Heinrich Marx estaba preocupado por el futuro de su hijo Karl. Estaba cumpliendo 18 años y pintaba para poeta. Le reconocía talento, pero no le imaginaba un gran futuro como versificador. Habrá leído posiblemente las líneas que su hijo le enviaba a su enamorada y no habrá quedado muy impresionado:
¡Mira!, un millar de volúmenes podría llenar
escribiendo solamente “Jenny” en cada línea.
Y aún ellas podrían ocultar un mundo de pensamientos,
hazaña eterna e inmutable.
Dulces versos que se anhelan dulces todavía,
todo el fulgor y todo el resplandor del éter,
angustiada pena y dolor y gozo divino,
toda la vida y todo mi conocimiento
puedo leerlo en las estrellas rutilantes
desde el Cétiro que retorna hacia mí
hasta el ser del trueno de las olas salvajes.
Sinceramente escribiría como refrán,
para ser visto en los siglos venideros
AMOR ES JENNY, JENNY ES NOMBRE DE AMOR
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