A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

La consulta nacional del EZLN

Arturo Anguiano. Politólgo. Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana.

El EZLN, dice el autor de este artículo, «debe de responder a los cientos de miles de mexicanos y ciudadanos de otros países que le proponen transformarse en una fuerza política nacional y dar nuevos pasos hacia una paz con dignidad».

La Consulta Nacional por la Paz y la Democracia realizada por Alianza Cívica el pasado 27 de agosto a pedido del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), ha levantado al menos una septembrina racha de viento fresco por los rumbos nublados de San Andrés Larráinzar, Chiapas, sede permanente del sinuoso diálogo entre esa organización político-militar y el gobierno del presidente Ernesto Zedillo.

1. UN DIÁLOGO DE SORDOS

De hecho, veinte meses después del estallido de la insurrección zapatista del 1 de enero de 1994, en el sureste mexicano no dejaban de atascarse las negociaciones de paz, al tiempo que progresaban inquietantemente todos los signos de una guerra de baja intensidad. A partir del 9 de febrero de 1995, luego de un viraje político del presidente Zedillo (quien había insistido de manera reiterada en su disposición por encontrar una salida pacífica al conflicto) el ejército ocupó masivamente todos los territorios zapatistas, empujó al éxodo a las poblaciones indígenas y acorraló a los dirigentes del EZLN en lo profundo de la selva. El sitio militar no dejó de estrecharse y se reforzó con el cerco político y una guerra de propaganda rigurosamente orquestada en los medios, sobre todo electrónicos, con el fin de minimizar el alcance del conflicto y del EZLN.

El 9 de febrero trajo como secuela el relanzamiento de movilizaciones ciudadanas a favor de la salida negociada y el rechazo a las acciones militares por parte de una opinión pública sumida en el desconcierto y la inquietud. Se desembocó así en la reanudación del diálogo en San Miguel, el 10 de abril, donde el gobierno y el EZLN acordaron abrir las rondas de conversaciones de San Andrés Larráinzar. Pero éstas no han dejado de efectuarse siempre a la orilla del precipicio, con roces y disputas que más que resultados palpables suscitaron el desaliento de la sociedad y el desgaste de las partes, invocando de esta forma a la persistente pesadilla de la guerra, la devastación y la incertidumbre. Como hasta antes del 9 de febrero, volvieron a repetirse las declaraciones presidenciales a favor de una paz con dignidad y justicia que superara el «rezago ancestral» prevaleciente en Chiapas,(1) que no obstante se contradecían con los hechos cotidianos de una guerra contrainsurgente.

(1) Véase por ejemplo el discurso de Ernesto Zedillo ante organizaciones indígenas y campesinas en Huixtla, Chiapas, a Jornada, 6 de junio 1995 y su Primer informe de Gobierno, La Jornada, suplemento, 2 de septiembre 1995, p. VII.

En Larráinzar se sucedieron reuniones meticulosamente planeadas y organizadas sin que se pudieran acordar siquiera las medidas protocolarias, ya no digamos los principios de la distensión, sobre los cuales andar hacia el planteamiento y resolución de los problemas de fondo que causaron la rebelión. Como parte de la ofensiva gubernamental, se responsabilizó a la delegación zapatista de obstaculizar las negociaciones para ganar tiempo, se insinuó al EZLN que si no devenía organización legal no encontraría solución a sus demandas o que éstas (descuidadas en aras de intereses políticos nacionales) podrían ser atendidas con premura por el Estado sin tomado en cuenta. Asimismo, cada vez con mayor insistencia, se arguyó que el de Chiapas había dejado de ser un problema militar, dado el arrinconamiento y poca capacidad de fuego (al parecer antes sobrestimada) del EZLN, lo que sin embargo no contuvo la expansión de la más grande máquina de guerra jamás utilizada en territorio nacional contra los propios mexicanos.

Pero si el conflicto chiapaneco cobró relevancia nacional e internacional precisamente por representar una rebelión armada indígena, el cerco político-militar, social e informativo impuesto por el gobierno, en medio de una desmesurada acción contrainsurgente del ejército, del desprestigio tramado contra el EZLN y el menosprecio de su capacidad militar, aunados a la siempre intermitente recaída en la desmovilización de la sociedad, podían anunciar preparativos para una salida violenta enmascarada de «acción quirúrgica» contra la dirección zapatista, supuestamente reacia a toda solución pacífica.

2. ROMPIENDO EL CERCO

En esas condiciones, ante el palmario empantanamiento del diálogo, justo en medio del tercer encuentro de San Andrés Larráinzar, el 7 de junio, el EZLN retomó la iniciativa, rompiendo de nuevo el multiforme cerco gubernamental. Convocó, por medio de un comunicado del subcomandante Marcos, a una «gran consulta nacional» con el fin de atraer la atención de la sociedad y estimular de nuevo su participación, trasladando hacia ésta una parte del diálogo fallido de San Andrés, que parecía condenar a los zapatistas al desgaste y al aislamiento crecientes, al repliegue y el abandono. Más todavía, llamó a que en todo el territorio nacional -e incluso en los países donde se ha desarrollado un movimiento solidario-, opine el mayor número posible de personas, independientemente de la clase a la que pertenezcan, no solamente sobre sus reivindicaciones y políticas, sino incluso en tanto a la manera de «orientar (…) nuestro camino», de delinear su destino.(2)

(2) Comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del EZLN (junio 1995), La Jornada, 8 de junio 1995. También se puede ver «Aclara Marcos que la consulta no es un llamado a la guerra», Comunicado del CCRI-CG del EZLN (20 de junio 1995), La Jornada, 25 de junio 1995, y en el mismo diario de fecha 9 de agosto: «Decidirá la consulta parte de nuestro destino: Marcos».

En realidad, desde su aparición espectacular en aquella madrugada del año nuevo, el EZLN se convirtió en un factor decisivo para la recomposición y aliento de las movilizaciones político-sociales, en tomo a la solución pacífica del conflicto chiapaneco, pero cada vez más también en oposición al llamado régimen de partido de estado y en general a favor de la lucha democrática. Su originalidad y frescura políticas, su discurso imaginativo combinando las tradiciones comunitarias indígenas con la reivindicación sin pena de la izquierda, se sobrepuso en la práctica a su carácter político-militar. Sin volver a disparar un tiro (luego de la tregua del 12 de enero de 1994) y si innumerables comunicados, gestos, actitudes, prácticas e iniciativas políticas, el EZLN se convirtió en poco tiempo en el vertebrador de las oposiciones políticas y sociales democráticas (y no tanto) de izquierda, desplazando de más en más a un PRD (Partido de la Revolución Democrática) que se enredó en la indefinición y el aparatismo.

Las conversaciones de la Catedral de San Cristóbal de Las Casas, la insólita gestación en la selva de la Convención Nacional Democrática (CND), la promoción de la lucha electoral y la contención de ultras y abstencionistas, en fin, el intento de dar vida a un frente amplio opositor bajo la forma de un Movimiento de Liberación Nacional (MLN), fueron iniciativas y acciones que buscaron mantener y reavivar un movimiento que parece no puede levantar el vuelo (o «levar anclas», para recoger la imagen del navío, cara al subcomandante Marcos) y recae intermitentemente en el desconcierto, el sopor, la desorganización y la parálisis. Lastrado, por cierto, por los vicios y traumas de una vieja izquierda vieja que no ha logrado superar su crisis de identidad.

La Consulta Nacional por la Paz y la Democracia fue concebida por el EZLN precisamente en el mismo sentido, como una forma de motivar la movilización y la organización de la sociedad, en torno a Chiapas y los indígenas zapatistas, por supuesto, amenazados de nuevo por la soledad y la guerra, pero también primordialmente de cara al futuro y al país entero. Como las otras iniciativas y acciones, se trata de que la movilización de la sociedad respalde al EZLN y le dé una cobertura frente al Estado y su ejército, de manera que se presione hacia una salida negociada, hacia una paz efectivamente con justicia y dignidad. Esa ha sido la gran fuerza que ha permitido al EZLN desbaratar todas las ofensivas militares del régimen y restringir, acotar hasta cierto punto, los planes contrainsurgentes, esto es, la guerra de baja intensidad.

Pero si bien podrían entenderse las iniciativas movilizadoras del EZLN como medidas de autodefensa, de sobrevivencia, lo son sobre todo en su significación más profunda, como medios de proyectar nacionalmente la opción y la perspectiva regionales que le dieron vida. Contra muchos de sus críticos que lo censuran por abandonar de hecho las reivindicaciones regionales, fundamentalmente indígenas, el EZLN insiste en que no puede haber una solución de fondo de la problemática chiapaneca, material y político-social, si no se engarza con la perspectiva nacional, que es necesariamente política.

Por esto, en respuesta incluso al gobierno federal que no ha dejado de intentar reducir el conflicto a sus dimensiones locales, tratando de secuestrarle a los zapatistas toda posibilidad de intervención en las cuestiones nacionales, el EZLN formuló para la consulta nacional puras preguntas de alcance nacional, dirigidas a proveer de legitimidad nacional tanto a sus demandas (que los organizadores de la consulta llevaron de 13 a 16), como a sus propuestas político-organizativas (frente opositor, reforma política), incluyendo la posible transformación del propio EZLN en una fuerza política nacional.

3. CONSULTA NACIONAL, FINES NACIONALES

El EZLN propuso a Alianza Cívica (AC) y a la CND organizar y promover respectivamente la consulta nacional. En unas cuantas semanas, promovieron la consulta en 80 países (recabando hasta el momento información en 20 de ellos: 60 mil participaciones), imprimieron 5 millones de volantes, más de 400 mil carteles y numerosas inserciones en periódicos. Instalaron al final 9 mil 815 mesas en todos los estados de la república, realizaron consultas en 1,858 comunidades indígenas, pusieron en funcionamiento alrededor de 700 centros telefónicos, 40 centros de cómputo estatales y regionales y un centro de cómputo nacional, se involucraron activamente más de 40 mil promotores y gastaron más de 4 millones de nuevos pesos, cubiertos de manera individual o por las organizaciones participantes.

Participaron en la Consulta Nacional por la Paz y la Democracia 1,088,815 personas, quienes manifestaron su respuesta libre a las seis preguntas formuladas por el EZLN.(3)

El alcance y sentido de la consulta nacional han sido ya interpretados de múltiples y divergentes maneras, leyendo cada quien en ellos lo que quiere, concediéndole mucha o nula importancia. No es mi intención intervenir en ello.(4) Pero un millón de gente es mucha gente, más en un país sin verdaderas tradiciones de organización y movilización autónomas, en extremo despolitizado por la labor de decenios de un régimen que usurpó la ciudadanía. Los obstáculos de promoción y difusión fueron colosales si se consideran las raquíticas fuerzas y recursos independientes de que se partió y el bloqueo oficial y oficioso de la mayoría de los medios, fundamentalmente los electrónicos.

En cuanto al contenido de las respuestas, parece evidente que el EZLN vio favorecido su propósito de legitimar social y nacionalmente sus demandas, con porcentajes favorables de entre el 97.5 y el 93.1% (preguntas 1, 3 y 6). La propuesta de organizar un frente de oposición con distintas fuerzas obtuvo 92.7% de aceptación. La cuestión que pareció más relevante, relacionada con el futuro político del EZLN se planteó confusamente, tal vez en forma deliberada, y no consiguió respuestas tan contundentes como las demás: sólo el 52.6% de los participantes aceptaron que el EZLN se transforme en una fuerza política autónoma, mientras el 48.7% quiere que lo sea acompañado de otras organizaciones.

Esta última cuestión hizo la una de los periódicos, interpretada de manera general como el mandato de la población participante en la consulta nacional para que el EZLN abandone las armas y se convierta en una organización política abierta, civil, sin enmascaramiento. En verdad, parece ineludible para el EZLN responder a las expectativas creadas por la Consulta Nacional por la Paz y la Democracia. Si ha de devenir una fuerza política nacional, desprendiéndose de su carácter político-militar, de hecho sería acompañado -como lo es hasta la fecha, por ejemplo a través de la CND por otras organizaciones, corrientes, grupos y tendencias políticas de rasgos diversos. El transcrecimiento del EZLN podría desencadenar un amplio proceso de recomposición y reorganización del universo de la izquierda, con no pocas rupturas y reagrupamientos. Ni el EZLN ni nadie seguiría siendo lo mismo, a riesgo de dar solamente un salto en el vacío. Sería quimérico avizorar desde ahora los plazos y ritmos, o las modalidades de este proceso,(5) estrechamente ligado a la suerte del conflicto chiapaneco. Menos aún asegurar su viabilidad, pero es una posibilidad objetiva.

(3) Información de diversos periódicos nacionales, principalmente La Jornada, 27 y 31 de agosto, 5 de septiembre 1995. Las larguísimas preguntas son: «1. ¿Estás de acuerdo en que las principales demandas del pueblo de México son: tierra, vivienda, trabajo, alimentación, salud, educación, cultura, información, independencia, democracia, libertad, justicia, paz, seguridad, combate a la corrupción, defensa del medio ambiente? 2. ¿Deben las distintas fuerzas democratizadoras unirse en un amplio frente ciudadano, social y político de oposición y luchar por estas 16 demandas principales? 3. ¿Los mexicanos debemos hacer una reforma política profunda que garantice la democracia? (…) 4. ¿Debe el EZLN convertirse en una fuerza política, independiente y nueva, sin unirse a otras organizaciones? 5. ¿Debe el EZLN unirse a otras organizaciones y, juntos formar una nueva organización política? 6. ¿Debe garantizarse la presencia y participación equitativa de las mujeres en todos los puestos de representación y responsabilidad en los organismos civiles y en el gobierno?».

(4) Para los argumentos de los organizadores se pueden leer en La Jornada: Sergio Aguayo Quezada, «La consulta, ¿éxito o fracaso?» (30 de agosto) y Octavio Rodríguez Araujo, «Interpretación de la consulta» (31 de agosto 1995).

(5) Según Marcos se trataría probablemente de «un gran movimiento social, sin dirección orgánica, sobre demandas muy específicas, sencillas, con formas de lucha creativas, en gran parte como respuesta, como rechazo a las formas tradicionales de hacer política de derecha o de izquierda» (Entrevista de Carmen Lira con el subcomandante Marcos, La Jornada, 25, 26 y 27 de agosto 1995).

4. ¿HACIA UNA NUEVA PERSPECTIVA?

Curiosamente la Consulta por la paz no planteó ninguna cuestión relacionada con la solución de la guerra latente en el sureste, ni con los problemas particulares que desataron la rebelión de los indios en Chiapas. Esto ha sido duramente criticado al EZLN (y no sólo por partidarios del Estado), a quien se reprocha abandonar la dimensión regional / local, incluso étnica, del conflicto, que fue precisamente la que le imprimió originalidad y proyección inusitada.

Es que los zapatistas parecen convencidos de la necesidad vital de ligar lo regional / local con lo nacional, como única vía de impedir el aislamiento, de romper el cerco que se estrecha y que los condenaría de nuevo al silencio, a la resistencia callada, pero también a la opresión y el arbitrio despiadado (a la venganza) de caciques, finqueros y ganaderos. Las causas profundas de la rebelión en Chiapas(6) no podrán superarse si no se trastoca radicalmente la situación material, social y política prevaleciente.

(6) Y véase el magistral ensayo de Pablo González Casanova, «Causas de la rebelión en Chiapas», Perfil de La Jornada, 5 de septiembre 1995.

Las demandas zapatistas apenas podrían alcanzar algunas soluciones fragmentarias y temporales si marcha mejor el diálogo de San Andrés Larráinzar. Al parecer, como apunté al inicio, el rompimiento del cerco por la consulta nacional ha renovado el aire en San Andrés y en Los Pinos y en la sexta ronda de conversaciones (iniciadas el 5 de septiembre) se aceptó invitar al EZLN al llamado diálogo nacional para la reforma del Estado, a insistencia de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa). Pronto comenzarán a discutirse los problemas específicos en mesas de trabajo. El EZLN, pues, volvió a recuperar la iniciativa, logrando que nuevamente el viento comience a cambiar de aire. Ahora debe responder a los cientos de miles de mexicanos y ciudadanos de otros países que le proponen transformarse en una fuerza política nacional y dar nuevos pasos hacia una paz con dignidad, que les permita pugnar por otros medios por un régimen democrático, justo e igualitario.