Siena, Italia, verano de 2023. Me siento en las gradas de la catedral. La fachada está detrás, en frente veo Santa Maria della Scala: un hospital construido en el siglo XII y activo como estructura sanitaria desde mediados del siglo XV hasta 1995. Hoy alberga el Museo Arqueológico Nacional y es un marco espléndido para exposiciones temporales. Ahí, el 19 de septiembre de 1985, murió Ítalo Calvino (n. 1923): al día siguiente las primeras planas daban cuenta de su fallecimiento y de un terremoto que había sacudido, y quizá destruido, la Ciudad de México.
Calvino murió de un derrame cerebral. En el edificio que contemplo pasó inconsciente los últimos días de su vida. Su cerebro tuvo muchos derrames: de ideas, frases, lazos, imágenes de gracia lapidaria. Esa vez fue de sangre y la sangre no admite otra página en blanco. En su casa de Roccamare, en la Toscana, estaba trabajando en los Six Memos for the Next Millennium, las Norton Poetry Lectures que tendría que exponer en la Universidad de Harvard durante el año académico 1985-1986. Desde 1926, se habían alternado en ese foro autores como Eliot, Stravinski, Borges, Paz, Miłosz… y seguirían Eco, Steiner, Cage, Pamuk… Aquel verano, el amigo Pietro Citati, afincado en el mismo pueblo, solía visitar a Calvino y preguntarle: “¿Cómo van las lecciones americanas?”. Con el título Lezioni americane el libro salió póstumo en Italia en 1988. Ese mismo año, reseñando la publicación para Il Messaggero, Giorgio Manganelli hablaba de una Mil y unas noches crítica, de un texto literario que habla de literatura como el espejo de un espejo, el que convierte en un espejo a quien escribe: “Un espejo colocado en frente de otro espejo; en este segundo espejo se encontrará toda la lúcida inteligibilidad del primero, pero también otro juego, el enigma que responde al enigma, la descripción de la descripción”.
Las Seis propuestas para el próximo milenio (traducción de Aurora Bernárdez, Siruela, Madrid, 1989) fueron cinco: “Levedad”, “Rapidez”, “Exactitud”, “Visibilidad” y “Multiplicidad”. La última versaba sobre la “Consistencia” y quedó inacabada. Entre los papeles de Calvino fue encontrado un texto concebido para inaugurar el ciclo, descartado en el proceso de la obra: “Comenzar y terminar”.
Los títulos de las conferencias remiten a valores o cualidades o especificidades vistas en la perspectiva del nuevo milenio, líneas de un mapa literario que ilumina los andamios de la tradición. Ahora, desde el siglo en curso, vale la pena recorrer una por una las propuestas y medir el tacto visionario de Calvino.
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