Someter al ciudadano

Uno de los grandes cambios, poco valorados, de la reforma de 2013 es que reconoció el derecho de los ciudadanos a generar energía, fuera para su propio consumo o para venderla. Bajo esta premisa se abrieron todas las opciones posibles para que los ciudadanos pudieran interactuar en el sector eléctrico. Ya fuera usando las redes eléctricas de la nación y pagando por ello, o participando en pequeños mercados eléctricos locales. Cada quien podría decidir de acuerdo a su conveniencia y posibilidades.

Ilustración: Víctor Solís

Si es posible y conveniente, se puede estar dentro de una red eléctrica local y utilizar la energía que genera. En otras palabras, puede instalarse una red privada, generar la energía en ella y consumirla. Si la capacidad de generación instalada es menor a 500 kW, puede hacerse sin permiso de generación. En este momento, y con las condiciones tecnológicas actuales, puede no ser financieramente viable en pequeña escala o puede ser más barato consumir energía de la red de la CFE. Pero en mediana y gran escala es perfectamente viable y puede resultar mucho más barato que comprarle a la Comisión. En gran escala también es posible comprar energía en el mercado eléctrico, mediante algún contrato de compraventa, y pagar por el uso de la red. Esto aplica para los usuarios calificados que consumen por lo menos un megawatt. En todo momento es posible generar energía propia de forma completa o parcial.

Visto desde el otro lado, es posible vender energía excedente a un vecino u otro comercializador. Si la capacidad de generación es menor a 500 kW, no se requiere permiso, pero sí es necesario si la capacidad del generador eléctrico es igual o mayor a 500 kW. Si no se usa la red de la nación y sólo se le vende o compra al vecino, las transacciones son más baratas y sencillas. Así, generar in situ o junto a grandes consumidores se vuelve atractivo. Por eso muchas industrias optaron por establecerse en sitios donde hubiera generación de energía eléctrica y compraban a menores costos.

La reforma propuesta por el presidente desaparece estas figuras para que sólo se le pueda comprar energía a la CFE. Deja el 46 % de la generación eléctrica a los privados, que a su vez tendrían que lograr un contrato con la CFE y entregarle la energía para que la venda al usuario final. Si le comprabas al vecino, con la reforma sería inconstitucional: el vecino tendría que entregarle la energía a la CFE para que te la venda a ti.

Pero por si no pasa la reforma, la Comisión Reguladora de Energía ya está trabajando para regresarle los clientes y el mercado a la CFE. O, dicho en otras palabras, la CRE —cuya misión debería ser velar por los intereses del usuario— está generando mecanismos para evitar que los consumidores podamos buscar otras opciones para comprar energía. No vaya a ser que encontremos algo mejor.

¿Cómo fue? En diciembre eliminaron el modelo de generación local. Era bajo este modelo que un privado podía generar energía en mediana y gran escala y venderla a un usuario que estuviera al lado. Ahora, la CRE dice que esto sólo puede suceder si son del mismo grupo de interés económico (misma empresa o grupo empresarial). Si no eres del mismo grupo económico, aunque tengas la central al lado y no sea necesario usar la red pública ni el mercado eléctrico, será forzoso que seas usuario calificado para comprarle energía a tu vecino. Absurdo.

El problema es que no todas las empresas pueden ser usuarios calificados. Es el caso de las empresas pequeñas que consumen cantidades menores a un megawatt. Por lo tanto, se les obliga a consumir energía en suministro básico, cuyo único suministrador es la Comisión Federal de Electricidad. Además se les obliga a conectarse a la red pública y a pagar por transmisión y distribución que no necesitarían si se conectaran con el vecino. Todo para que la CFE recupere el mercado, aunque a las empresas se les encarezca todo de manera inútil.

Algunas podrían poner paneles solares en sus techos y abastecer parte de su consumo, pero forzosamente tendrían que comprarle el resto a la CFE. O sea: están obligando a la mediana y parte de la gran industria a comprarle energía al generador más caro que existe.

Es muy probable que este cambio en la regulación sea detenido en tribunales, mientras tanto, la CRE obedece a intereses distintos a los que es su obligación atender y al hacerlo afecta la competitividad de las empresas, sobre todo las medianas y pequeñas. Al final, este cambio reglamentario, como la reforma, busca someter al ciudadano y a la actividad productiva a las ideas y voluntad del director de la CFE.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

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Publicado en: Energía