Diario de guerra

Jueves 24 de febrero (día 1): el comienzo

Hoy en la mañana me desperté temprano y vi en mi celular ocho llamadas perdidas. Eran mis padres y algunos amigos. Al principio pensé que algo le había pasado a mi familia y que mis amigos estaban tratando de comunicarse conmigo porque por alguna razón mis padres los habían alertado primero. Después mi imaginación tomó otra dirección y pensé en un accidente, una situación de peligro en el centro de Kyiv, algo que alarmaría a tus amigos. Sentí una fría inquietud. Llamé a mi prima, porque su hermosa voz siempre tiene un efecto tranquilizador en mí, valiente y racional. Sólo dijo: “Kyiv ha sido bombardeada. La guerra ha estallado”.

Muchas cosas tienen un comienzo. Cuando pienso en el inicio, imagino una línea dibujada muy claramente a través de un espacio en blanco. El ojo observa la simplicidad de este rastro de movimiento que seguramente comenzará en algún punto y terminará en otro. Sin embargo, nunca he sido capaz de imaginar el comienzo de una guerra. Extraño. Cuando estalló la guerra con Rusia en 2014 me encontraba en el Dombás. Sin embargo, en ese momento entré en la guerra, entré en una zona de violencia brumosa y poco clara. Todavía recuerdo la profunda culpa que sentí por ser una invitada en una catástrofe, una invitada que tenía permitido salir cuando quisiera porque vivía en otro lugar.

La guerra ya estaba ahí: un intruso, algo extraño, ajeno y demente, que no tenía porqué suceder en ese momento y en ese lugar. En aquel entonces seguía preguntándole a la gente en el Dombás cómo pudo empezar todo esto, y siempre obtenía respuestas distintas.

Creo que el comienzo de esa guerra fue uno de los momentos más mitologizados para la gente de Kyiv, precisamente porque seguía siendo incomprensible cómo pudo suceder algo semejante. En ese momento, en 2014, en Kyiv se decía: “La gente del Dombás, esos ucranianos simpatizantes de Putin, invitaron a la guerra a nuestro país”. Y esta supuesta “invitación” ha logrado explicar durante algún tiempo cómo lo absolutamente imposible —la guerra con Rusia— finalmente se hizo posible de repente.

Un hombre carga a su hijo de camino a un refugio [fotografía de Yevgenia Belorusets]

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Publicado en: 2022 Mayo, Expediente