Se sabe que F. Scott Fitzgerald temía que la literatura fuera desplazada por el cine; es decir, sospechaba que, siendo escritor, sería sustituido y devorado por la industria de la imagen. Un sentimiento similar padecieron, años después, escritores como Philip Roth o Ian McEwan ante la avalancha de series de televisión que cercaron la atención de tantos posibles lectores.
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