En la colección de la Mapoteca Orozco y Berra aparece, casi de forma aleatoria, una hoja de papel con la litografía del plano de una colonia llamada Eureka. Su ficha de captura nos dice que es del estado de Veracruz y —erróneamente— que es del siglo XX. El documento muestra un proyecto de urbanización de 62 manzanas, cada una dividida en ocho lotes iguales; cuenta con cuatro grandes bulevares y quince calles; así como cuatro plazas: en una están los mercados y en otra, la plaza central. Aunque el diseño presenta la convencional cuadrícula urbana, intenta proponer una distribución un poco más interesante: en vez de contar con dos ejes de simetría, sólo tiene uno vertical. Es decir: su plaza central —llamada Plaza del Sol— no está exactamente centrada, sino desplazada una manzana hacia el oeste; y las dos grandes avenidas que atraviesan todo el proyecto tampoco se entrecruzan al centro, sino en una manzana hacia el este. En la misma mapoteca hay otros planos similares de esa época, pero menos detallados y sofisticados. Son otras “colonias-modelo”, pero Eureka es muy especial: sobre todo si se pone atención a los nombres propuestos para sus elementos urbanos.
La nomenclatura de esta colonia, como es habitual en casi cualquier otra, revela un plan, una ideología; delata las intenciones, compromisos, créditos y vanidades de quienes moldean el espacio. Entre las calles de Eureka encontramos, en un primer nivel, los referentes geográficos: el Paseo del Norte y el del Sur, así como la calle del Muelle y la del Estero. Con esto podemos descifrar un poco más del entorno ambiental para el que fue pensado este proyecto. Luego pasamos revista a la vocación económica de la colonia: la plaza de los Arrieros y la de los Vaqueros, junto con una calle de Comercio. Parece, pues, que no se trataría de un espacio industrial. En el siguiente nivel se toma prestado el nombre a otros topónimos: las calles llamadas México, Veracruz y Tampico. ¿Por qué estos nombres y no otros? ¿Se buscaría indicar sólo tres niveles de acercamiento a la ubicación de la colonia: cerca del puerto de Tampico; en el estado de Veracruz; en la República Mexicana? Pero el último tipo de nombres del proyecto es el más revelador: aquél en el que, como es habitual desde el siglo XIX, se da crédito a un panteón de héroes y de personas ilustres. En Eureka tenemos a dos figuras relevantes de la Independencia representados en la calle Terán y en la calle Iturbide. No es casual el primero… el segundo tampoco.
La cosa se pone más interesante cuando miramos una calle llamada Alejandro Dumas. A primera vista, y de forma automática, uno podría asegurar que se trata de un homenaje al célebre autor de Los tres mosqueteros. Ya se verá por qué, pero más bien se refiere a Thomas Alexandre Dumas, su padre, destacado militar nacido en Saint-Domingue (hoy Haití), que peleó en Europa, para la bandera francesa. A las dos calles más occidentales se les nombró Victor Séjour y Lucien Lambert. El primero era un escritor nacido en Nueva Orleans pero radicado en Francia, activo en buena parte del siglo XIX. El segundo, al igual que Dumas, podría pensarse que se refiere al célebre pianista y compositor francés de finales de ese mismo siglo y buena parte del XX, pero se trata de su padre, también músico. Estos tres nombres: Dumas, Séjour y Lambert tienen varias cosas en común. Todos fueron criollos de colonias francesas americanas: el primero de Saint-Domingue y los otros dos de la Luisiana —aunque debe decirse que Séjour nació cuando el territorio recién se había incorporado a Estados Unidos—. Los tres hombres fueron afrodescendientes que marcaron algún hito en sus respectivos campos: las armas, la literatura o la música.
¿Qué hace esta mezcla de referencias a vaqueros, arrieros, generales independentistas mexicanos y celebridades créoles en un estero veracruzano? El documento me produjo la suficiente curiosidad como para querer indagar más al respecto y ¡eureka! Las pesquisas en las que hasta ahora he trabajado lo tienen todo: la fascinación por la información que se va desplegando, la intriga por la falta de ella y, sobre todo, el potencial de contar una historia aún pendiente. En este breve ensayo presento apenas unas ideas de lo que se ha convertido en un proyecto de investigación formal en el que estoy trabajando actualmente sobre la colonia Eureka.
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