Inspiración
No puede ser de otro modo. Ese culto a la personalidad. Esa autosuficiencia moral. Esos épicos cantos futboleros destinados a alguien que con trabajos sabe patear un balón. El payaso Plim Plim, el protagonista de una serie de caricaturas que emboba a humanos de breve edad en casi todo el planeta, es una representación de Juan Domingo Perón. Lo supe una tarde de octubre de 2022, cuando Valeria, mi compañera, nos dejó a mi hijito y a mí frente al televisor. Luisi, que entonces tenía un año y medio, seguía fascinado con el payaso Plim Plim, cosa que no me parecía nociva, porque a fin de cuentas las canciones del payaso predicaban las ventajas de bañarse regularmente y las virtudes de compartir.
—¿Te has dado cuenta de que Plim Plim siempre está manejando? —le dije a Valeria—. Es una forma subliminal de decirnos que el payaso es el gran conductor. Así le decían a Perón.
—Estás loco.
—Lo digo en serio. ¿No has visto cómo le cantan sus amigos a Plim Plim? Olé, olé, olé, olé, Plim Plim, Plim Plim. Así le cantan a Cristina.
—Plim Plim es de Disney.
—Y si resulta que el creador es argentino, ¿qué me das?
Fue entonces que comencé mi indagatoria, empezando por donde se empieza siempre: Wikipedia. Allí descubrí que el creador de Plim Plim es, en efecto, argentino: nació en Buenos Aires en 1971 y se llama Guillermo Pino. Más adelante, cuando conversé con él, supe que su madre era abogada y su padre comerciante —primero de coches usados, luego de crucifijos—, pero ninguno de ellos peronista.
—Mi simpatía con el peronismo vino después —me dijo—. Empecé a vincularme más activamente con la política después de los 30 años. Participé en una organización, creada por Mauricio Mazzón, que se llamaba Gestar.
El Instituto Gestar es el órgano nacional de formación de cuadros políticos del Partido Justicialista, el de Néstor Kirchner y Cristina Fernández; su amigo Mauricio es hijo de Juan Carlos Mazzón, un dirigente político histórico en el peronismo. Tras estudiar publicidad en la Universidad Católica Argentina, Pino montó una agencia de “marketing político”. Después, fue secretario de Prensa de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) durante el segundo mandato de Cristina Fernández. Pino estuvo en el cargo poco más de un año y, en 2017, la Oficina Anticorrupción de su país lo denunció por su supuesta participación en un alegado desvío de recursos de la ANSES hacia medios de comunicación progobierno. La denuncia no prosperó, pero Pino, quizá por el escándalo, ha sido muy cuidadoso en distanciarse y borrar todo rastro de su paso por la política. No fue sino hasta 2020, cuando Plim Plim ya había quedado consagrado, que Pino se atrevió a compartir en Instagram la foto de un cartel que dice: No hay timbre, grite: ¡VIVA PERÓN!
¿Qué es Plim Plim? Héroe del corazón, conductor y propagandista
Las aventuras del payaso Plim Plim comenzaron a difundirse en América Latina en 2011, en Estados Unidos en 2013 y en China en 2017. Además del payaso, el elenco de la caricatura consiste en los alumnos de un jardín de niños-animales: Nesho (un elefante-niño), Mei Li (una gata-niña), Bam (un oso-niño), Acuarella (una coneja-niña) y Hoggie (un cerdo-niño), así como de la maestra Arafa (una jirafa). Plim Plim es el líder indiscutido de la pandilla, pero es también, a decir de sus creadores, “un héroe del corazón”.
Tenga por cierto, lector desocupado, que el órgano cardiaco es una de las referencias más importantes de la simbología peronista: Perón elaboró nada más y nada menos que una teoría política del corazón. El postulado central de esta concepción es que la verdadera fuente de las virtudes que pueden transformar la realidad no es el cerebro sino el corazón: el origen de “la fuerza creadora e incontenible del amor”, que sólo podríamos aquilatar, según Perón, si lográramos medir el tamaño del sacrificio que estaríamos dispuestos a sufrir por nuestra madre o nuestra patria. Para Perón, el corazón era el repositorio de una sensibilidad más allá de la razón, donde las ideas se arraigaban más fuertemente que en la cabeza. “La democracia”, escribió, “no ha de estar solamente en la boca […] es menester que esté profundamente arraigada dentro de nuestros corazones”.
Si esto no basta, cabe recordar que Plim Plim es también el conductor de un vehículo mágico: Tuni, un cochecito amarillo con ojos en lugar de faros que puede convertirse en helicóptero, lancha, autobús o submarino. Para ver que nada de esto es casual, basta con citar a Perón: “El conductor no es sólo un artista que lleva; es también un maestro que forma, que enseña, que va educando y que va conformando toda la organización”.
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