El antropólogo holandés Peter Geschiere lleva toda su carrera pensando el tema de la modernidad de la brujería, ante todo en África (aunque también en Europa). Hace unos meses estuve estudiando su gran libro Witchcraft, Intimacy, and Trust: Africa in Comparison (University of Chicago Press, 2013), como parte de un esfuerzo abocado a entender la violencia que nos asola.

Geschiere describe y explica una realidad que es, a primera vista, sorprendente: en todo lo ancho del continente africano, la brujería no ha dejado de reinventarse y no ha hecho sino aumentar como preocupación, hasta el grado de que se justifica hablar de una brujería moderna o incluso de la modernidad de la brujería.
La tesis de Geschiere es que la preocupación en torno a la brujería brota de lo que podríamos llamar la “negatividad” que existe en el interior de la familia y sus extensiones (la parentela y la comunidad), hasta el grado de que Geschiere habla de la brujería como “el lado oscuro del parentesco”. Su idea se apoya en una visión de la intimidad como una esfera conflictiva y plena de ambivalencia. En este sentido, su mirada que va a contrapelo de la ideología dominante, que representa a la familia y a la comunidad como un edén, de donde toda pulsión negativa —la envidia, el rencor, el deseo— ha sido desterrada. En lugar de esta imagen armoniosa, Geschiere apela a Freud —cuyo concepto de lo siniestro (unheimlich) se detiene precisamente en la extrañeza que nace en el interior de lo conocido y lo íntimo (del hogar, del barrio)— y apela también a la sociología del extraño de Georg Simmel, que mostró cómo la extrañeza es una propiedad fundacional de lo social. La obsesión con la brujería surge, entonces, de una desconfianza, de una ansiedad respecto de la solidaridad en lo íntimo.
La brujería, entonces, no es sino una manera de figurar una problemática universal, y su extensión en la África contemporánea es una consecuencia del cambio social en el continente: de las migraciones de las aldeas rurales a las ciudades, minas o plantaciones, o de los pueblos y ciudades africanas a Europa, por ejemplo. La modernización, la urbanización, el crecimiento demográfico han creado nuevas disparidades en el interior de las familias y comunidades.
Así, por ejemplo, en los años posteriores a la independencia de Camerún (1960), se fue creando una diferencia entre la gente que recibió alguna educación, migró a la ciudad y ocupó puestos en la burocracia de la recién nacida república y sus parientes y amigos de sus aldeas de origen. A primera vista, esta relación entre la gente urbanizada (llamada localmente “evolucionados” o évolués) y sus parientes campesinos no era sino positiva: los aldeanos se sentían orgullosos de sus parientes “evolucionados”, y los “evolucionados” hacían cuanto podían para asistir a la gente de su aldea, ayudándole con trámites o con dinero, apoyando proyectos de desarrollo en la aldea, etcétera. Pero Geschiere describe también cómo algunos “evolucionados” explicaban, ya en corto, que “[…] había que cuidarse mucho respecto de cualquier regreso a la intimidad de la aldea, pues si se acercaba uno demasiado, tarde o temprano lo enredaría la envidia de los aldeanos”.1
Una lógica parecida opera en la relación entre los migrantes africanos en Europa y los parientes que se quedaron, o entre los nuevos ricos manados de la economía neoliberal y sus parientes menos afortunados, o en el interior de las parentelas de los llamados feymen, personajes de origen humilde, a veces analfabetas, que acceden a grandes fortunas por su arrojo en las economías ilícitas. La movilidad espacial y laboral, las disparidades respecto al acceso a los recursos públicos, la riqueza y la pobreza relativas son condiciones que piden una demostración de solidaridad en el interior de la familia, pero que también dan pie a eso que Geschiere llama el “lado oscuro del parentesco”: envidias, expectativas incumplidas, rencores, pretextos, obligaciones incómodas, etcétera.
Vista así, toda aquella brujería africana empieza a parecer también bastante mexicana.
Claudio Lomnitz
Profesor de Antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de Nuestra América. Utopía y persistencia de una familia judía, La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.
1 Geschiere, P. Witchcraft, Intimacy, and Trust: Africa in Comparison, University of Chicago Press, 2013, p. 41.