Reporte desde Mykolaiv

Lo que sigue es la versión sin censura de uno de los últimos partes de guerra que la periodista rusa Elena Kostyuchenko publicó en la Novaya Gazeta, quizás el último medio independiente en Rusia, antes de que las amenazas del régimen de Vladimir Putin obligaran al periódico a cerrar sus puertas. Se trata, pues, de un texto doblemente urgente: primero, porque es un relato vívido y compasivo del horror que el gobierno ruso ha desatado en Ucrania; segundo, porque es un documento de la represión a la que el mismo gobierno ha sometido a aquellos de sus ciudadanos que se atreven a disentir.  El reportaje de Kostyuchenko se publicó por primera vez el 12 de marzo. Desde entonces, Mykolaiv —un puerto sobre el mar Negro en el sudoeste de Ucrania— continúa resistiendo. La pieza periodística aparece en nexos con autorización de la autora y gracias a la generosidad de la revista estadunidense n+1. Aprovechamos esta oportunidad para expresar nuestra admiración por Kostyuchenko y sus colegas en Novaya Gazeta, a quienes ofrecemos toda nuestra solidaridad.

La ciudad de Mykolaiv se extiende a ambos lados del espejo plateado del ancho cauce del río Bug. De vez en cuando, levantan el puente que lo cruza. Cada día autobuses cargados de mujeres y niños salen de aquí con dirección a Odesa, por lo pronto un lugar más seguro. Algunos huyen más lejos: a Moldavia, a las partes de Ucrania que la guerra aún no ha alcanzado. Las afueras de la ciudad están bajo fuego de artillería. Mykolaiv ha sido rodeada. Al norte y al este, a menos de veinte kilómetros, espera el ejército ruso.

El gobernador militar Vitaly Kim se ha convertido en una estrella. Su canal de Telegram tiene 650 000 seguidores. Sus mensajes —se graba a sí mismo con la cámara de su celular— comienzan siempre con la misma consigna: “¡SOMOS UCRANIANOS!”. Kim lo dice en ucraniano, pero su idioma nativo es el ruso: el gobernador es mitad ruso, mitad coreano, un hecho que los locales han convertido en material para infinitas bromas sobre “los nazis que han tomado el poder en Ucrania’’ (la televisión rusa nunca se cansa de recordarnos a los nazis).

La ciudad ha adoptado una política de “cielo negro”. Las autoridades han prohibido encender la luz después del anochecer; si alguien desobedece, los empleados del Comité Ejecutivo de la ciudad prometen que cortaran la electricidad de todo el edificio. Salvo las tiendas de comida y las farmacias, todas las tiendas han cerrado. Las escuelas y los preescolares han estado de vacaciones desde el inicio de la guerra. La intención es evitar separar a los niños de los adultos. Muchas de las rutas de autobús han sido cerradas: el ejército tomó posesión de algunos de los autobuses y el resto ha sido destinado a las evacuaciones.

En las intersecciones se apilan llantas. Les prenderán fuego cuando los soldados rusos entren a la ciudad. En muchas de ellas es posible discernir restos de pintura: solían albergar flores. “Lo único bueno de esta guerra —dijo el alcalde— es que nos desharemos de los cisnes de hule”.

La gente hace cola ordenadamente para recibir ayuda humanitaria. Sémola, comida enlatada, mantequilla.

Ilustración: Patricio Betteo

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Publicado en: 2022 Mayo, Expediente