el tercer y cuarto lugar sea, en vez de otra final, un juego para el olvido. Puede ocurrir que a la final lleguen equipos que han hecho menos puntos que los equipos que disputan el tercer y cuarto lugar. Se puede ofrecer, así, que el equipo que tenga garantizado el pase gratis -junto con el local- a la próxima copa del mundo sea el que haya hecho más puntos, sin importar quién sea el campeón. El sábado previo a la final, el partido por el tercer y cuarto lugar equivaldría a la disputa, entonces, por el pase al próximo mundial sin tener que eliminarse.

Por puntos, se premiarían la constancia y el juego abierto; de otro modo, la FIFA fifará cada vez menos en materia de espectáculo, y no bastará que a sus directivos se les ocurra, algún día, hacer porterías dos metros más grandes para ver si así caen más goles.

-Johannes Burgos