El relato se desarrolla en vísperas o inmediatamente después de la caída del régimen comunista, en algún campo de deportación parecido a los de Siberia. Tras cerrarse el campo, permanecen los barracones abando-nados, que no sirven para nada. Habían sido desvalijados y se habían vendido los pocos enseres que quedaban, se arrancaron y vendieron las puertas, los cerrojos de hierro, y finalmente se vendieron a los aldeanos de los alrededores los perros guardianes de los penados.
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