Para cada uno de nosotros la palabra testamento posee un significado distinto, pese a que la palabra no posee demasiadas interpretaciones (en el Breve diccionario etimológico Corominas, testamento se encuentra a un lado de tesoro, que yo prefiero a la burocrática latina “testis”). En mi caso creo que todo lo que me pertenece se irá conmigo en el momento en que cierre los ojos para ya no abrirlos: el polvo no es sólo una realidad también es un horizonte mental. No tiene ningún caso asignar a nadie un objeto, dinero, mis libros, mis pantalones o mi taza de café. Considerar las cosas de esta manera me proporciona una liberación extraordinaria que no habría sido posible en el caso de haber tenido hijos. Recuerdo que a la crítica de arte Raquel Tibol le preocupaba mucho a qué institución o persona habría de legarle sus libros; su enorme y culta biblioteca.
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