El supuesto derecho a la salud es una de las grandes apuestas y fracasos de la humanidad. No la mayor, pero hoy es una proclama cuasivacua para la población sin, la mitad o más de la humanidad. Hay fracasos y hay fracasos. A partir de la creación de las Naciones Unidas en 1945, el 7 de abril de 1948 se fundó la Organización Mundial de la Salud, organismo encargado de promover y cuidar la salud. Desde hace 75 años, el 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud.

Muchos años han transcurrido. Mucho se ha avanzado en los países ricos; mucho se ha prolongado la vida; mucho han disminuido los decesos infantiles, así como las muertes maternas durante el parto; muchas enfermedades infecciosas han sido controladas; muchas vacunas se han creado; muchos tumores malignos logran eliminarse; muchos fármacos han sido descubiertos; muchas personas enfermas de sida gozan de vidas normales. “Muchos muchos” son realidad en los países que se inscriben bajo el hoy confuso rubro “Occidente”. Muchos de esos muchos no son realidad en naciones pobres. Mientras que los grandes e incontables muchos sigan prevaleciendo en naciones ricas y no en la mayoría, su valor debe cuestionarse.
Los muchos previos tienen otras caras. A vuelapluma comparto tres datos. La esperanza de vida es dispar: en “muchos” países ricos sobrepasa 85 años, en “muchos” países pobres el promedio es menor a 65 años. En Occidente, cuando se practican abortos “seguros” la tasa de mortalidad es cercana a 0 %, mientras que en naciones con pocos recursos mueren anualmente aproximadamente 70 000 mujeres, la mayoría pobres, abandonadas y sin futuro. Por último, siempre es obligatorio pensar en el hambre y sus consecuencias: desnutrición, muertes prematuras, diversas enfermedades, escaso desarrollo intelectual cuando la madre se encuentra malnutrida, etcétera. Salud digna debería incluir alimentación adecuada. El panorama de la desnutrición en el mundo es desolador.
El Día Mundial de la Salud es uno más de los días dedicados por la ONU a promover la justicia social. Mientras el conocimiento —en este caso los bienes sanitarios— no se distribuya, el papel sigue siendo papel y las enfermedades y las muertes prevenibles siguen siendo enfermedades y muertes “injustas”. En 2021, de acuerdo con la ONU, 821 millones de personas padecían hambre en el mundo; debido a la pandemia de covid, en 2023 la cifra será mayor.
Comparto otros datos provenientes de la ONU: más de 5 millones de niños mueren cada año antes de cumplir 5 años; 4 de cada 5 muertes de los menores de 5 años ocurren en África subsahariana y en Asia meridional; los niños que nacen pobres tienen el doble de probabilidades de morir antes de los 5 años que los de familias ricas; la tasa de mortalidad materna en las regiones en desarrollo es catorce veces mayor que en las desarrolladas; en la mayoría de las regiones en desarrollo las adolescentes tienen más hijos que en las ricas; el sida es la principal causa de muerte en los adolescentes entre 10 y 19 años. Obviamente hay también noticias positivas, no las desprecio, pero el meollo del Día Mundial de la Salud, para quienes no militamos políticamente, es leer la cruda realidad.
Hay una serie de proclamas bondadosas en el calendario de la ONU. La bondad de las palabras nada tiene que ver con la crudeza de la realidad. Día Mundial del Refugiado, Día Mundial de los Derechos Humanos, Día Mundial de la Justicia Social, Día Mundial de la Mujer y un larguísimo etcétera. La ONU necesitaría años de mil días para invitar a la humanidad a pensar en la humanidad, y los humanos necesitamos, urgentemente, herramientas adecuadas para distribuir conocimiento.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.